Cuento de Aleksandr Nikoláyevich Afanásiev: El soldado y la muerte

Un soldado, después de haber cumplido su servicio durante veinticinco años, pidió ser licenciado y se fue a correr mundo.

Anduvo algún tiempo, y se encontró a un pobre que le pidió limosna. El soldado tenía sólo tres galletas y dio una al mendigo, quedándose él con dos. Siguió su camino, y a poco tropezó con otro pobre que también le pidió limosna saludándolo humildemente.
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Microrrelato de Emilio Gavilanes: sobre el abismo del mar

Siendo ya un anciano, Turgueniev recordó que de joven hizo una vez la travesía de Hamburgo a Inglaterra en un mercante en el que era el único pasajero, si exceptuamos una hembra de mono que un comerciante hamburgués le enviaba a su corresponsal en Londres. La mona iba encadenada y se pasaba el tiempo forcejeando con la cadena y gimiendo. Cuando el joven Turgueniev pasaba delante de ella, la pobre extendía hacia él su manita. Turgueniev se la tomaba y el animal dejaba de quejarse y se tranquilizaba. El mar y el viento se mantuvieron en calma durante todo el viaje y solo avanzaron porque el barco tenía un motor de vapor. A veces veían alguna foca que asomaba a la superficie y se volvía a zambullir sin conseguir remover el agua. El capitán, que constantemente escupía sobre el mar inmóvil, frustraba con monosílabos los intentos de entablar conversación del joven Turgueniev, que siempre acababa buscando la compañía de la monita. Esta le alargaba la mano y abandonaba su agitación. Se apoyaba en él y así permanecían horas, contemplando el mar. A veces Turgueniev sentía que él era la madre para aquella hembra.


Cuento incluido en Autorretrato, Punto de Vista 2015.

Leer entrevista con Emilio Gavilanes

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Cuento de Alina Gadea Valdez: La casa muerta

En ese tiempo me interesaban las casas que habían muerto porque, a diferencia de las personas, uno las podía revivir. Eso es lo que buscaba una mañana brumosa frente al mar de Miraflores. Una casa para resucitar. Una casa donde hubiera habido vida a raudales que se hubiese ido extinguiendo poco a poco hasta quedar reducida a telas de araña y a fantasmas. Más »

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Poema de Octavio Paz: Acabar con todo

Dame, llama invisible, espada fría, tu persistente cólera, para acabar con todo, oh mundo seco, oh mundo desangrado, para acabar con todo. Más »

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Pedro Sánchez podría acceder a la presidencia del gobierno y ejercer su mandato durante varios meses. Se constata, pues, que en el actual sistema político, comandado no por los votos –insuficientes– sino por los pactos, uno puede ser presidente sin más apoyos que los de la familia y los de ciertos usureros políticos. Pedro Sánchez contra todos y todos contra Pedro Sánchez. Durante las elecciones criticó duramente al PP, Podemos, Ciudadanos y al lucero del alba: ahora que peligra su puesto de trabajo y con él su ambición de poder, quiere pactar con cualquiera, menos con el partido de mayor representación en el parlamento.   Más »

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Carta a los Reyes Magos

Carta a los Reyes Magos

Cuento de Emilio Gavilanes: Carta a los Reyes

Yo no conocí a mis padres. Murieron cuando tenía dos años, en un accidente. Me crio mi abuela, que vivía con ellos. Cuando digo “mi abuela” me refiero a mi abuela materna. A los otros abuelos tampoco los conocí.

No supe el tipo de educación que me estaba dando hasta que murió y salí de aquella casa y me relacioné con otra gente, pues hasta entonces yo casi únicamente hablaba con ella. Mientras vivió, nunca salí solo a la calle. No fui al colegio. Ella me enseñó a leer y a hacer cuentas. Yo no sentía necesidad de amigos. Cuando la acompañaba a la compra, o a un recado, a cualquier sitio de la calle, muchas personas me decían cosas y me saludaban, pero todo era tan breve que no tenía tiempo de darme cuenta de que no eran iguales que ella. Más »

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Sobrevolando Vitebsk, de Marc Chagall, cuento idish

Marc Chagall, Sobrevolando Vitebsk, n.d. The Anna Salzmann collection, Paris

Cuento idish de‏ Jorge Schussheim: La historia de Léibchick der Meshíguener

Es tradición que cada pueblo tenga su loco, y el pueblo de mi papá no era la excepción a la regla. Stanislawow se llamaba. ¡No! ¡No el loco! ¡el pueblo! Al loco lo conocían como Léibchick der Meshíguener, o sea Leoncito el Loco. Léibcchik no parecía judío, sino polaco: alto, con una cabellera rubia llena de bucles y ojos celestes, pero todo el mundo sabía que era judío. Más »

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La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo)

Prólogo

Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite; y a este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena; mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro se pierde por ello. Y así vemos cosas tenidas en poco de algunos, que de otros no lo son. Y esto, para ninguna cosa se debría romper ni echar a mal, si muy detestable no fuese, sino que a todos se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio y pudiendo sacar della algún fruto; porque si así no fuese, muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus obras, y si hay de que, se las alaben; y a este propósito dice Tulio: “La honra cría las artes.” ¿Quien piensa que el soldado que es primero del escala, tiene más aborrecido el vivir? No, por cierto; mas el deseo de alabanza le hace ponerse en peligro; y así, en las artes y letras es lo mesmo. Predica muy bien el presentado, y es hombre que desea mucho el provecho de las animas; mas pregunten a su merced si le pesa cuando le dicen: “¡Oh, qué maravillosamente lo ha hecho vuestra reverencia!” Justo muy ruinmente el señor don Fulano, y dio el sayete de armas al truhán, porque le loaba de haber llevado muy buenas lanzas. ¿Qué hiciera si fuera verdad? Más »

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