Poema, Raúl Campoy Guillén, Eyala

Poema de Raúl Campoy Guillén. Fotografía cedida por el autor

(EYALA)

Raúl Campoy Guillén

(poema)

 

Ya sólo entro a las puertas

con la diagonal de mi cuerpo.

Por respeto

a la raza sombra. Su sombra

es la raza piel.

Ya no me quito los zapatos

y los tiro como dos barcos

hundidos. Más »

Cuento, Pedro Alberto Zubizarreta, Eusebio Obituario y el indio Manuel

Cuento de Pedro Alberto Zubizarreta. Fuente de la imagen

EUSEBIO OBITUARIO Y EL INDIO MANUEL

Pedro Alberto Zubizarreta

(cuento)

 

Nadie sabía desde cuándo Eusebio Obituario Barragán andaba en componendas con la Muerte. Es posible que ni él mismo lo recordara. Desde que tenía memoria, la Muerte lo había acompañado. No es que él la hubiera estado buscando. Ella siempre se las ingeniaba para andar pisándole los talones. Evidentemente tenía una afición por su persona, que nadie podía explicar.

La imposición de Obituario como segundo nombre fue un berretín de su padre el día en que fue al pueblo a empadronar a su hijo en estado de ebriedad y un compadre le leyó el título de una sección del periódico local. Quién sabe si ese acto antojadizo fue en realidad un anticipo premonitorio.

A Eusebio se le había pegado la Muerte. Más »

Microrrelato, Roberto Araya Gallegos, obsolescencia

Microrrelato de Roberto Araya Gallegos. Fuente de la imagen

 

OBSOLESCENCIA

Roberto Araya Gallegos

(microrrelatos)

 

Terminaba de escribir la primera línea percatándose recién de que no tenía lápiz.

“Entonces debo suprimirla”, fue su pensamiento.

Concluía de hacerlo cuando sus ojos repararon en que no contaba con goma de borrar.

–Si es así, romperé la hoja – murmuró.

Consumado tal acto, ya pudo percibir que nunca hubo aquella.

–Es excesivo –comentó para sí mismo–. Quizá sea mejor ahora que salga de paseo. Más »

futbolista, pepe, real madrid, corrector de estilo

Képler Laverán Lima Ferreira, futbolista del Real Madrid conocido como “Pepe”. Fuente de la imagen

Opiniones de un corrector de estilo (51): Pensamientos misceláneos 

Francisco Rodríguez Criado 

 

Gracias a una amiga rusa hemos conseguido a un carpintero para que venga a hacer algunos arreglos en casa.

–Es un buen carpiiinteerooo –dice nuestra amiga–. Es amiiigoo mío, se llamaa Basiiiliio.

Pero nos consta que no se llama Basilio sino Vasili.

Me fastidia un poco que este buen hombre, Vasili, se haya convertido en Basilio. No lo entiendo, como no entiendo, por ejemplo, aquellas publicaciones que décadas atrás vieron la luz en España con el nombre, impreso en portada, de Ernesto Renan, en vez de Ernest Renan (¡La importancia de llamarse Ernesto!). Deberíamos respetar la literalidad de los nombres de origen, sin interferencias, al margen de geografías. Respetar el nombre es respetar a la persona. Vasili –estoy seguro– podría servirme de material literario, pero Basilio es un nombre que, con todos mis respetos, no me inspira nada. Más »

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Cuento, Eduardo Abel Giménez, Escaleras

Cuento de Eduardo Abel Giménez. Fuente de la imagen

ESCALERAS

Eduardo Abel Giménez

(cuento)

 

Se había cortado la luz y yo tenía que subir hasta el décimo piso. Las escaleras parecían poco amistosas: cada tramo un semicírculo estrecho de dieciséis escalones negros encerrados entre dos paredes, muy angostos a la derecha, un poco más anchos a la izquierda, con una lucecita de emergencia de esas que parecen lunas cilíndricas, pálidas, tuberculosas.

El primer tramo sirvió para ir tanteando el terreno, y más que nada los músculos de mis piernas, aquellos que normalmente reconozco y también los que sólo anuncian su presencia en casos como este. Adopté un ritmo lento, tranquilo, sabiendo que las cosas se iban a complicar progresivamente. Más »

EL REFLEJO

Eva Concepción Herrero

(cuento) 

Una vez terminada la mudanza decidí dar una vuelta por los alrededores de mi nuevo barrio: el Cabanyal de Valencia. Anduve durante más de una hora absorto en mis pensamientos, cómplice de las miradas de mis nuevos vecinos. Al poco tiempo llegué a un barrio un tanto tétrico. Las ventanas cerradas clausuraban la vida interior de los hogares, las farolas desprendían una tenue luz con la que apenas se adivinaba el contorno de los objetos que bañaba con su haz, incluso una tímida neblina comenzó a envolverme sigilosamente. Más »

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