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corrector de estilo, 11 vicios lingüísticos

Viñeta de Mafalda. Autor: Quino

Opiniones de un corrector de estilo: Los 11 vicios en el uso de la lengua española que más me molestan

Me llama la atención que en la España del siglo XXI denunciamos (dignamente) diversos tipos de maltratos (animal, escolar, laboral…), pero pasamos por alto otro maltrato, el que infringimos a nuestra lengua, y con el que todos, en mayor o menor medida, colaboramos.

El objetivo de este nuevo post de Opiniones de un corrector de estilo es enumerar los vicios en el uso de la lengua española que más me molestan. ¿Y cuáles son esos vicios lingüísticos? Lo diré en una palabra: todos.

No obstante, para abreviar el catálogo de vicios, le he cortado las alas al adverbio “todo” y he seleccionado once errores o vicios lingüísticos, que desde ahora declaro ciudadanos non gratus. Más »

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Cuento de Juan Rulfo: La Cuesta de las Comadres

Los difuntos Torricos siempre fueron buenos amigos míos. Tal vez en Zapotlán no los quisieran pero, lo que es de mí, siempre fueron buenos amigos, hasta tantito antes de morirse. Ahora eso de que no los quisieran en Zapotlán no tenía ninguna importancia, porque tampoco a mí me querían allí, y tengo entendido que a nadie de los que vivíamos en la Cuesta de las Comadres nos pudieron ver con buenos ojos los de Zapotlán. Esto era desde viejos tiempos. Más »

Cuento de Mark Twain: El cuento del niño malo

Había una vez un niño malo cuyo nombre era Jim. Si uno es observador advertirá que en los libros de cuentos ejemplares que se leen en clase de religión, los niños malos casi siempre se llaman James. Era extraño que este se llamara Jim, pero así era. Más »

Cuento de Rubén Darío: La larva

Como se hablase de Benvenuto Cellini y alguien sonriera de la afirmación que hace el gran artífice en su Vida, de haber visto una vez una salamandra, Isaac Codomano dijo: Más »

Microrrelato de Max Aub: La uña 

El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad (pidieron el ataúd más barato) la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía, que ni ¡ay! dijo, para tirarse hacia la de Miguel, traspasándola. Fue lo menos que pudo hacer el difunto: también es cuerno la uña.

Cuento de Ray Bradbury: La última noche del mundo

¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo?

–¿Qué haría? ¿Lo dices en serio?

–Sí, en serio. Más »

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