Cuento, Julio Cortázar, cortísimo metraje

Julio Cortázar. Fuente de la imagen

 

El capítulo 7, gustos aparte, es una de las hojas más perfectas de la literatura universal. Pertenece a Rayuela, pero tiene identidad propia y el placer de su lectura no depende del resto de la obra. Es un poema en prosa con la narración más original y musical de un beso que se haya escrito jamás. Su efecto en el lector primerizo es inmediato, sucumbe pública o secretamente al recuerdo de su propio beso anhelado o de su boca amante imaginada.

Ulises Argandona

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Alfred Eisenstaedt

El beso. Fotografá de Alfred Eisenstaedt (1945)

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Todo se acaba, se miran a los ojos como si no se atrevieran a reconocerse el uno en el otro, con displicencia, sin ganas de ver, como si fueran ciegos.

Él la dice algo de una canción de los Smiths, pero ella no le puede oír, ella no sabe que esa canción será la que escuche esa misma tarde cuando se quede dormida y se muera, lentamente, aturdida por el sueño de la química que le producirá un dolor en su vientre que le acompañará hacia el otro mundo, al mundo donde él no sea un sueño, donde él no sea nada. Al mundo donde lo que ha vivido no sea más que un caldo eterno de nada, de vacío, de segundos iguales y enormes. Más »

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El poder de la música

El poder de la música. Fuente de la imagen

 

Cuento de Margarita Schultz: El poder de la música. Historia de un insólito auditor

Comenzó al segundo día de mi estada de vacaciones. Todo el entorno confirmaba mi buena elección del lugar y la fecha: naturaleza, ausencia de turistas, silencio, inmensos cielos. Salí a caminar temprano en la mañana; deambulaba también con el pensamiento. De pronto escuché a mis espaldas un ladrido agresivo. Giré un poco la cabeza y vi un perro no muy grande, buena pinta, de pelaje blanco con zonas de color tostado, bastante limpio para andar por la calle, solo y sin collar de pertenencia.

Su mirada no era amigable. Mi pantorrilla tembló un poco, pero sé que no hay que manifestar miedo en esos casos. Seguí avanzando por la calle de arena escoltada por ese ladrido infame que interrumpía el silencio ambiente.

A las pocas cuadras se volvió y recobré el placer de la caminata.

Todo ello se repitió al día siguiente. Era el único perro de la comarca que actuaba de ese modo. El tercer día resolví buscar un modo de parar los ladridos. Comencé a hablarle con buen tono, amable, sin mirarlo. Pero fue inútil.

Entonces, por alguna mágica inspiración cuyo origen no puedo detallar, comencé a cantar en voz alta. Era el tango Sur. Y la magia obró. El perro me seguía pero ahora estaba silencioso. Sabía en mi andar que él iba detrás de mí, lo sabía aun sin mirarlo.

En la siguiente mañana volvió a operarse el milagro. Ladridos, canto, silencio. No supe y no lo sabré, si me ladraba pidiendo música o la música lo sosegaba. Es posible que hayan sido ambas cosas.

Poema de Margarita Schultz: oda a la lengua materna

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El loro de Flaubert


Ilustración: La criada Felicité y Loulou, el loro del cuento de Flaubert, “Un coeur simple”

El loro de Flaubert

Por Ernesto Bustos Garrido (Corebo)

Cuando entre 1875 y 1877 Gustave Flaubert se aprestaba a escribir su famoso cuento “Un coeur simple” (Un corazón sencillo) fue al museo de Rouen y pidió prestado un loro. Le facilitaron por un tiempo un loro embalsamado que él llevó a su casa en Croisset y lo colocó sobre su escritorio. Allí lo tuvo gran parte del tiempo que tardó en escribir la historia de la criada Félicité. Necesitaba tener cerca un animal de ese tipo, pues en la historia de la criada, el redactor requería para motivarse un loro que dijese lo que la mujer no era capaz de expresar, pues era poco instruida. El loro asistió silente e inmóvil a la escritura de Flaubert, pero a las tres semanas de estar allí estacionado sobre la mesa llena de cuartillas y plumas de ganso (Flaubert las usaba para escribir) el pajarraco, pese a no decir palabra (estaba muerto y embalsamado), empezó a irritarlo con su presencia. Entonces un día lo tomó sin mucha delicadeza y lo lanzó al interior de un desván con otros cachivaches viejos, donde permaneció años. Más »

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Julio Romero, microrrelato

La chiquita piconera, de Julio Romero. Fuente de la imagen

“Te llevarás tu pequeña selva negra en tu cuerpo bello” -le dijo mientras le mimaba con dulzura su pubis oscuro, rizado como su cabello, todavía húmedo, pero aún cálido entre sus dedos cuidadosos. Ella le sonrió y le acarició con finura la cabeza, sin decir nada. “También te llevarás mis ilusiones y mis sueños, mis silencios extasiados, y lo que me decían sólo a mí tus ojos” –pensó, y se abrazó a ella, por última vez, fundido a ese cuerpo desnudo de piel suave, como una porcelana negra, un cuerpo que pronto sería sólo un fantasma remoto en sus recuerdos obstinados. “Y me faltarán tus risas contagiosas con la alegría de un niño ingenuo, que a veces me concedías y me colmaban de esperanzas”. La miró, parecía dormir un sueño tranquilo. Se acercó a sus labios ya lejanos, un beso manso de impulso fatigado, de un crepúsculo sin tregua. Lloró por largo rato, un lamento triste tan lejano de aquellos momentos felices que habían compartido tantas veces. Se alejó sin decir palabra, sin ruido, cuidando sus pasos temerosos, su respiración apenas perceptible, su nostalgia ya vencida, su muerte inevitable ya anunciada.

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Juan Emar

Juan Emar

 

Juan Emar, el gran vituperador

Ernesto Bustos Garrido

A Juan Emar se le sindica como el portaestandarte de la vanguardia chilena en su refriega durante los tiempos de la guerrilla literaria contra el criollismo (1925), representado por el gran escritor maulino (nacido en las antiguas tierras del Maule) Mariano Latorre (On Panta, Zurzulita, Chile, país de rincones, etc…). Lo cierto es que el joven Álvaro Yáñez Bianchi –su verdadero nombre- fue más que nada el vocero del grupo de artistas e intelectuales que trajeron desde Francia, en los años veinte y treinta, las nuevas tendencias  en el arte, la pintura, la escultura y la literatura. Su padre, Eleodoro Yáñez Ponce de León, era un destacado político liberal chileno, senador y dueño del diario La Nación, que muchos años más tarde sería el órgano oficial del Gobierno de turno. Más »

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Un actriz que participa en Julieta ha afirmado que sería una pena que los papeles de Panamá puedan afectar a la taquilla. Entiendo su pesar, pero si descontextualizamos sus palabras no parece que le preocupe demasiado que Almodóvar haya esquivado sus obligaciones fiscales en España, sino la repercusión que esa falta pueda ocasionar a los beneficiarios de un posible éxito de la película. Julieta ha recaudado menos que cualquier otra película del cineasta manchego, y nada hace pensar que en las próximas semanas se revierta esa tendencia. ¿Debemos llorar por ello? Más »

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Botero, cuento

Botero reproduce en esta pintura, la violencia de las guerras fratricidas en su Colombia natal, especialmente en la primera mitad del siglo xx debidas a las luchas políticas entre liberales y conservadores.

 

 

[Para comprender el porqué de la publicación de este cuento, aconsejamos a los lectores leer previamente “El cuento que le dio al Gabo su primer premio literario”, escrito por Ernesto Bustos Garrido].

Cuento de Guillermo Ruiz Rivas: Por los caminos de la muerte*

 

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–Allí –dijo el hombre a la mujer, señalando un flanco de la lejana cordillera –, allí acamparemos. Y añadió–: dos o tres días malos se pasan prontamente, mientras armo el rancho, y aguantaremos hasta que le saque a la tierra qué comer… pero ya verá cómo se consiguen la independencia y la plata.

–El lugar me parece bueno si tiene agua –comentó la mujer–, los muchachos ya van cansados. Más »

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