Sancho Panza. Ilustración de Stut. Fuente de la imagen

 

LA MUJER IDEAL NO EXISTE

Marco Denevi

(microrrelato)

Sancho Panza repitió, palabra por palabra, la descripción que el difundo don Quijote le había hecho de Dulcinea.

Verde de envidia, Dulcinea masculló:

-Conozco a todas las mujeres del Toboso. Y le puedo asegurar que no hay ninguna que se parezca ni remotamente a esa que usted dice.

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EL DÍA EN QUE CASI MUERO

Jorge Lavezzari 

(cuento)

¡Oigo algo allá afuera! Dejo a un lado “El mensajero de los astros”, uno de los libros prohibidos de Galileo Galilei, porque escucho voces y pisadas rodeando la casa.

¡Siento que estoy perdido, me vienen a llevar! La Santa Inquisición no perdonará mis pecados: desconocer el dogma de la Santísima Trinidad y apoyar la teoría sobre el movimiento de la tierra.

Una vez juzgado pondrán el capirote en mi cabeza, me vestirán con la túnica de los condenados y después del auto de fe…, a la hoguera! Más »

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Romanos con caballo. Fuente de la imagen.
 

Marisa Bernabé, editora Junior de Temas de Hoy, nos recomienda “Veintisiete ["Un señor que poseía un caballo"], de Giorgio Manganelli (1922-1990), narrador, crítico, periodista, ensayista, autor de libros de viajes y traductor -entre otros- de Edgar Allan Poe.

VEINTISIETE [“UN SEÑOR QUE POSEÍA UN CABALLO…”]

Giorgio Manganelli

(cuento)

Un señor que poseía un caballo de excepcional elegancia, una mansión fortificada, tres criados y una viña, creyó entender, por la manera como se habían dispuesto los cirros en torno al sol, que debía abandonar Cornualles, en donde siempre había vivido, y dirigirse a Roma, en donde, suponía, tendría ocasión de hablar con el Emperador. No era un mitómano ni un aventurero, pero aquellos cirros le hacían pensar. No empleó más de tres días en los preparativos, escribió una vaga carta a su hermana, otra todavía más vaga a una mujer que, por puro ocio, había pensado en pedir por esposa, ofreció un sacrificio a los dioses y partió, una mañana fría y despejada. Atravesó el canal que separa la Galia de Cornualles y no tardó en encontrarse en una zona llena de bosques, sin ningún camino; el cielo estaba agitado y él con frecuencia buscaba abrigo, con su caballo, en grutas que no mostraban rastros de presencia humana. El día decimosegundo encontró en un vado un esqueleto de hombre, con una flecha entre las costillas: cuando lo tocó, se pulverizó, y la flecha rodó entre los guijarros con un tintineo metálico. Al cabo de un mes encontró una miserable aldea, habitada por aldeanos cuya lengua no entendía. Le pareció que le prevenían de alguna cosa. Tres días después encontró un gigante, de rostro obtuso y tres ojos. Le salvó el velocísimo caballo y permaneció oculto durante una semana en una selva en la que no penetraría jamás ningún gigante. Al segundo mes cruzó un país de poblados elegantes, ciudades llenas de gente, ruidosos mercados; encontró hombres de su misma tierra, supo que una secreta tristeza arruinaba aquella región, corroída por una lenta pestilencia. Cruzó los Alpes, comió lasagna en Mutina y bebió vino espumoso. A mediados del tercer mes llegó a Roma. Le pareció admirable, sin saber cuánto había decaído los últimos diez años. Se hablaba de peste, de envenenamientos, de emperadores viles o feroces, cuando no ambas cosas a un tiempo. Puesto que había llegado a Roma, intentó vivir allí al menos un año; enseñaba el córnico, practicaba esgrima, hacía dibujos exóticos para uso de los picapedreros imperiales. En la arena mató un toro y fue observado por un oficial de la corte. Un día encontró al Emperador que, confundiéndolo con otro, lo miró con odio. Tres días después el Emperador fue despedazado y el gentilhombre de Cornualles aclamado emperador. Pero no era feliz. Siempre se preguntaba qué habían querido decirle aquellos cirros. ¿Los había entendido mal? Estaba meditabundo y atormentado; se tranquilizó el día en que el oficial de la corte apuntó la espada contra su garganta.


Centuria. Cien breves novelas-río (Centuria. Cento piccoli romanzi fiume, 1979),

trad. Joaquín Jordá, Barcelona, Anagrama, 1990, págs. 57-58.

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cuentos cortos, la jubilación de duque

LA JUBILACIÓN DE DUQUE

(Autor: Cuentos Cortos)

Duque era el nombre de un caballo de pelaje color marrón que había servido durante más de veinte años ininterrumpidos a la familia de unos hacendados que vivían a las afueras de las montañas.

Su trabajo le agradaba, ya que en el transcurso de esos años pudo ver cómo su amo (antes un mozuelo) se había convertido en el señor de la finca. Sin embargo, desde hacía varios meses la salud de Duque no era la misma de antes.

Durante las festividades decembrinas cayó en un charco de agua y se lesionó la pata trasera derecha. Su amo lo llevo al veterinario y le dio un descanso de más de cuarenta y cinco días, pero el malestar continuaba y continuaba. Más »

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Microrrelato escondido de Cormac McCarthy en Todos los hermosos caballos

Leyendo Todos los caballos hermosos, de Cormac McCarthy (Debate, 1999), me he topado con uno de esos microrrelatos escondidos que tanto me gustan. Ya sabéis a qué me refiero, a esos textos ultrabreves que forman parte de obras literarias de mayor entidad (novelas, relatos, ensayos) y que a la larga, aunque no fuera la intención del autor, son leídos como microrrelatos independientes. Son, por así decirlo, microrrelatos escritos por casualidad. (La definición “microrrelato escondido” es de Alberto Mangel).  Más »

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Franz Anton Mesmer, sanadores, siglo XXI

SANADORES DEL SIGLO XXI

Francisco Rodríguez Criado 

En su ensayo La curación por el espíritu (Mesmer, Mary Baker–Eddy, Freud), publicado en España por El Acantilado, el gran escritor austriaco Stefan Zweig afirma que “Nunca se ha demostrado todavía a lo largo de la historia la existencia de un método medicinal, por más absurdo que sea, que no haya ayudado al enfermo durante algún tiempo, gracias a la fe puesta en él”. Pensé en esta cita cuando escuché a Iñigo Errejón decir, la semana pasada, que Podemos podía acabar con la crisis en un día, y sin recortes. Este aserto hiperbólico demuestra que es falsa la tesis del PP de que los medios han aupado a Podemos a la primera línea de fuego de la política nacional. Lo que les ha aupado al cuasi éxito ha sido la fe. Una fe sencilla, ilusa, poco realista, pero medicinal en cualquier caso. Más »

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