Seudónimos literarios

Poeta Pablo Neruda
Pablo Neruda. Fuente de la imagen

SEUDÓNIMOS LITERARIOS

María Carvajal

La historia de la literatura nos ofrece numerosos ejemplos de prestigiosos escritores que han desnudado su talento literario ante nosotros, los lectores, sin mostrarnos algo tan personal como es su verdadero nombre, ese insignificante estigma que nos marca desde que nacemos. Porque, queridos lectores, si tuvieseis que optar entre comprar un libro de Pablo Neruda o uno de Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, ¿qué autor elegiríais? Da igual, porque ambos son la misma persona. Y es que, por diferentes motivos, muchos de ellos prefirieron bautizarse (literariamente hablando) con nombres más convenientes a sus circunstancias.

Vamos a desvelar la identidad de algunos de ellos y el motivo que les llevó a adoptar un nombre distinto del original.

Por un lado tenemos a George Eliot, que, en realidad, era el seudónimo que utilizó Mary Anne Evans, la autora de Silas Marner. Su carácter feminista y libertario no le permitía que la encasillasen en el papel de escritora romántica victoriana y, para que se tomaran en serio sus obras, optó por firmarlas con un nombre masculino.

Por genealogía, Garcilaso de la Vega tuvo que llamarse Suárez de Figueroa, pero fue su propio padre quien decidió cambiarle el nombre por el que hoy todos conocemos, ya que antes había sido utilizado por algunos ilustres antepasados de su aristócrata familia y esto le hacía socialmente más influyente.

Stephen King firmó algunas de sus obras bajo el seudónimo Richard Bachman. El autor quería comprobar si su éxito se debía a su propio talento o, simplemente, a la inercia de las masas que contribuían al concepto de best-seller. Algunas de las obras escritas bajo seudónimo tuvieron un éxito moderado, sin embargo, cuando se descubrió que pertenecían a King se dispararon las ventas e incluso, alguna de ellas fue llevada al cine. Cuando el autor vio que su secreto se había desvelado hizo un falso funeral a Bachman, hecho que inspiró la obra The Dark Half. Aun así, volvió a publicar una historia corta bajo el nombre John Swithen, que años más tarde se volvió a publicar con su verdadero nombre.

Por su parte, George Orwell fue el seudónimo que utilizó el escritor de origen indio-birmano Eric Arthur Blair para mostrar su aprecio a la tradición y la campiña inglesa. Así tomó el nombre de Jorge V (soberano de Reino Unido en aquella época) y del río Orwell, emblemático para buena parte de los ingleses.

Para el caso de Stendhal se conocen dos hipótesis. Su nombre real era Henri-Marie Beyle y se cree, por un lado, que tomó su seudónimo de la cuidad alemana Stendal donde nació Johann Joachim Winckelmann, quien por primera vez habló de la Historia del Arte y la arqueología como disciplinas modernas y a quien el autor francés admiraba. La otra conjetura nos lleva a Shetland, islas que impresionaron sobremanera al escritor y de cuyo nombre surgió el anagrama conque hoy le conocemos.

Estos son solo algunos de los autores reconocidos por su seudónimo, pero hay más, como por ejemplo Jean-Baptiste Poquelin, a quien todos conocemos como Molière, o François Marie Arouet, que se hizo llamar Voltaire. El nombre real de Mark Twain era Samuel Clemens y el de Lewis Carrol no era otro sino Charles Lutwidge Dodgson. Cecilia Böhl de Faber utilizó en España el seudónimo Fernán Caballero, mientras que José Martínez Ruiz fue más conocido como Azorín. Por último, hay que subrayar que Ramón José Simón Valle Peña era el nombre real de escritor gallego que firmaba sus obras como Ramón María del Valle-Inclán.

Hay muchos más, que por motivos de espacio, no podemos nombrar. Así pues, queridos lectores, cuando tengáis en vuestras manos un libro de un autor desconocido, pensad que nunca se sabe quién puede estar detrás de su autoría.

OTRAS CURIOSIDADES LITERARIAS DE MARÍA CARVAJAL

narrativa_newsletterp

Las cosas compartidas son mejores...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someone