Cuentos breves recomendados (250): Breve antología de la literatura universal

Breve antología de la literatura universal
Escritor español Luis Landero. Fuente de la imagen en Internet

Aprovechando que el 250 es un número casi redondo, el profesor Miguel Diez R,, responsable de esta sección de Cuentos breves recomendados, ha desarrollado un texto de Faroni (pseudónimo de Luis Landero), Breve antología de la literatura universal, compuesto por numerosas citas que nos conducen a obras clásicas de la literatura universal: La Ilíada, la Biblia, Las 1001 noches, La divina comedia, La vida es sueño

Aparte del extenso comentario del profesor Díez, que no debéis dejar de leer, este post incluye una serie de citas de Luis Landero sobre literatura y sobre el oficio de escribir, igualmente interesantes.

F.R.C.

 

“El arte de escribir es el arte de observar. Hacer que lo que miras valga por veinte y que tu mirada convierta en novedad las cosas. Gran parte de la literatura del siglo XX, y en eso Chéjov es un adelantado, es contar qué pasa cuando no pasa nada, qué pasa en nuestra vida, qué pasa una anodina tarde de domingo. Se pueden inventar muchas cosas, pero contar lo más inmediato es un reto. Chéjov decía que hay que hacer poderosas las palabras humildes e interesante a la gente vulgar. El escritor es un observador más que un pensador, tiene que observar y sentir”.

“El éxito es una de las drogas más adictivas de hoy. Es relativamente fácil de conseguir pero difícil de conservar, y el que lo ha conocido tiene miedo a ser olvidado. Lo que se propone entonces es gustar y no hay mayor peligro para un escritor que intentar gustar. Esforzarse en agradar al lector, o hacer lo que el mercado demanda. La tentación es tremenda, pero caer en ella es una traición porque el éxito corrompe y pervierte. Es droga dura”.

“Uno no tiene nada contra la gramática, pero sí contra la intoxicación gramatical que están sufriendo nuestros jóvenes. Uno está convencido de que, fuera de algunos rudimentos teóricos, la gramática se aprende leyendo y escribiendo, y de que quien llegue, por ejemplo, a leer bien una página, entonando bien las oraciones y desentrañando con la voz el contenido y la música del idioma, ése sabe sintaxis. Sólo entonces, como una confirmación y un enriquecimiento de lo que básicamente ya se sabe, alcanzará la teoría a tener un sentido y a mejorar la competencia lingüística del usuario. Así que, quien quiera aprender lengua, que estudie literatura, mucha literatura, porque sólo los buenos libros podrán remediar la plaga que se nos avecina de los gramáticos a palos”.

“Entre mis amigos de la infancia, creo que ninguno acabó siquiera el bachiller, y mi padre fue a la escuela lo justo: leer, escribir y las cuatro reglas. Pues bien, mis amigos hablan y escriben bien, con precisión y propiedad, y en cuanto a mi padre, conservo sus cartas de cuando estuvo en la guerra, y me maravilla la sabia sencillez con que escribía. Y todo eso lo aprendimos en la escuela de un pueblo. Una hora o más de lectura cada día, y otra de escritura. Y no se pasaba a otra frase hasta que la anterior había quedado bien leída y bien entendida. Porque a leer y a escribir se aprende leyendo y escribiendo, no estudiando gramática en plan casi erudito. Un poco de morfología y un poco de sintaxis: poco pero bien aprendido. Lo demás, mucha práctica, mucho leer y mucho escribir. Con la ventaja de que, siendo la literatura el patio de vecindad de las humanidades, leyendo se aprende mucho por añadidura.”

Luis Landero

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BREVE ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA UNIVERSAL

Luis Landero (España, 1948)

Canta, oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad del andar de la vida uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras las nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, oh diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los Andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y las sirenas y a mí mismo

Comentario de Miguel Díez R.

Faroni es un personaje de ficción creado por el escritor Luis Landero en su primera novela Juegos de la edad tardía (1989), premio de la Crítica y el Nacional de Literatura. Un grupo de entusiastas admiradores de la obra de Landero crearon en 1992 el Circulo Cultural Faroni, un club literario, impulsado y dirigido por J. Ignacio Fdez. Vázquez, que instituyó el Premio Internacional de Relato Hiperbreve Circulo Cultural Faroni, cuya última convocatoria ha sido la XX, correspondiente al año 2012.

La editorial Tusquets de Barcelona publicó en 1996, Quince líneas. Relatos hiperbreves, una selección de 78 cuentos provenientes de las tres primeras convocatorias de dicho premio y en esta edición se encuentra –pág 51– el texto que hoy presento, firmado por Faroni, pseudónimo de Luis Landero.

Este texto es un ejercicio de intertextualidad creado mediante un lúdico, sugerente y original ensamblaje de diversas citas o referencias muy breves, pertenecientes a veinticuatro grandes obras de la literatura universal, obras que comento a continuación, tal como las enumero en la repetición del texto:

(1) Canta, oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles (2) sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y (3) cómo luego, durante más de mil noches (4) alguien contó la historia abreviada del hombre, (5) y así supimos que a mitad del andar de la vida, (6) uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto (7) otro probó una magdalena, (8) otro dudó ante la calavera (9) otro se proclamó melibeo, (10) otro lloró las prendas mal halladas, (11) otro quedó ciego tras las nupcias, (12) otro soñó despierto (13) y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. (14) Y canta, oh diosa, con tu canto general, (15) a la ballena blanca, (16) a la noche oscura, (17) al arpa en el rincón, (18) a los cráneos privilegiados, (19) al olmo seco (20) a la dulce Rita de los Andes, (21) a las ilusiones perdidas, (22) y al verde viento (23) y a las sirenas (24) y a mí mismo.

1. “Canta, oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles”. Comienzo del canto I de La Iliada.

La Ilíada es una epopeya griega considerada el poema escrito más antiguo de la literatura occidental. Atribuido a Homero (siglo VIII a. C.) consta de 15.693 versos divididos en 24 cantos o rapsodias y el tema central gira en torno a la cólera de Aquiles y los acontecimientos ocurridos durante 51 días en el décimo y último año de la guerra de Troya que liberaron griegos y troyanos. Los dioses y los héroes se codean en este poema de la fuerza y del ardor bélico en constante exaltación de la ira, el orgullo, la amistad, la audacia, a veces de la crueldad y a menudo también de la magnanimidad y la generosidad. El título de la obra deriva del nombre griego de Troya, Ιlión.

[Canta, oh musa, la cólera del pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves…]

2. “sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra”. Versículo I del Génesis, el primero de los libros de La Biblia

Biblia es una palabra de origen griego que significa literalmente «los Libros». Este término pasó del griego al latín, y a través de él a las lenguas occidentales, no ya como nombre plural, sino como singular femenino: la Biblia, es decir, el Libro por excelencia. Con este término se designa ahora la colección de escritos reconocidos como sagrados por el pueblo judío y por la iglesia cristiana. Se divide en dos partes: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Para los judíos el Antiguo Testamento es su único y canónico texto, escrito en hebreo y arameo, llamado Tanaj, y está compuesto por 24 libros que narran principalmente la historia del pueblo judío. Los cristianos le añadieron 7 libros más.

El Nuevo Testamento cristiano, escrito en lengua griega koiné, se compone de los cuatro Evangelios, Los Hechos de los Apóstoles, las cartas de San Pablo, Santiago, San Pedro, San Juan y San Judas y el Apocalipsis. Se narra la vida, muerte y resurrección de Jesús, su mensaje, la historia de los primeros cristianos y las epístolas dirigidas a diversas congregaciones cristianas por algunos apóstoles y San Pablo.

[En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas Noche. Y fue la tarde y la mañana un día…]

3. “Y como luego durante más de mil noches”. Las mil y una noches

Las mil y una noches (en árabe Alf Laila Wa-Laila) es la más amplia y hermosa colección de cuentos populares de todos los tiempos: más de doscientos cincuenta, agrupados en tomo a un relato —de origen hindú, probablemente— que sirve de marco y que estructura todo el variopinto conjunto. El rey persa Sahriyar, al enterarse de la infidelidad de su esposa, la manda matar y, convencido de las supuestas astucias y perfidias femeninas, dispone que en adelante se acostará todas las noches con una joven distinta, hija de alguno de sus súbditos, a la que mandará matar a la mañana siguiente. Así lo hace, hasta que Sherezade, la bella y prudente hija del visir, logra que el rey vaya aplazando su muerte, intrigado por los cuentos que la muchacha le cuenta cada noche y que, invariablemente, al apuntar el alba quedan interrumpidos en el punto culminante de la acción. El rey, para enterarse del final, retrasa la ejecución y lo mismo sucede las siguientes jornadas, quedando pendiente el interés del rey por el desenlace de los diversos cuentos durante mil y una noches. Al cabo de ellas, Sherezade, con la que el rey ha tenido ya tres hijos, se convierte en esposa feliz de Sahriyar, curado así de su cruel misoginia, gracias a la atractiva e inteligente hija del visir y a las historias que ella le cuenta.

Las mil y una noches es una colección formada por tres grupos de narraciones, además de otras independientes como el ciclo autónomo de los fantásticos viajes de “Sindbad el marino”, de procedencia egipcia. El primer grupo parece que tuvo como origen un libro de cuentos persas que, a su vez, procedían de la India. El segundo se compuso en el ambiente musulmán de la alta Edad Media y retrata, aunque ya con colores más fantásticos que históricos, la sociedad islámica bajo la dinastía de los Abasidas o Abasíes de Bagdad. El tercer grupo, el más reciente, está formado por un conjunto de relatos populares que reproducen con viveza y espontaneidad la vida del pueblo llano de Egipto bajo los Mamelucos –siglos XIV y XV–. En esta compleja composición entraron a formar parte, además de los cuentos indios, persas y egipcios, otros provenientes de Grecia, Arabia e, incluso, de China y Japón. Se trata, en resumen, de una inmensa obra colectiva e impersonal por excelencia: una verdadera memoria universal de cuentos.

[…que las leyendas de los antiguos sean una lección para los modernos, a fin de que el hombre aprenda en los sucesos que ocurren a otros que no son él. Entonces respetará y comparará con atención las palabras de los pueblos pasados y lo que a él le ocurra y se reprimirá. Por esto ¡gloria a quien guarda los relatos de los primeros como lección dedicada a los últimos!]

4.alguien contó la historia abreviada del hombre”. Del Libro Quinto De brevitate vitae, de los Tratados Morales, del filósofo hispano- romano. Lucio Anneo Séneca, escrito en el año 55 d. C.

Los Tratados Morales son siete pequeños ensayos sobre problemas morales. Los temas tratados son muy variados, desde cómo debe ser la clemencia de los gobernantes, hasta cómo debe el sabio aprovechar su tiempo de ocio: De la Divina Providencia, De la vida bienaventurada, De la tranquilidad del ánimo, De la constancia del sabio, De la brevedad de la vida, De la consolación y De la pobreza

[No cabe dudar de la verdad de aquello que, como un oráculo, dejó dicho el mayor de los poetas: “La parte de la vida que vivimos es muy escasa”. Porque todo el espacio restante no es vida, es mero tiempo… ¿Qué va a pasar? Tú no tienes tiempo para nada y la vida corre; entretanto llega la muerte y para ella, quieras o no, vas a tener todo el tiempo del mundo… En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto…]

5. “y así supimos que a mitad del andar de la vida”. Comienzo de La Divina Comedia, una de las obras de arte más destacadas de la literatura universal. Se trata de un poema épico-alegórico, escrito en tercetos por el italiano Dante Alighieri, comenzado a escribir a principios del siglo XIV y terminado poco antes de su muerte en 1321. Relata el viaje de Dante por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. y comienza con el encuentro del poeta latino con Dante, que se ha perdido en una selva y tropieza con bestias salvajes. Virgilio le confiesa al poeta que ha venido en nombre de Beatriz y lo conduce por un largo viaje de redención que comienza en el Infierno:

[A mitad del camino de la vida,

en una selva oscura me encontraba

porque mi ruta había extraviado.

¡Cuán dura cosa es decir cuál era

esta salvaje selva, áspera y fuerte

que me vuelve el temor al pensamiento

…]

6. “uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto”. La metamorfosis.

Novela corta del escritor checo Frank Kafka, escrita en alemán en 1915. Gregorio Samsa, aparece una mañana convertido en insecto y esa transformación cambia sus costumbres y sus relaciones con el resto de la familia: sus padres y su hermana. Una terrible fábula sobre la existencia y la incomunicación humana.

[Al despertar Gregorio Samsa una mañana tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto. Se hallaba echado sobre el duro caparazón de su espalda, y al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia].

7. “Otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia”. Por el camino de Swann, el primer volumen, publicado en 1913, de los siete que componen En busca del tiempo perdido del autor francés Marcel Proust.

Uno de los fragmentos más conocido de este primer volumen rememora el célebre episodio al comer una magdalena mojada en una taza de té cuyo gusto le hace recuperar un recuerdo hasta entonces perdido, pues asocia el sabor, la textura y el aroma de la magdalena con esa misma situación vivida años atrás, en la niñez, cuando durante sus vacaciones, por la mañana, su tía abuela le daba pedacitos de magdalena humedecidos en la misma infusión. De esta manera, como se ha dicho, una vulgar magdalena se convierte en el símbolo proustiano del poder evocador de los sentidos y de la capacidad que pueden tener un sabor o un aroma de llevarnos al pasado, todo ello expresado en ocho de las páginas más intensas y prodigiosas de la historia de la literatura.

[…”Hacía ya muchos años que no existía para mí de Combray más que el escenario y el drama del momento de acostarme, cuando un día de invierno, al volver a casa, mi madre, viendo que yo tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre, una taza de té. Primero dije que no, pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llama magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero lo excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba?” (…)

“Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tila, los domingos por la mañana en Combray…”]

8. “Otro dudó ante la calavera”. Hamlet (cir. 1600-1601), una de las más importantes tragedias de Shakespeare.

Parece claro que Landero de refiere al famoso monólogo de la duda de Hamlet (escena primera del tercer acto), aunque en la obra el protagonista no está en ese momento meditando ante una calavera. Realmente el pasaje de la calavera se desarrolla en la escena primera del quinto acto, cuando, al regresar el príncipe del destierro en Inglaterra, un sepulturero le informa en el cementerio de la muerte de Yorick, bufón de la corte y amigo de la infancia de Hamlet. Entonces este sujeta su calavera en la mano mientras recuerda sus virtudes y reflexiona sobre la muerte y el paso del tiempo: “¡Ay! ¡Pobre Yorick! ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya de músculos, ni puedes reírte de tu propia deformidad…”.

Esta imagen del protagonista con la calavera, por su fuerza, ha sido asociada con frecuencia al monólogo de la duda hamletiana, el del “Ser o no ser”, el texto más célebre y conocido de la obra.

[“Ser o no ser: esta es la cuestión: si es más noble sufrir en el ánimo los tiros y flechazos de la insultante Fortuna o alzarse en armas contra un mar de agitaciones, y, enfrentándose con ellas, acabarlas: morir, dormir, nada más, y, con un sueño, decir que acabamos el sufrimiento del corazón y los mil golpes naturales que son herencia de la carne. Esa es una consumación piadosamente deseable: morir, dormir; dormir, quizá soñar…”]

9. “otro se proclamó melibeo”. En el Acto I de La Celestina (1499, 1502) de Fernando de Rojas.

La Celestina, dice Lida de Malkiel, es obra “primera y única en cuanto a la creación de caracteres”. Aunque Calisto y Melibea aparecen como protagonistas, es Celestina la que señorea la obra entera y muy pronto su figura oculta la de los amantes hasta incluso poner título a la obra -de Comedia de Calisto y Melibea, en la primera versión y Tragicomedia de Calisto y Melibea en la segunda, a La Celestina con la que se ha conocido definitivamente. Aunque como tipo literario su figura tiene muchos precedentes literarios, supera a todos por su entidad humana, por su capacidad de seducción y sus poderes en asuntos de amor.

[Calisto: Yo Melibeo soy, y a Melibea adoro, y en Melibea creo. Y a Melibea amo]

10. “Otro lloró las prendas mal halladas”. Soneto X de Garcilaso de la Vega (España. 1501-1536)

Tras la muerte de Elisa (Isabel Freyre), la amada imposible de Garcilaso, los buenos recuerdos que de ella poseía son ahora para él motivos de dolor y llanto, y desea que aquel bien pasado se lleve también el mal que le han dejado, porque, si no, pensará que le dieron tanto bien para hacerle morir de tristeza con el recuerdo de aquel tiempo feliz pasado.

Oh dulces prendas por mi mal halladas, / dulces y alegres cuando Dios quería, / juntas estáis en la memoria mía / y con ella en mi muerte conjuradas! // ¿Quién me dijera , cuando las pasadas / horas que tanto bien por Dios me veía, / que me habíais de ser en algún día / con tan grave dolor representadas? // Pues por un hora junto me llevastes / todo el bien que por términos me distes, / llevadme junto el mal que me desjastes; // si no, sospecharé que me pusistes / en tantos bienes porque deseastes / verme morir entre memorias tristes.]

11. “Otro quedó ciego tras las nupcias”. Edipo rey (430? a. de C.) de Sófocles, la más grande tragedia de la Literatura Universal.

Edipo, rey de Tebas y esposo de Yocasta, al investigar la muerte de Layo, el rey anterior, poco a poco descubre la terrible verdad: el propio Edipo es el asesino que busca, Layo era su padre y Yocasta, su actual esposa, era su madre. Yocasta, al enterarse, se ahorcó y Edipo, horrorizado, se cegó los ojos con un broche.

[EDIPO: ¡Ay, ay! Todo se cumple con certeza. ¡Oh luz del día, que te vea ahora por última vez! ¡Yo que he resultado nacido de los que no debía, teniendo relaciones con los que no podía y habiendo dado muerte a quienes no tenía que hacerlo!

(Entra en palacio.)

***

MENSAJERO:… Ha muerto la divina Yocasta.

CORIFEO: ¡Oh desventurada! ¿Por qué causa?

MENSAJERO: Ella, por sí misma… Cuando, dejándose llevar por la pasión atravesó el vestíbulo, se lanzó derechamente hacia la cámara nupcial mesándose los cabellos con ambas manos…. Deploraba el lecho donde, desdichada, había engendrado una doble descendencia: un esposo de un esposo y unos hijos de hijos.

Edipo, dando gritos…de horrible modo, como si alguien lo guiara,… se precipita en la habitación en la que contemplamos a la mujer colgada, suspendida del cuello por retorcidos lazos. Cuando él la ve, el infeliz, lanzando un espantoso alarido, afloja el nudo corredizo que la sostenía. Una vez que estuvo tendida, la infortunada, en tierra, fue terrible de ver lo que siguió: arrancó los dorados broches de su vestido con los que se adornaba y, alzándolos, se golpeó con ellos las cuencas de los ojos…. Las pupilas ensangrentadas teñían las mejillas y no destilaban gotas chorreantes de sangre, sino que todo se mojaba con una negra lluvia y granizada de sangre.]

12. “otro soñó despierto”. La vida es sueño (1635) de Calderón de la Barca.

Este soliloquio, uno de los más famosos del teatro universal, pertenece a la última escena de la jornada II de La vida es sueño. El príncipe Segismundo, desde su infancia, ha sido encerrado en una torre por su padre el rey Basilio para evitar que se cumplan los malos augurios de una profecía. El rey para probar la veracidad del vaticinio lleva narcotizado al palacio a su hijo que, al despertar, se muestra orgulloso y cruel y, entre otros desafueros, arroja a un cortesano por una ventana. Segismundo es devuelto de nuevo narcotizado a la torre y, al despertar, se pregunta si la experiencia del palacio ha sido un sueño o ha sido realidad y declama entonces su famoso monólogo, en el que compara la vida con un permanente sueño. El final constituye la más abierta expresión del sentimiento barroco del desengaño.

[SEGISMUNDO: Es verdad, pues: reprimamos / esta fiera condición, / esta furia, esta ambición, / por si alguna vez soñamos. / Y sí haremos, pues estamos / en mundo tan singular, / que el vivir sólo es soñar; / y la experiencia me enseña, / que el hombre que vive, sueña / lo que es, hasta despertar. // Sueña el rey que es rey, y vive / con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; / y este aplauso, que recibe / prestado, en el viento escribe, / y en cenizas le convierte / la muerte, ¡desdicha fuerte! / ¿Que hay quien intente reinar, / viendo que ha de despertar / en el sueño de la muerte? // Sueña el rico en su riqueza, / que más cuidados le ofrece; / sueña el pobre que padece / su miseria y su pobreza; / sueña el que a medrar empieza, / sueña el que afana y pretende, / sueña el que agravia y ofende, / y en el mundo, en conclusión, / todos sueñan lo que son, / aunque ninguno lo entiende. // Yo sueño que estoy aquí / destas prisiones cargado, /y soñé que en otro estado / más lisonjero me vi. / ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.]

13. “Otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo”. Don Quijote de la Mancha (1605,1615) de Miguel de Cervantes.

Es el comienzo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, la primera parte de El Quijote (1605), considerada la primera obra literaria que se puede denominar, en verdad, novela moderna y también la primera novela polifónica, que interpreta la realidad, no según un solo punto de vista, sino desde varios puntos de vista superpuestos al mismo tiempo. Tal como afirma el propio autor por boca del cura, es una «escritura desatada» donde caben: géneros épicos, líricos, trágicos, cómicos, prosa, verso, diálogo, discursos, chistes, fábulas, filosofía, leyendas… y la parodia de todo ello. Nadie discute el influjo abrumador que ejerció en toda la narrativa europea posterior. En el año 2002 y a petición del Norwegian Book Club se realizó una lista con las mejores obras literarias de la historia, mediante las votaciones de 100 grandes escritores de 54 nacionalidades distintas, apareciendo las obras en estricto orden alfabético, para que no prevaleciese ninguna obra sobre otra, pero por unanimidad se hizo una excepción con “Don Quijote” que encabezó la lista siendo citada como “el mejor trabajo literario jamás escrito”.

[En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda…]

14. “Y canta, oh diosa, con tu canto general”. Canto general (1950) del chileno Pablo Neruda

El Canto General consta de quince secciones, 231 poemas y más de quince mil versos. Obra tremendamente ambiciosa, es el gran poema épico de toda Hispanoamérica en el que se describe el origen cosmogónico del continente, la riqueza de las culturas precolombinas, la llegada de los conquistadores y la lucha por la independencia. Pero es también la biografía de un hombre, el propio Neruda, y un canto a sus compatriotas anónimos, a la fraternidad con los oprimidos y humildes y a la vastedad silenciosa y solemne del gran océano inmemorial que lo circunda todo. Se trata, en palabras de Mario Ferrero, de una obra “densa y monumental, la de mayor amplitud temática y síntesis americanista que se haya realizado en el continente”.

[A través de la tierra juntad todos / los silenciosos labios derramados /

y desde el fondo habladme toda esta larga noche / como si yo estuviera con vosotros anclado, / contadme todo, cadena a cadena, / eslabón a eslabón, y paso a paso, / afilad los cuchillos que guardasteis, / ponedlos en mi pecho y en mi mano, / como un río de rayos amarillos, / como un río de tigres enterrados, / y dejadme llorar, horas, días, años, / edades ciegas, siglos estelares. / Dadme el silencio, el agua, la esperanza. / Dadme la lucha, el hierro, los volcanes. / Apegadme los cuerpos como imanes. / Acudid a mis venas y a mi boca. / Hablad por mis palabras y mi sangre.] (“Alturas de Macchu Picchu”, XII)

15. “A la ballena blanca”. Moby Dick o la ballena blanca (1851) de Herman Melville

El tema central de la novela es el conflicto entre el capitán Ahab y la gran ballena blanca que le había arrancado la pierna a la altura de la rodilla. Ahab, ávido de venganza, se lanza con toda su tripulación a una desesperada búsqueda de su enemigo. La obra sobrepasa en mucho la aventura y se convierte en una alegoría sobre el mal incomprensible representado por la ballena, un monstruo de las profundidades, que ataca y destruye lo que se pone en su camino, y también por el capitán Ahab, que representa la maldad absurda y obstinada, que sostiene una venganza personal y arrastra a la muerte inútil a muchos inocentes.

[Las aguas que le rodeaban se iban hinchando en amplios círculos; luego se levantaron raudas, como si se deslizaran de una montaña de hielo sumergida que emergiera rápidamente a la superficie. Se intuía un rumor sordo, un zumbido subterráneo…Todos contuvieron el aliento al surgir oblicuamente de las aguas una mole enorme, que llevaba encima cabos enmarañados, arpones y lanzas. Se elevó un instante en la atmósfera irisada, como envuelta en una grasa de finísima textura, y volvió a sumergirse en el océano. Las aguas, lanzadas a treinta pies de altura, fulgieron como enjambres de surtidores, para caer luego en una vorágine que circuía el cuerpo marmóreo de la ballena.]

16. “a la noche oscura”. Noche oscura de San Juan de la Cruz (1542-1591)

Este poema, una de las cumbres de la literatura mística universal, expone, bajo la forma de una alegoría, el caminar del alma hasta su unión con Dios. El fundamento alegórico es una situación amorosa humana revestida de expresiones eróticas: la amada que sale “a oscuras y segura” a encontrarse con el amado. Se trata literalmente de un canto de amor, pero en el que la amada simboliza al alma y el Amado, a Dios. Al final del poema, se encuentran los enamorados y su amor se consuma en la más dichosa plenitud, que en este caso es la fusión del alma con la divinidad. Como apuntó Jorge Guillén, “pocas, muy pocas veces se habrá cantado la consumación del amor como en la última estrofa, tan densa, con laxitud que es plenitud”.

[En una noche oscura, / con ansias en amores inflamada, / ¡oh dichosa ventura! / salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada. // A oscuras y segura, / por la secreta escala disfrazada, / ¡oh dichosa ventura! / a oscuras y en celada, / estando ya mi casa sosegada.

(…)

El aire de la almena, / cuando yo sus cabellos esparcía, / con su mano serena / en mi cuello hería, / y todos mis sentidos suspendía. // Quedéme y olvidéme, / el rostro recliné sobre el amado, / cesó todo, y dejéme, / dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidado.]

17. “al arpa en el rincón”. Rima VII de Gustavo Adolfo Bécquer

“Ha pasado ya la obra de Bécquer por los tres estados que acaso deba atravesar un escritor para convertirse en un clásico. Al desconocimiento inicial, excepto por un grupo de amigos, sucede inmediatamente después de su muerte la atención ignorante del público, que lo mismo acepta sin saber lo que acepta como rechaza sin saber lo que rechaza; luego, en la época modernista, el olvido; ahora, en años recientes, el interés hacia su obra ha vuelto a surgir, pero ya es perceptible la trascendencia evidente que su obra tiene. Es decir: como un clásico. En efecto, Bécquer desempeña en nuestra poesía moderna un papel equivalente al de Garcilaso en nuestra poesía clásica: el de crear una nueva tradición, que lega a sus descendientes. Y si de Garcilaso se nutrieron dos siglos de poesía española, estando su sombra detrás de cualquiera de nuestros poetas de los siglos XVI y XVII, lo mismo se puede decir de Bécquer con respecto a su tiempo. Él es quien dota a la poesía moderna española de una tradición nueva, y el eco de ella se encuentra en nuestros contemporáneos mejores.” (Luis Cernuda)

[Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo / veíase el arpa. // ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas / como el pájaro duerme en las ramas, / esperando la mano de nieve / que sabe arrancarlas! // —¡Ay! —pensé—; ¡cuántas veces el genio / así duerme en el fondo del alma, / y una voz, como Lázaro, espera / que le diga: «¡Levántate y anda!».]

18. “a los cráneos privilegiados”. Luces de bohemia (1920, 1924) de Ramón del Valle Inclán

La primera vez que Valle utiliza el calificativo de “esperpento” es en la escena XII de Luces de Bohemia, por boca del protagonista Max Estrella: “El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato… Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada…España es una deformación grotesca de la civilización europea…Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas… Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.”

En Luces de Bohemia se dramatiza el recorrido nocturno de un poeta ciego, pobre y bohemio, Max Estrella, acompañado por su amigo Latino de Hispalis, por diversos lugares y ambientes madrileños -un Madrid absurdo, brillante y hambriento-. Este alucinante “vía-crucis” o “bajada a los infiernos” concluye con la muerte de Max a la puerta de su casa, al rayar el alba. Los escenarios recorridos -librería, tabernas, calles, comisaría, calabozos, redacción de un periódico ministerio, etc.- evidencian toda una sociedad miserable y corrupta, a la que el autor critica, parodiándola y caricaturizándola grotescamente. Nada se escapa al ojo penetrante, crítico y satírico de Valle y, además, con la inmediatez y la concreción del Madrid y la España de su tiempo. Todos los estratos sociales están presentes, la historia contemporánea y la pasada, las instituciones oficiales periodísticas y académicas, las huelgas y algaradas, la ley de fugas, el modernismo trasnochado, la falsedad de las primeras vanguardias ultraístas, y, en fin, la manera en que “este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras”.

[PICA LAGARTOS: ¡El mundo es una controversia!

DON LATINO: ¡Un esperpento!

EL BORRACHO: ¡Cráneo privilegiado!] (Escena XV, final de la obra)

19. “al olmo seco”. A un olmo seco (1912) de Antonio Machado

El poeta observa con asombro cómo, con la primavera, a un olmo viejo y podrido le han brotado algunas hojas verdes; y, con urgencia, antes de que el centenario árbol desaparezca definitivamente, quiere cantar el milagro de la renovación de la vida en un ser que, como el olmo del Duero, había sido herido de muerte. Los tres versos finales añaden una dimensión nueva, más profunda y personal, lo que obliga a otra interpretación al condensarse en ellos el verdadero significado. Pues ese “otro milagro de la primavera” que esperaba Machado era, precisamente, la curación de su mujer, a la sazón muy gravemente enferma de tuberculosis; y de la sorpresa de ver reverdecer aquel viejo árbol partido por un rayo, surgió la esperanza de que Leonor también pudiera vencer a la muerte que la amenazaba; esperanza que no se cumplió, porque ella murió unos meses después.

[Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido, / con las lluvias de abril y el sol de mayo / algunas hojas verdes le han salido.

(…)

Antes que te derribe, olmo del Duero, / con su hacha el leñador, y el carpintero / te convierta en melena de campana, / lanza de carro o yugo de carreta; / antes que rojo en el hogar, mañana, / ardas en alguna mísera caseta, / al borde de un camino; / antes que te descuaje un torbellino / y tronche el soplo de las sierras blancas; / antes que el río hasta la mar te empuje / por valles y barrancas, / olmo, quiero anotar en mi cartera / la gracia de tu rama verdecida. / Mi corazón espera / también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera.]

20. “A la dulce Rita de los Andes”. Idilio muerto (1918) del peruano César Vallejo

“Idilio muerto” es un poema perteneciente a Los Heraldos Negros en el que el poeta recuerda con añoranza un amor provinciano juvenil de su región andina –Santiago de Chuco– al que describe como una flor hermosa y a la vez grácil y flexible, de junco y capulí. Vallejo se encuentra en París, a quien llama Bizancio, pero nunca se sentiría a gusto en esta ciudad de la cual piensa que hasta su lluvia le quita las ganas de vivir y su sangre dormita como flojo coñac. El poeta se pregunta –en un ubi sunt? Nostálgico– dónde estarán las manos, la falda, el andar, el sabor a cañas de mayo de aquella muchacha tan pura y ¡ay! tan lejana.

[Qué estará haciendo esta hora / mi andina y dulce Rita de junco y capulí; / ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita / la sangre, como flojo cognac, dentro de mí. // Dónde estarán sus manos que en actitud contrita /

planchaban en las tardes blancuras por venir; / ahora, en esta lluvia que me quita /las ganas de vivir.// Qué será de su falda de franela; de sus / afanes; de su andar; / de su sabor a cañas de mayo del lugar. // Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje, / y al fin dirá temblando: «Qué frío hay… Jesús!» / y llorará en las tejas un pájaro salvaje.]

21. “a las ilusiones perdidas”. Las ilusiones perdidas (1836-1843) de Honoré de Balzac.

“Es la más larga y posiblemente la mejor de las novelas de Balzac. Las ilusiones perdidas, que en un principio estaba pensada como una novela corta, acabó convirtiéndose en una trilogía: Los dos poetas, Un gran hombre de provincias en París y Los sufrimientos del inventor. Balzac las escribe entre 1835 y 1843, sus años más creativos, los años en los que decide la integración de estas novelas en una serie, La comedia humana, que completaría febrilmente en los siete años posteriores, asediado por las deudas. En total noventa novelas hasta su muerte en 1850.

Lo que se cuenta aquí es la historia del triunfo público y el fracaso personal de Lucien de Rubempré, un joven que llega desde Angulema a París con la ambición idealista de hacer carrera como poeta. La historia de la degradación del idealismo y de la voluntad de Schopenhauer en una novela que anticipa las de Baroja. El choque de la realidad y el deseo, de la sociedad y el individuo acaba rubricando esta historia de un desengaño en el que la realidad social constituye el paisaje humano que es no sólo el telón de fondo de esta trilogía, sino el vivo retrato de una época.” (Santos Domínguez)

[El periodismo, en vez de ser un sacerdocio, se ha convertido en un instrumento para los partidos; de instrumento ha pasado a ser comercio, y como todos los comercios, carece de fe y de ley. Todo periódico es una tienda donde se venden al público palabras del color que busca. Un periódico no está para esclarecer sino para alagar las opiniones. Así todos los periódicos serán, en un tiempo dado, cobardes, hipócritas, infames, mentirosos, asesinos; matarán las ideas, los sistemas, los hombres y, por eso mismo, florecerán.]

22. “y al verde viento”. Romance sonámbulo de Federico García Lorca

Es el romance más conocido del Romancero gitano (1928), definido por Alberti como “un romance lleno de misterioso dramatismo”. Una historia de amor y muerte, de no fácil comprensión, en el que el tono lírico domina todo el poema por la repetición obsesiva de “Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas”; y, como afirma Miguel García-Posada, la grandeza cósmica de las imágenes (“Un carámbano de luna, / la sostiene sobre el agua”), la sugerencia inesperada (“La noche se puso íntima / como una pequeña plaza”), el ritmo vario y perfecto, todo bajo la magia de lo verde que tiñe el poema desde el principio al fin, y la luna, siempre unida a la muerte en la obra de Lorca, conforman el fondo sonambular de esta maravilla poética.

[Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña. / Con la sombra en la cintura / ella sueña en su baranda, / verde carne, pelo verde, / con ojos de fría plata. / Verde que te quiero verde. / Bajo la luna gitana, / las cosas la están mirando / y ella no puede mirarlas…]

23. “y a las sirenas”. Canto XII de La Odisea de Homero (siglo VIII a. de C.)

Las aventuras de Ulises no son nada más que un conglomerado de cuentos populares, de procedencia muy dispersa y antigua, que el autor de la Odisea —quienquiera que fuese— supo formalizar prodigiosamente en torno al protagonista, consiguiendo así una obra definitiva sobre el hombre y sobre el viaje como simbólica aventura de su vivir y de su destino. El héroe, después de pasar esta «odisea», regresa a su patria, lo que ha sido su continua obsesión: a Ítaca, una pequeña y montañosa isla del mar Jónico, pero «tan hermosa al atardecer”. Tras vencer a sus enemigos, recobra a su esposa, la fiel Penélope, y a su hijo Telémaco y, desde luego, su casa y su reino. La Odisea, como bien se ha dicho, es en realidad el «poema de la nostalgia», entendido este término en su sentido etimológico: nostos, que en griego significa ‘retormo’, y algos, que quiere decir ‘dolor’; o sea, que es este el poema del deseo y la ansiedad obsesiva por el retomo a la patria.

[Cuando la nave, en nuestra veloz marcha, estaba a una distancia en que se oye a un hombre al gritar, no se les ocultó a las Sirenas que se acercaba y entonaron su sonoro canto:

–Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuanto sucede sobre la tierra fecunda.

Así decían lanzando su hermosa voz. Entonces mi corazón deseó escucharlas y ordené a mis compañeros que me soltaran haciéndoles señas con mis cejas, pero ellos se echaron hacia adelante y remaban, y luego se levantaron Perimedes y Euríloco y me ataron con más cuerdas, apretándome todavía más.

Cuando por fin las habían pasado de largo y ya no se oía más la voz de las Sirenas ni su canto, se quitaron la cera mis fieles compañeros, la que yo había untado en sus oídos, y a mí me soltaron de las amarras.]

24. “Y a mí mismo”. Canto a mi mismo (1855) es el titulo de uno de los fragmentos de los 52 que componen Hojas de hierba de Walt Whitman:

“No existe en la poesía contemporánea de América un proyecto lírico que pueda equipararse en intuición e idealismo a Hojas de hierba. Es la culminación de la gran epopeya americana, la que inaugura el tiempo nuevo de la poesía moderna. Y es que en Walt Whitman converge la experimentación con la mesura del Nuevo Testamento, el árido perfume del Oeste con la sensualidad que arremete contra la vieja concepción moral del alma. Llega con Whitman la festividad de la carne, el camino del cuerpo. “Canto a mí mismo”, dice, pero desdoblándose en los otros. Ahí radica la intensidad de su escritura, en su honda filantropía. Enfrentarse a Hojas de hierba, someterse a su verso torrencial, orgánico, humanísimo, es abrazar el ansia de construcción de un Mundo Nuevo, sin dogmas ni sistemas, donde el poeta asume la voz del pueblo. Esta es su gran aspiración, como toda poesía verdadera”. (Antonio Lucas)

[Me celebro y me canto a mí mismo. / Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, / porque lo que yo tengo lo tienes tú / y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también. // Vago… e invito a vagar a mi alma. / Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra / para ver cómo crece la hierba del estío. / Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí, / de esta tierra y de estos vientos. / Me engendraron padres que nacieron aquí, / de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí, / de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también…]

Miguel Díez R.

CUENTOS BREVES RECOMENDADOS POR MIGUEL DÍEZ R. 

MEMORIAS DE UN VIEJO PROFESOR. LA LECTURA EN EL AULA (PDF)

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