Yo confieso que he leído a Jaume Cabré

Jaume Cabré, novelista, yo confieso
Escritor catalán Jaume Cabré: Fuente: El País

YO CONFIESO QUE HE LEÍDO A JAUME CABRÉ

Francisco Rodríguez Criado

 

El caso Jaume Cabré

Con Cabré se da pues una circunstancia poco usual: un escritor de primer orden que se cuela en las librerías de cientos de miles de hogares. Si tenemos en cuenta que no es precisamente fácil de leer –al menos hasta que uno interioriza su estilo–, deberíamos considerar al Caso Cabré poco menos que un milagro.

Aunque había sido traducido al castellano en varias ocasiones (La telarañaFray Junoy o la agonía de los sonidosLibro de preludios), este éxito a gran escala ha venido en cierto modo respaldado –por no decir provocado– por las recientes traducciones de algunos de sus libros fundamentales a varios idiomas, entre ellos el castellano: Señoría (Edición Proa, 1991, y después Destino, 2012)Yo confieso (Destino, 2011) y  Las voces del Pamano (Destino, 2012).

Desde estas novelas, el autor catalán sella un pacto con lectores voluntariosos que forzosamente deben contar con al menos dos grandes virtudes: la paciencia y el esfuerzo. Hablamos de tres novelas extensas (en las ediciones de Destino: 478, 860 y 616 páginas respectivamente) donde la técnica tiene tanta o más importancia que el argumento. Cabré juega a hacer gran literatura desde presupuestos innovadores. El lector debe adentrarse sin complejos en un mundo técnicamente rupturista donde abundan: la analepsis –lo que se conoce en cine como flashbacks–; la inserción de marcos temporales muy distanciados entre sí; la mezcla de diálogos entre personajes que no comparten la misma escena; el enfoque del personaje principal desde la primera y la tercera persona alternativamente, a veces en el mismo párrafo; la alternancia de historias a priori desconectadas entre sí, etcétera.

El andamiaje con diversos planos y la superposición de las voces de los personajes, que resuenan en la página más inesperada, sin previo aviso, se dan en los tres libros citados, pero es en Yo confieso donde Cabré lleva al límite esa técnica vertiginosa que le permite pergeñar una narración multidireccional.

Pero este vanguardismo no nos conduce a obras intrínsecamente modernas (escribo en cursivas para enfatizar la posible inexactitud de ambas palabras). Yo diría que Cabré es conceptualmente un escritor del XIX que escribe con las técnicas más avanzadas del XXI. Sus novelas, gestadas a la manera decimonónica (unas más, unas menos), suponen ciudades de papel, mundos completos, maximalistas, no fragmentarios (tan de moda en la novela actual), desarrollados con demora (pese a que no son publicadas en folletines), en los que se retoman sin complejo los grandes temas de todos los tiempos: los excesos del poder, la tiranía, el bien y el mal, la culpa, la búsqueda de la redención, la pulsión sexual, etcétera, aliñados en ocasiones (Libro de preludios o Yo confieso) con resonancias musicales.

Yo confieso

A Jaume Cabré le llevó ocho años de duro trabajo la redacción de Yo confieso, la novela más ambiciosa que yo he leído en los últimos años. A mí –lo confieso, ya que estamos– me va a llevar su tiempo tratar de desenredar el argumento de esta novela singular que dispara sucesos, personajes y épocas como fragmentos de metralla dispara una bomba de racimos.

Yo confieso es una novela libre en la que los hechos, los personajes o el argumento no se amoldan a una estructura clásica (presentación, nudo y desenlace). Ocurre más bien que es la estructura la que ha de amoldarse sobre la marcha a las necesidades de la narración. (En este aspecto, Yo confieso es quizá la menos decimonónica de sus novelas).

Cabré ha dicho públicamente que la novela nació de manera casual y que al principio no sabía por dónde iba a discurrir. Esa falta de definición durante la concepción de la obra se nota. Yo confieso no es una narración estándar, sino un cúmulo de narraciones que se van ramificando y se aglutinan, aquí y allá, a modo de puzle, encaminadas hacia un final en el que han de encajar todas las piezas. En una entrevista con Nuria Azancot (El Cultural, 30-12-2012), el autor declaraba abiertamente que la novela está inacabada.

Puede que sea una forma de hablar, pero en caso de que ciertamente esté inconclusa, admito que no me importa. Aquí debo darle una vez la razón a Kavafis: lo importante en Yo confieso no es el destino sino el viaje.

El libro –lo diré ya– es a primera vista una novela de iniciación, en un formato vagamente epistolar, que va creciendo a la par que su personaje, Adrià Ardèvol, hijo único de una familia bien barcelonesa cuya felicidad se ve condenada desde muy niño por un padre autoritario (con un pasado oscuro) y una madre que jamás le dio un beso. Adrià se convierte en un genio de las letras (aprende diez, quince idiomas) por imposición paterna y en un buen violinista (por imposición materna). Así las cosas, conforme se va haciendo mayor siente la urgencia de encontrar su propia identidad y el sentido de la vida.

Este resumen, que podría ser la sinopsis de una narración convencional, se va contagiando de otras historias hasta diseñar un laberinto que le exige al lector redoblar la atención y la perspicacia para poder hallar la salida. Poco a poco, vamos adentrándonos en un gran bazar de peripecias que recorren épocas varias: Vic y Roma (1914-1918), Barcelona (años 40 y 50), Gerona (siglos XIX y XV), París (siglos XVII y XVIII), Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial… Y conocemos numerosos personajes: la familia Ardèvol, el músico Bernat Plensa, el anticuario Berenguer o los inevitables Águila Negra y el Sheriff Carson, dos juguetes del niño Adrià que personifican su conciencia. Y, por supuesto, el emblemático personaje-objeto: un violín, un Storioni con nombre propio que ha vivido desde su fabricación una apasionante historia, como si del Santo Grial se tratara, atravesada por siglos de sufrimientos y emboscadas.

Yo confieso es una monumental novela-río, obra maestra que no deja en buen lugar –como suele ocurrir con Cabré– al ser humano. Pero siempre hay una puerta abierta a la esperanza, que aquí ejemplifica Adrià Ardèvol, humanista e investigador de las ideas cuyo preciado violín ha contemplado con horror a ese Hombre que es un lobo para el Hombre y a quien después de tantos crímenes no le queda, en el mejor de los casos, más alternativa que el afán de redención.

[Artículo publicado por primera vez en Túnel de Letras, el 15 de marzo de 2013]

Yo confieso, Jaume Cabré
Yo confieso, de Jaume Cabré (Editorial Destino)

Yo confieso, de Jaume Cabré (Destino, 2011)

 

Ficha técnica del libro

Título: Yo confieso

Autor: Jaume Cabré

Editorial: Destino

Fecha de publicación: 02/09/2011

1000 páginas

Idioma: Español

ISBN: 978-84-233-4508-3

Código: 10003786

Formato: 13,3 x 23 cm.

Tomo 1213 – Lomo 1213

Presentación: Rústica con solapas

Colección: Áncora & Delfin

Traductor: Concha Cardeñoso

 

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