Adictos al miedo

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Adictos al miedo. Fuente de la imagen
ADICTOS AL MIEDO
La cohabitación de Internet en nuestros hogares ha supuesto un filón para esas personas que necesitan insuflar una dosis diaria de miedo en sus vidas. Los adictos al miedo no tienen más que abrir el correo electrónico cada mañana para recibir ominosas advertencias que les concedan otra jornada más condenada al sobresalto. La sociedad del pánico está en guardia. Ya sabemos que el imán en los frigoríficos puede provocar cáncer; que piratas informáticos pueden saquear nuestras cuentas bancarias en cualquier momento; que “según la CNN” acaba de salir el enésimo virus dispuesto a adulterar irremediablemente el disco duro de nuestros ordenadores; que ciertos refrescos de cola pueden dañar nuestra salud; o que el aspartamo, lejos de endulzar nuestras existencias, nos va a enviar a la UVI. ¿Come usted chicles sin azúcar? ¡No lo haga, pueden ser peligrosos! Como también puede ser peligroso salir del coche con las llaves puestas para quitar la propaganda comercial del limpiaparabrisas trasero, dejando así el terreno libre al caco de turno (que al parecer prefiere actuar a plena luz del día en un lugar muy transitado en vez de puentear el motor de arranque en la impunidad de la noche).
Estas informaciones en cadena –con su parte de verdad y de mentira– vienen a explicarnos algo que ya sabíamos incluso antes de que nos cortaran el cordón umbilical: vivir es arriesgado. Pero si es cierto que la vida son cuatro días, ¿qué sentido tiene pasar uno de ellos dormido y los otros tres muertos de miedo? Prefiero actuar en positivo y pensar, como Eduardo Punset, que hay vida antes de la muerte.
(Artículo publicado en la contraportada de El Periódico Extremadura el miércoles, 28 de diciembre de 2011).

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