Cuento breve recomendado: “Las ciudades y los intercambios 1”, de Italo Calvino

cuento de Italo Calvino
Escritor Italo Calvino. Fuente de la imagen

“—Entonces —dice Kublai —, las ciudades que describes en tu narración no son reales, son sólo la huella que quedó en tu alma tras tu estancia en ellas. Tu relato no me permitirá poseer todas esas urbes que mis ejércitos han conquistado, solamente si las visito en persona lograré hacerlas mías.

—Tampoco, Gran Khan –contesta Marco Polo-; en ese caso sólo conseguirías escribir tu propio relato. Pero ahí está la grandeza de la literatura: Es un viaje que nos permite llegar a cualquier parte, pero que debemos emprender solos ya que, por largo que sea el camino, al final el viajero siempre retorna al origen de todo, a sí mismo.”

Las ciudades invisibles

LAS CIUDADES Y LOS INTERCAMBIOS. 1

(cuento)

Ítalo Calvino (Italia, 1923-1985) 

A ochenta millas de proa al viento maestral, el hombre llega a la ciudad deEufemia, donde los mercaderes de siete naciones se reúnen en cada solsticio y en cada equinoccio. La barca que fondea con una carga de jengibre y algodón en rama volverá a zarpar con la estiba llena de pistacho y semilla de amapola, y la caravana que acaba de descargar costales de nuez moscada y de pasas de uva ya lía sus enjalmas para la vuelta con rollos de muselina dorada. Pero lo que impulsa a remontar ríos y atravesar desiertos para venir hasta aquí no es solo el trueque de mercancías que encuentras siempre iguales en todos los bazares dentro y fuera del imperio del Gran Kan, desparramadas a tus pies en las mismas esteras amarillas, a la sombra de los mismos toldos espantamoscas, ofrecidas con las mismas engañosas rebajas de precio. No solo a vender y a comprar se viene a Eufemia sino también porque de noche, junto a las hogueras que rodean el mercado, sentados sobre sacos o barriles o tendidos en montones de alfombras, a cada palabra que uno dice -como “lobo”, “hermana”, “tesoro escondido”, “batalla”, “sarna,”, “amantes”- los otros cuentan cada uno su historia de lobos, de hermanas, de tesoros, de sarna, de amantes, de batallas. Y tú sabes que en el largo viaje que te espera, cuando para permanecer despierto en el balanceo del camello o del junco se empiezan a evocar todos los recuerdos propios uno por uno, tu lobo se habrá convertido en otro lobo, tu hermana en una hermana diferente, tu batalla en otra batalla, al regresar de Eufemia, la ciudad donde se cambia la memoria en cada solsticio y en cada equinoccio.

Las ciudades invisibles (Le cittá invisibile,1972), trad. Aurora Bernárdez, Barcelona, Minotauro, 1983, págs. 44-49

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