El Diario Down: Nacer de nuevo

 

 

 

El Diario Down, Nacer de nuevo, Francisco Rodríguez Criado
Francisco padre y Francisco junior

El Diario Down: Nacer de nuevo

Francisco Rodríguez Criado

La cuenta atrás ya ha comenzado. Ayer fue el primer día (y vendrán muchos más) que pasamos en el hospital. El objetivo: ultimar los detalles de la inminente operación a la que se va a someter Francisco. Hablamos largo y tendido con la anestesista y con el cirujano que va a operarle en breve. Los dos se encargaron de contarnos con todo el cariño del mundo (pero sin endulzar un ápice la obligada crudeza de su narración) que nos esperan unos días difíciles. La operación es compleja y larga (ocho horas, aproximadamente) y no está exenta de riesgos, entre ellos la muerte. Afortunadamente, las estadísticas juegan a nuestro favor: solo fallecen entre el 3 y el 5 por ciento de los pacientes que son intervenidos de una Tetralogía de Fallot. Se entenderá que no escribo “solo” cegado por la insensibilidad, lo que quiero decir es que teniendo en cuenta que se trata de una operación a corazón abierto es una buena noticia que al menos el 95 o el 97 por ciento de los pacientes abandonen el quirófano vivos y con un pronóstico muy bueno.

Así que podemos estar contentos. Nuestro adorable bebé va a pasar intubado varios días, tras los cuales habrá de residir dos semanas (al menos) en el hospital, atendido por las enfermeras y por un grupo de médicos. Pero estamos contentos.

Contentos de ese alto índice de posibilidades de que la intervención sea un éxito. De que los cardiólogos que van a operarle sean eminencias en su campo. De no atisbar ni sombra de la muerte en el rostro de ese ángel de pelo rubio y ojos azules. Ese rostro que, pasadas dos semanas, tres a lo sumo, se iluminará de alegría en su sana obstinación por hacernos felices.

Estamos contentos no de que el niño vaya a celebrar su quinto mes de vida sobre una mesa de operaciones sino de que ese día, si todo sale como deseamos, volverá a nacer.

Estamos contentos, básicamente, de tener fuerzas para estar contentos.

 

Esta mañana he visto en el parque a un amiguete cuyo perro juega a menudo con Vilma y Betty. Como sabía que su mujer estaba a punto de dar a luz, le he preguntado por ella y por el niño.

–Ella está genial. Y el niño nació hace unos días –me ha informado.

–Felicidades. ¿Todo bien?

–Sí, todo bien. ¿Y Francisco?

Iba a decirle que estaba a punto de nacer de nuevo, pero me limité a sacar mi orgullo de padre:

–Mi  hijo es todo un campeón.

Y no miento. Francisco ha venido a este mundo con una trisomía del par 21 y una cardiopatía severa, y pese a todo afronta su futuro con la sonrisa más hermosa del mundo.

Siempre quise tener un hijo que fuera un campeón, un valiente que nunca bajara la guardia en los grandes campeonatos de la vida, un guerrero sin miedo a vivir y sin miedo a morir.

Mientras escribo estas líneas ese guerrero indestructible, recién terminado su biberón, dormita placentero a mi lado.

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