Cómo convertir cuentos para niños en clásicos de la literatura universal

¿Quién no conoce los cuentos infantiles de Charles Perrault, incluso aunque desconozca que fueron escritos por este autor francés? Todo el mundo ha leído alguna vez “Caperucita Roja”, “El gato con botas”, “La Bella Durmiente del Bosque”, etcétera. Sin embargo, la figura de Perrault sigue siendo desconocida para muchos. Nada que no se pueda solucionar con la atenta lectura de este didáctico análisis de Mª Ángeles Almacellas Bernadó, orientado sobre todo hacia el carácter formativo de esos cuentos que nutrieron nuestra infancia, y que Perrault publicó, por primera vez, no con su firma sino con la de su hijo.

(Fuente del texto e imágenes: Editora Mandruvá) 

Los Cuentos de Charles Perrault

y su Carácter Formativo

Mª Ángeles Almacellas BernadóEscuela de Pensamiento y Creatividad (Prof. A. López Quintás)
“Y fueron muy felices durante el resto de sus vidas”, después de haber sufrido mil injusticias y contrariedades. Este es el mensaje que suelen encerrar los cuentos de Perrault: el bien y la bondad siempre acaban triunfando.
Charles Perrault (París 1628-1703), conocido personaje de la corte francesa de Luis XIV, fue escritor, abogado, comisario administrativo, miembro de la comisión sobre inscripciones en los monumentos públicos y miembro de la Academia Francesa (1671). En 1697, cuando ya contaba 69 años, publicó, con el nombre de su hijo, Pierre Darmancour, la obra que le habría de hacer especialmente famoso: Les Histoires et contes du temps passé avec des moralités, ou Contes de ma Mère l’Oye. Se trata de un libro breve que contiene ocho narraciones, que se han convertido en verdaderos mitos de la literatura infantil: Barba Azul, La Cenicienta, La Bella durmiente del bosque, Caperucita roja, El gato con botas, Las Hadas, Riquete el del copete, y Pulgarcito [1] .
Perrault toma el asunto de sus cuentos de la tradición oral o escrita (folklore popular francés, leyendas medievales, caballerescas o cortesanas, textos del Renacimiento italiano…), pero los retoca y los reelabora según el gusto refinado propio de su época. Los cuentos adaptados por Perrault no pertenecían a la literatura infantil, sino a la literatura oral destinada a ser narrada en las largas veladas de invierno, al amor de la lumbre, y él los pasó a la literatura escrita y culta. Para ello suprimió cuanto tenían de vulgar, integró los elementos populares del cuento a una trama romántica, los acomodó a la sociedad de su tiempo, y les añadió algunos rasgos de humor, como, por ejemplo, que la malvada ogresa de La Bella Durmiente del Bosque quiere comerse a la pequeña Aurora “en salsa Robert”. Pero, para que sus narraciones no perdieran el estilo propio de la transmisión oral ni un cierto aire de inocencia e ingenuidad, utilizó diversos recursos estilísticos, como numerosos arcaísmos, el diálogo, el presente histórico, las repeticiones (“¡Qué orejas tan grandes tienes! [2] ; “Hermana mía, ¿no ves nada? [3] )… Con todo ello transformó el cuento popular e inauguró el género de cuentos destinados a los niños, que tantos seguidores tendría en los siglos siguientes, como la escritora francesa Madame Le Prince de Beaumont (1711-1780), a quien debemos el delicioso cuento La Bella y la Bestia tal como ha llegado hasta nosotros; los hermanos Grimm en Alemania -Jacob Ludwig (1785-1863) y Wilhelm Karl (1786-1859)-, quienes adaptaron algunos cuentos tomados del mismo Charles Perrault, y contribuyeron decisivamente a la noción moderna del cuento popular; el danés Hans Christian Andersen (1805-1872)…
Los ocho cuentos populares de Charles Perrault son, pues, narraciones para niños, en las que aparece un mundo fantástico de hadas, temibles ogros y personajes malvados, aunque nunca exentos de una cierta ingenuidad, es decir, nunca “aterradores”. Pero una lectura atenta y penetrante descubre en ellos experiencias humanas profundas que, bien interpretadas, constituyen una expresión certera de la lógica de la naturaleza humana y, por tanto, encierran un gran poder formativo.

La bella durmiente del bosque

Resumen del argumento

“Érase una vez…” un Rey y una Reina que celebraron con una gran fiesta el bautizo de su hija recién nacida. Invitaron a todas las hadas de la comarca, siete en total, que fueron sus madrinas. A cada una de ellas los Reyes les hicieron un regalo magnífico. Pero, de súbito, apareció una anciana y malvada hada, enfurecida porque no había sido invitada ni había regalo preparado para ella. Al final del banquete, las madrinas empezaron a otorgar sus dones a la princesita, de modo que fue dotada de todas las perfecciones imaginables. Cuando llegó su turno, la vieja, que quería vengar la ofensa, vaticinó que la niña se pincharía con un huso, y que eso le causaría la muerte. La más joven de las hadas, que astutamente se había reservado para el final, pudo alterar parte del hechizo y pronosticó que la princesita no moriría sino que caería en un profundo sueño que duraría cien años, a cuyo término un príncipe la despertaría.
Cuando la hermosa joven había cumplido quince años, se pinchó efectivamente con un huso e inmediatamente cayó en un profundo sueño. Al cabo de cien años, un joven y apuesto Príncipe se aventuró a penetrar en el castillo para ver a la Bella durmiente. Cuando llegó junto a ella, se postró de rodillas y, en ese momento, se deshizo el hechizo y la princesita se despertó. Se casaron y tuvieron dos hijos, una niña y un varón.
El joven esposo, ya Rey por la muerte de su padre, tuvo que ausentarse para ir a la guerra. La Reina madre, que era de la raza de los ogros, quiso comerse a su nieta, la pequeña Aurora, “en salsa Robert”, mas el mayordomo la engañó y le presentó un corderito guisado. Más tarde, cuando la pérfida Reina quiso también comerse al niño y a su madre, el mayordomo repitió el engaño y le sirvió sucesivamente un tierno cabritillo y una cierva. Pero la Reina descubrió la verdad y, enfurecida, mandó llenar una gran cuba con sapos, víboras, culebras y serpientes. Cuando estaba a punto de arrojar en ella a los tres infelices, llegó el Rey inopinadamente. La ogresa se arrojó ella misma a la cuba, donde todas sus maldades encontraron fin. Y el Rey, su bella esposa y sus dos hijos vivieron felices.
El cuento tiene dos partes, que son prácticamente dos relatos distintos. A lo que es propiamente la historia de la Bella durmiente, Perrault le añade un segundo capítulo en el que la madre del príncipe, de la raza de los ogros, intenta comerse a su hermosa nuera y a sus dos nietos.
Las siete hadas madrinas simbolizan el Bien, la generosidad, el compromiso personal para que los demás crezcan y se desarrollen como personas. El hada egoísta y envidiosa de la primera historia y la madre ogresa de la segunda son el Mal, la actitud egoísta del que se entrega a las propias pasiones -envidia, rencor, sed de venganza…- y causa perjuicio a cuanto está en su entorno, hasta acabar con la propia destrucción personal (La malvada ogresa es engullida por los repugnantes animales).
En ambas historias, el Bien, es decir, el amor desinteresado, triunfa al final, ayudado por otros valores, como la astucia de la primera hada, que logra deshacer parte del hechizo, la compasión, el compromiso y el coraje del mayordomo del palacio, quien se arriesga con tal de salvar la vida de los tres seres inocentes.
Al principio, los personajes malvados parecen triunfar, pero terminan por fracasar y destruirse. Aunque el Mal se muestra muy poderoso, la bondad, unida a la inteligencia, siempre acaba triunfando.

Valores: Amor; astucia; compasión; compromiso; coraje

Caperucita roja

Resumen del argumento

“Érase una vez…” una niña hermosa como pocas, que se dirigía a casa de su abuela, que estaba enferma, a llevarle una cesta de provisiones. Al cruzar el bosque, se encontró con el pérfido Lobo, que la hubiera comido allí mismo de no haber sido por la presencia de unos leñadores. Así que disimuló, le habló amistosamente y tomó un atajo para llegar a casa de la abuela antes que Caperucita. Después de comerse a la anciana, se acostó en su cama y esperó a Caperucita roja. Cuando llegó, el Lobo la engañó haciéndose pasar por la abuela, y, finalmente, devoró a la pobre niña.

Es el único cuento de la colección en el que triunfa el Mal. Pero es porque Caperucita roja no reflexiona, no presta atención a su entorno, no piensa “ajustadamente”. Ni reconoce al Lobo, que ve en ella un simple objeto para su utilidad -comérsela-, ni advierte que los leñadores representan su protección y su seguridad. Le falta prudencia, es decir capacidad de discernimiento. Ve todo borrosamente, no distingue unas realidades de otras, no les hace justicia. Caperucita no simboliza el Bien, sino la ingenuidad necia.

No hay que confundir la estulticia con la bondad. Quien es realmente bueno no debe ser necio. Hay que observar con mirada penetrante las realidades del entorno para hacerles justicia y comprometernos con ellas si podemos promocionarlas, o guardarnos prudentemente de ellas si representan un peligro para nosotros. El que ve todo confusamente está expuesto a mil peligros. Caperucita roja confunde el Mal -el malvado lobo- con el Bien -un buen amigo- y eso la lleva a su destrucción personal: es devorada por el Mal.

Valores: Reflexión; justicia; prudencia

Barba Azul

Resumen del argumento

“Érase una vez…” un hombre extremadamente rico que tenía la barba azul, lo que le daba un aspecto muy feo y desagradable. Había estado casado varias veces, pero nadie sabía qué suerte habían corrido todas sus esposas. Sucedió que se casó de nuevo con una hermosa joven. Al cabo de un mes, Barba Azul tuvo que emprender un viaje. Le dejó a su mujer todas las llaves de su castillo. Podía disponer de todo a su antojo, pero le prohibió firmemente que entrara en una estancia del piso bajo, amenazándola con las terribles consecuencias de su ira. La curiosidad movió a la joven a averiguar qué secreto se encerraba allí. Abrió la puerta y vio, horrorizada, los cuerpos ensangrentados de las mujeres de Barba Azul. Con el susto, se le cayó la llave al suelo y la recogió sucia de sangre. Por mucho que la frotó y la intentó limpiar, no conseguía que desapareciera la mancha, porque era una llave mágica.
Cuando regresó Barba Azul y descubrió la verdad, quiso que su nueva esposa ocupara su lugar entre las mujeres por él asesinadas. En el preciso momento en que Barba Azul levantaba el cuchillo para degollar a la joven, llegaron sus hermanos y la salvaron. Así ella quedó libre de su malvado marido y, además, heredera de sus inmensa riquezas. Con ese tesoro ayudó a sus hermanos, y ella misma consiguió una vida muy feliz casada con un hombre bueno.
Barba Azul tiene un físico muy feo y desagradable. Simboliza su deformidad personal. Es el Mal. Por eso, aunque es extremadamente rico, está totalmente solo, es muy desgraciado y, además, hace infelices y destruye a cuantos le rodean. Busca compañía y se finge generoso y amable, pero no está dispuesto a abrirse sinceramente al encuentro interpersonal, a reconocer sus faltas y pedir perdón. Le permite todo a su joven esposa, salvo conocer la verdad de él; le da cosas, pero él no se da. Sus riquezas eran inútiles porque Barba Azul era egoísta y labraba su propia desgracia y la de los demás, pero cuando su fortuna está en buenas manos, sirve para el bien, para ayudar a la felicidad de todos.
Si uno permanece en el nivel infracreativo [4] , sus “riquezas”, es decir, las capacidades que tiene, no tienen sentido, no pueden fructificar. Pero cuando nos elevamos al nivel de la creatividad y del encuentro interpersonal, en la apertura generosa a los demás, esas mismas capacidades son fecundas y contribuyen al bien de todos. El secreto de la felicidad estriba en abrirse al encuentro, ser sincero y veraz, compartir lo que se tiene y lo que se es, y buscar siempre, generosamente, la dicha de los demás.

Valores: Generosidad; autenticidad; sinceridad; perdón

El gato con botas

Resumen del argumento

“Érase una vez…” un viejo molinero, que, al morir, repartió sus escasas posesiones entre sus tres hijos. Al pequeño sólo le correspondió un gato. El pobre heredero se sentía muy desgraciado porque pensaba que, con lo recibido, sólo podía satisfacer su hambre de un día, comiéndose al gato, y aprovechar su piel para hacerse unos manguitos.
Pero el animal le propone salir de la miseria desplegando su inteligencia. Se calza unas botas para caminar, se cuelga un saco al hombro para guardar el botín, y sale a cazar. Cada pieza que cobra se la ofrece al rey de la comarca, en nombre de su amo “el marqués de Carabás”.
Un día, conocedor de que el Rey va a salir a pasear con su hermosa hija, finge que su amo se está ahogando y que unos ladrones le han robado la ropa. El Rey manda socorrerlo y le da unos ricos vestidos suyos para cubrirse. Como es bien parecido, en seguida, entre la princesa y él se intercambian miradas de enamorados.
No lejos de allí habita un horrible ogro, dueño de todas las tierras de la comarca, a cuyos habitantes tiene aterrorizados. El gato se dirige a su castillo, y, con argucias, logra vencerlo y librar de su opresión a la comarca.
El hijo del molinero se convierte en dueño del castillo, se casa con la hija del Rey y todos encuentran la felicidad.
El gato de la historia quiere demostrar a su amo que la verdadera riqueza no estriba en la posesión de muchos bienes, sino en elevarse de nivel, en adoptar una actitud creativa para fecundar así las realidades de nuestro entorno. Le pide unas botas para andar, porque no se limita a actuar como podría esperarse de un gato, sino que va a “ir más lejos”, se va a abrir a la novedad, desplegando toda su inteligencia para favorecer a su amo, es decir, adopta una actitud creativa y, con ello, se eleva de nivel.
La creatividad implica contemplar las realidades del entorno no como objetos con una utilidad inmediata, sino como ámbitos, es decir, como fuentes de posibilidades. Ser creativo supone apertura y disponibilidad para ofrecer las propias posibilidades y receptividad para aceptar las que otorgan las realidades del entorno. Las botas son el símbolo de su apertura y disponibilidad, mientras el saco simboliza la receptividad.
El gato no se limita a lo más inmediato, a lo útil (podría llevar los conejos a su amo para que se los comiera y, así, solucionaría momentáneamente el problema de saciar el hambre). Tiene una visión de largo alcance y actúa previendo las consecuencias de sus actos: va llevando los obsequios al Rey en nombre de su amo “el marqués de Carabás”.
La amistad verdadera busca el bien del amigo, se esfuerza en promocionarlo. En el nivel de los objetos, el joven era el pobre hijo de un molinero, pero el gato, que es su amigo fiel, se esfuerza en elevarlo de nivel. A esa elevación alude el que lo llame “marqués”.
Cuando en sus correrías se encuentra con el mal, en la figura del ogro, el gato lo vence, pero no con sus mismas armas, es decir, no descendiendo a su nivel y utilizando la fuerza, sino con astucia. Y finalmente consigue que su amo se instale definitivamente en el nivel de la creatividad (llega a lo más alto: yerno del Rey), despliegue todas sus facultades (enamora a la hermosa princesa) y alcance así la felicidad.
No es rico el que posee objetos sino el que se eleva de nivel, porque lo realmente valioso, lo que lleva al hombre a su plenitud, se encuentra en el nivel de la creatividad.
Valores: Amistad; astucia; creatividad.
Las hadas

Resumen del argumento

“Érase una vez…” una viuda que tenía dos hijas: la mayor era, como la madre, fea, desagradable y orgullosa; la pequeña era tan hermosa como dulce y buena. Por su actitud generosa y amable, un hada le concedió el don de que, a cada palabra que pronunciara, de su boca brotaría una flor o una piedra preciosa. En cuanto a la mayor, por su actitud egoísta fue castigada a que cada vez que hablara, saliera de su boca una serpiente o un sapo. Por rabia y despecho, echaron a la pequeña de casa, pero un apuesto príncipe la encontró, se enamoró de ella, se casaron y fueron muy felices. La hermana mayor se hizo tan despreciable, que acabó muriendo sola en un rincón del bosque.
La muerte en un rincón del bosque simboliza la terrible soledad y la destrucción personal de quien actúa malévolamente. El que es egoísta hace sufrir a los otros, se aísla y se destruye a sí mismo. El que es generoso y amable hace felices a los demás y encuentra su propia felicidad.
Valores: Generosidad; amabilidad
La cenicienta

Resumen del argumento

“Érase una vez…” una hermosa y bondadosa niña a quien su cruel madrastra y sus dos hermanastras obligaban a ocuparse de las labores más duras del palacio, como si fuera la última de las criadas. Sucedió que el hijo del Rey celebró un gran baile. Cenicienta ayudó a sus egoístas hermanastras a vestirse y peinarse para la fiesta. Cuando se hubieron marchado, la pobre niña se echó a llorar amargamente porque también le hubiera gustado ir al baile del Príncipe. Pero he aquí que se le apareció su hada madrina, hizo una carroza con una calabaza, convirtió seis ratoncitos en otros tantos caballos, una rata en un grueso cochero, y seis lagartos en elegantes lacayos. Después tocó a Cenicienta con su varita mágica y sus harapos se convirtieron en vestidos resplandecientes, y sus alpargatas en preciosos zapatitos de cristal. Pero le advirtió que, al filo de la medianoche, todo volvería a su realidad. Cuando llegó a la fiesta, su radiante belleza causó asombro y admiración. El Príncipe no se apartó de ella ni un solo instante. Poco antes de la doce, Cenicienta hizo una graciosa reverencia y se retiró. Al día siguiente seguían los festejos principescos y todo se repitió de igual manera que la víspera. Pero la pobre Cenicienta, tan feliz con su Príncipe, casi olvida que a las doce terminaba el hechizo. Cuando oyó la primera campanada de las doce, echó a correr y, con las prisas, perdió uno de sus zapatos de cristal.
El hijo del Rey hizo publicar un edicto anunciando que se casaría con la doncella cuyo pie se adaptara al zapato. Cuando Cenicienta se lo probaba, apareció su hada madrina, la tocó con su varita mágica y, al instante, sus vestidos resplandecieron. Las hermanastras reconocieron en ella a la hermosa de la fiesta, se arrodillaron y le pidieron perdón. Cenicienta y el Príncipe se casaron, perdonaron a las hermanas, a las que casaron con dos grandes señores de la Corte, y todos fueron muy felices.
El Mal causa la desgracia de todos. El malo y egoísta se deforma como persona (por eso las hermanas son feas), mientras que el Bien es tan hermoso como Cenicienta. El Bien causa la felicidad de todos porque es generoso y capaz de perdonar. La bondad triunfa siempre sobre la maldad.
Valores: Bondad; generosidad; perdón.
Riquete el del copete

Resumen del argumento

“Érase una vez…” un Príncipe tan feo físicamente como inteligente y ocurrente. Nació con un copete de pelo encima de la frente, por lo que lo llamaron Riquete el del Copete. Un hada que presenció su nacimiento le concedió que pudiera otorgar una inteligencia tan brillante como la suya a la persona a quien él más amara.
No lejos de allí nacieron dos princesitas. Una de gran hermosura pero estúpida, la otra fea pero inteligente. La misma hada que había asistido al nacimiento de Riquete el del Copete, le concedió a la mayor de las hermanas que pudiera dar una hermosura tan deslumbrante como la suya a la persona a quien ella más amara. A medida que fueron creciendo, la hermana menor, fea pero inteligente, estaba muy solicitada y rodeada de personas, atraídas por su espíritu vivaz, mientras que la mayor siempre acababa sola, a pesar de su belleza.
Un día en que estaba en un rincón del bosque llorando amargamente su falta de talento y su soledad, se le acercó Riquete el del Copete y empezaron a hablar. Él se enamoró de inmediato y le pidió que se casara con él. Ella le prometió que se casarían al cabo de un año. Al instante, tal como había vaticinado el hada, recibió la misma inteligencia que Riquete.
En adelante, bella e inteligente como era, no le faltaron multitud de pretendientes que pedían su mano al Rey su padre. No se decidía por ninguno, aunque había olvidado la promesa hecha a Riquete, porque fue cuando todavía era estúpida, y no la guardaba en la memoria.
Cuando se cumplió el plazo del año, el Príncipe se presentó con traje de boda. La sorprendida princesa y él sostuvieron un largo y perspicaz diálogo. La Princesa, cautivada por la sagaz inteligencia del joven, quedó prendada de él. Entonces, según el don que le había concedido el hada, Riquete el del Copete recibió toda la belleza de su amada. Ambos hermosos e inteligentes, se casaron al día siguiente y fueron felices.
Para descubrir la auténtica belleza y la verdadera inteligencia, es necesario elevarse de nivel porque lo realmente valioso radica en el corazón y sólo puede vislumbrarse con los ojos del amor. El cuento advierte también contra los daños del reduccionismo que supone juzgar a las personas por la primera impresión superficial, sin esforzarse por penetrar en sus posibilidades. Y muestra que el verdadero amor es tan generoso que da lo mejor de sí mismo sin esperar nada a cambio. Lo que da la felicidad, no son las cualidades que poseemos, sino los valores que se alcanzan elevándonos al nivel de la creatividad y abriéndonos a la experiencia del encuentro.
Valores: Generosidad; inteligencia; belleza.
Pulgarcito

Resumen del argumento

“Érase una vez…” un leñador y una leñadora muy pobres que tenían siete hijos, el más pequeño de los cuales, discreto e inteligente, cuando nació no era más grande que el dedo pulgar, por lo cual le llamaron “Pulgarcito”. Como los míseros padres no podían darles de comer, decidieron abandonarlos en medio del bosque para no verlos morirse de hambre. Pero Pulgarcito, que había oído su propósito, llenó sus bolsillos de piedrecitas blancas, y las fue arrojando por donde iban pasando. Cuando sus hermanos se vieron solos y perdidos en el bosque, se echaron a llorar, pero Pulgarcito los tranquilizó y los guió de regreso a casa siguiendo el trazo de las piedras. Cuando llegaron, sus padres los abrazaron llenos de contento, porque acababan de recibir algo de dinero que les permitiría sobrevivir durante un tiempo. Pero no tardaron en volver a encontrarse en la misma situación desesperada, sin más horizonte que ver a sus hijos morirse de hambre, y de nuevo quisieron abandonarlos en el bosque. En esta ocasión, Pulgarcito no pudo recoger piedras, así que arrojó miguitas de pan, pero los pájaros se las comieron y él y sus hermanos se quedaron verdaderamente perdidos y muertos de miedo. Llegaron a una casa donde la mujer de un terrible ogro que se comía a los niños se compadeció de ellos, les dio de comer y los escondió. Pero el ogro los descubrió y decidió que serían el manjar de un banquete que iba a dar al día siguiente, sin atender al llanto ni a las súplicas de los pobres niños. Finalmente la mujer, que era buena, consiguió que su marido no los matara hasta la mañana.
En una gran cama dormían las siete hijas del ogro, cada una con una corona de oro en la cabeza. No eran todavía tan malas como el padre, pero ya cometían maldades. En la misma habitación había otra gran cama, en la que acostaron a Pulgarcito y sus seis hermanos. Pulgarcito cogió las coronas de oro y las puso en la cabeza de sus hermanos y en la suya propia, mientras que sus gorritos fueron a la cabeza de las ogresas. Por la noche el ogro entró en la habitación con un gran cuchillo para matar a los niños, pero tocó los gorros, se confundió y fue a sus hijas a quienes degolló. Inmediatamente, los niños huyeron a toda velocidad. Cuando el ogro se dio cuenta del engaño, le pidió a su mujer las botas “de siete leguas” para perseguir a los pequeños, a los que casi dio alcance cuando ya sólo estaban a cien pasos de la casa de sus padres. Al verlo, se escondieron debajo de una roca, sobre la cual se echó a dormir el enorme ogro. Durante su pesado sueño, Pulgarcito mandó a sus hermanos que corrieran hasta la casa y se escondieran. Mientras tanto, él se calzó las botas mágicas y regresó a la casa del ogro. Le dijo a su mujer que su marido corría un grave peligro en manos de unos bandidos y que le mandaba a él para recoger toda sus riquezas y poder así rescatarle. Con la fortuna del malvado ogro, Pulgarcito volvió a casa de sus padres, donde fue recibido con gran alegría, porque por siempre jamás podrían alimentar a sus hijos. Y fueron todos felices.
Se cuenta también que Pulgarcito no se quedó con la riquezas del ogro sino sólo con las botas mágicas que éste utilizaba para perseguir a niños inocentes, y se puso al servicio del Rey, para servir de correo. Desempeñó este noble oficio durante un tiempo, hasta que volvió a su casa rico y con cargos y prebendas para su familia. Y fueron todos felices.
Pulgarcito simboliza el Bien, que es pequeño, débil y discreto. El ogro simboliza el Mal, que es grande, fuerte y ruidoso. Aparentemente, el Mal es más fuerte que el Bien, pero, finalmente, el Bien, ayudado por la inteligencia, triunfa sobre el Mal.
Las mismas riquezas (botas mágicas, fortuna…) que en manos de un malvado ocasionan la desgracia de las personas, pueden hacer el bien y suscitarla felicidad si dispone de ellas una persona generosa.
Valores: Generosidad; inteligencia.
Carácter formativo de los cuentos
En los ocho cuentos de Charles Perrault, aparece el Mal, en forma de actitud egoísta y agresiva, enfrentado al Bien, como actitud de generosidad y bondad. El Mal tiene una fuerza arrolladora y, al principio, parece que somete o elimina al Bien (La madrastra de Cenicienta, el malvado Barba Azul, la hermana mayor de Las Hadas, el lobo que se come a Caperucita, el ogro de Pulgarcito...).
El Mal se mueve en el nivel infracreativo, en el de las relaciones lineales, interesadas y faltas de respeto. Es el nivel del dominio y el abuso de poder (Barba azul), los ogros…). El egoísta pone todas las realidades de su entorno a su propio servicio y destruye las que entorpecen su interés o sus apetencias.
Por el contrario, el ámbito del Bien es el nivel de la creatividad, de las relaciones reversibles, de la apertura generosa al encuentro interpersonal, y de los valores [5] . El Bien es discreto y silencioso (Pulgarcito), pero se compromete activamente en la promoción de los demás, es reflexivo, auténtico y sincero (Riquete), digno de confianza (El gato con botas) y capaz de perdonar sin rencor (Cenicienta).
En el nivel del dominio y la fuerza, se diría que el Mal vence al Bien. Pero es una victoria falsa, sólo aparente, porque lo esencial del Bien pertenece a un nivel superior y, por tanto, es inaccesible. A ese elevarse de nivel y hacerse invulnerable a los ataques del Mal, lo presenta Perrault como inteligencia, reflexión y astucia. Cuando esto falla, la bondad degenera en estupidez y Caperucita es devorada por el Lobo. Pero si el Bien es iluminado por la inteligencia, el aparentemente más débil triunfa y queda liberado de la opresión del Mal. Cenicienta se convierte en princesa, Pulgarcito se hace rico a expensas del ogro, la mujer de Barba Azul hereda a su cruel marido, el Gato con botas libra a la comarca del temible ogro…
El Bien es “suave” como una brisa, pero es “imponente”, causa admiración, “enamora”. Quien está en actitud de apertura generosa y de disposición al compromiso crea unidad, expande su bondad y promociona a los demás. Cenicienta hace felices a las hermanastras, el Gato con botas consigue todos los honores para su amo, Pulgarcito lleva el bienestar a su familia, la viuda de Barba Azul comparte su herencia con sus hermanos.
He aquí la gran lección que encierran los deliciosos cuentos de Charles Perrault:
– El Mal es cruel y nocivo, y, aunque al principio reporta beneficios, al final se autofagocita. La lógica interna de un proceso humano que parte de una actitud de egoísmo lleva inexorablemente a la propia destrucción: la Reina ogresa de la Bella durmiente acaba cayendo en la cuba que la engulle, el ogro convertido en ratón es devorado por el gato con botas, Barba Azul sucumbe a manos de sus cuñados, la hermana mayor de Las Hadas muere sola en un rincón del bosque… Sólo se salvan aquellos que, como las hermanastras de Cenicienta, son capaces de arrepentirse, pedir perdón y cambiar de actitud.
– Entregarse al bien y vivir íntegramente las relaciones de amor y amistad reporta frutos magníficos, pues acaba llevando a la persona a su plena realización y, por tanto, a la felicidad. Riquete el del copete y su Princesa se aman sinceramente y son felices, como la hermana pequeña de Las Hadas, Cenicienta o la Bella durmiente del bosque y sus respectivos Príncipes.

 


[1] La Barbe-Bleue, La Belle au bois dormant, Le Petit Chaperon rouge, Le Chat botté, Les Fées, Riquet à la houppe, Le Petit Poucet.
[2] Cf. Caperucita roja
[3] Cf. Barba azul
[4] El tema de los modos y niveles de realidad, está ampliamente tratado en la obra de Alfonso López Quintás, Descubrir la grandeza de la vida. Un nuevo proyecto formativo, EVD, Estella (Navarra), 2003.
[5] El tema de los valores como exigencias del encuentro y las consecuencias de la entrega a un proceso de fascinación, están tratados ampliamente en A. López Quintás, o.c.

 

narrativa_newsletterp

¿Si te gustó el post, compártelo, por favor!Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someoneShare on Tumblr