Entrevista a Paz Monserrat Revillo

Paz Monserrat Revillo, Hormonautas, entrevista

LAS ENTREVISTAS DE NARRATIVA BREVE

Paz Monserrat Revillo

Hormonautas (Nazarí, 2015)

Paz Monserrat Revillo es una de las voces más prometedoras de la narrativa española actual. Ha coescrito libros de biología, materia en la que se formó académicamente, y el libro, en colaboración con Jordi de Manuel, 100 situacions extraordinàries a l’aula (Cossetània Edicions, 2014).

Ha ganado varios premios literarios y algunas de sus piezas narrativas más breves han sido incluidas en antologías como Mar de pirañas, nuevas voces del microrrelato español (Menoscuarto, 2012).

Hoy charlamos con ella sobre Hormonautas, libro de cuentos publicado en la editorial Nazarí en 2016.

 

Francisco Rodríguez Criado: Desde hace tiempo llevo observando que uno de los arquetipos del escritor español –quizá el más abundante– es el del profesor de literatura, siempre rodeado de libros, que compagina sus clases con la escritura creativa. En tu caso se cumple la tradición como profesora que eres, si bien me descolocas un poco el esquema con tus estudios de biología. ¿Qué fue antes: la pasión por la literatura o por la biología?

Paz Monserrat Revillo: siempre fue una pasión simultánea. O paralela. De pequeña mi madre me dejaba comer aparte para que pudiera leer cómics y TBOs. En esa misma época apadrinaba y les llevaba comida a todos los perros callejeros que encontraba. Más adelante compaginé la visión de los episodios de Félix Rodríguez de la Fuente con la lectura de Los Cinco. De adolescente me interesaban por igual los ensayos de divulgación científica de Isaac Asimov que publicaba Alianza Editorial en aquellos libritos de lomo blanco que los libros de Herman Hesse. Seguí leyendo ficción mientras estudié biología y cuando más adelante enseñé ciencias naturales, hasta hoy. Siempre ha sido algo natural en mí combinar la ciencia con la literatura, los considero alimentos igual de nutritivos y no me parecen incompatibles. De hecho, creo que, de alguna manera, una cosa me “descansa” de la otra, pues movilizo recursos y actitudes diferentes en cada área. Nunca he querido renunciar a ninguno de los dos ámbitos, aunque eso signifique que jamás podré ser una especialista en ninguno de ellos.

F.R.C.: Todo buen libro es medicinal, y el tuyo lo es doblemente en tanto aprendemos a conocer, desde un punto de vista literario, el mundo de las hormonas. Pero es también un libro sobre la condición humana, a la que accedemos muchas veces a partir de un episodio en apariencia mínimo. ¿Podría haber escrito Hormonautas alguien de letras puras, alguien que a priori no tiene una visión científica sobre nuestra existencia?

P.M.R.: Probablemente sí, porque en esencia es un libro en el que se despliegan algunas experiencias humanas, que yo he relacionado con la acción de las hormonas en nuestro cuerpo gracias a mi formación científica. Le faltaría el eje vertebrador de las hormonas y el minúsculo resumen sobre cada una de ellas al principio de cada cuento. Pero las historias apenas tienen datos eruditos sobre fisiología, solamente muestran las consecuencias que –de forma sutil o rotunda–  estos mensajeros químicos provocan en nuestro organismo y que tanto tienen que ver con la conducta humana.

F.R.C.: Y, ya puestos, ¿qué es la literatura y, sobre todo, qué demonios son esas hormonas de las que tanto hemos oído hablar y de las que, por lo general, no sabemos nada?

P.M.R.: No me atrevería a definir lo que es la literatura, por supuesto. Solamente tengo la intuición de encontrarme con ella mientras estoy leyendo algún texto que, usando un símil gastronómico, me “nutre”. Y en este campo no puedo ser más precisa.

En cambio, respecto a lo que dices de las hormonas sí puedo ser un poco más concreta. Le he dado muchas vueltas, y me sigue resultando muy curioso lo que afirmas acerca de que sean tan desconocidas y a la vez tan familiares. Es posible que sea debido al hecho de que no estén localizadas en un órgano o un aparato concreto, como es el caso del sistema nervioso, el respiratorio… sino que sean “difusas” tanto en sus funciones como en su ubicación. También es interesante constatar que la gente las suele relacionar solamente con el sexo y con la adolescencia. Casi nunca, y lo he comprobado en mis clases del instituto, las relacionan con procesos tan imprescindibles como la regulación de la temperatura, de la cantidad de agua o de la glucosa disponible para las células. Ni con la velocidad del metabolismo, con el crecimiento o con todos los procesos relacionados con la reproducción… con el equilibrio del medio interno, en definitiva. Las hormonas son el “kit de supervivencia” de nuestro organismo, de todos los organismos (plantas incluidas)… y en cambio las consideramos como unas anodinas hermanas pobres del sofisticado sistema nervioso, del que tan orgullosos nos sentimos. Una amiga, que siempre se hace la pregunta “¿A quién beneficia esto?”, tiene la hipótesis de que les damos menos importancia para seguir sintiéndonos “diferentes” por el exclusivo desarrollo de nuestro cerebro, con el que creemos controlar nuestros actos y nos permitimos todas esas tropelías contra el entorno. Mientras que lo hormonal nos lleva a nuestra parte más instintiva, más animal, a lo que tenemos en común con el resto de los seres vivos y quizás si lo tuviéramos más interiorizado frenaría algún comportamiento nocivo con los demás organismos. Es una de las pocas teorías conspiratorias que me parece interesante.

F.R.C.: ¿Cómo fue la creación de Hormonautas? ¿Cuánto tiempo te llevó escribirlo? ¿En qué momento decidiste encadenar historias mundanas –unas más, otras menos– con las sustancias químicas que operan en nuestro organismo?

P.M.R.: Los cuentos más antiguos de este libro tienen más de diez años. Pero el libro empezó a cuajar hará unos siete, mientras me documentaba para la elaboración de un proyecto de libros de texto de bachillerato en el que participé como coautora. Es un proyecto muy innovador, Biocontext, en el que se trabajan los conceptos científicos a través de diferentes contextos relevantes para los alumnos. Una de las unidades trataba de un chaval que se apunta a un gimnasio y enseguida es tentado a consumir esteroides anabolizantes y hormona del crecimiento para conseguir aumentar su masa muscular. A través de este hilo conductor se introducían conceptos de citología, de bioquímica, de síntesis de proteínas… y de las hormonas. La información que recopilé en los libros de endocrinología me sugería muchas historias (de hecho he dedicado Hormonautas a las personas que se han dejado retratar para estos manuales, y que nos muestran sus  anomalías de forma mansa pero terrible). Indagué en algunos casos clínicos de personajes reales, me dejé llevar por la impresión que me causaron algunas fotografías, y también por mi imaginación… y luego adapté de manera más o menos forzada otros relatos al conflicto fisiológico que supone tanto el exceso como la falta de una hormona. Cualquier desequilibrio hormonal puede producir algún cambio de conducta digno del conflicto que debe  subyacer en un cuento. Esta sería la idea del libro. Luego las historias crecían y se ramificaban por donde querían, en absoluto obedientes ni rigurosas desde el punto de vista científico.

F.R.C.: Suele decirse que los jóvenes estudiantes reniegan de la literatura, y se argumenta en ocasiones como causa que en esa etapa experimentan subidones hormonales que no casan bien con el acto introspectivo de leer. Como profesora de instituto, erudita en estudiantes, literatura y hormonas, ¿qué opinas al respecto?

P.M.R.: No soy erudita en nada, más bien me sigo dejando sorprender por todo, y la mayor parte de las veces me siento incapaz de llegar a ninguna conclusión. Mi experiencia con el trinomio estudiantes-literatura-hormonas es algo que posiblemente tuvo su culmen en dos de las presentaciones del libro que hice el curso pasado. Para mí fue muy emocionante, mucho más de lo que ellos se imaginan, ver en esas presentaciones a alumnos de los cursos más altos (y algunos ex alumnos). No solo vinieron sino que accedieron a leer textos de ficción de su profesora, la misma que algunos meses o años atrás les había intentado explicar la fisiología de las hormonas. A ellos, precisamente a ellos, cuyos organismos estaban rebosantes de estas moléculas que supuestamente les iban a impedir la lectura de un texto.

Creo que cuando nos hacemos mayores nos olvidamos de cómo éramos cuando fuimos adolescentes, de que éramos capaces de vivir a la vez hacia afuera y hacia adentro con aquel derroche de vitalidad que nos hacía invencibles. La introspección es algo crucial en la adolescencia, combinada con la búsqueda de la identidad y la pertenencia al grupo. Hay suficiente energía para todo eso.  Es verdad que ahora tienen otros estímulos, como los juegos de ordenador on line, pero quizás allí estén algunas de las historias que les sirven de iniciación a ellos y que nosotros rechazamos de manera condescendiente sin tomarnos la molestia de acercarnos a indagar qué hay ahí y repitiendo la conducta de muchos padres de la generación de los nuestros, que decían cosas como: “Deja de perder el tiempo, no estés leyendo todo el día”.

Paz Monserrat Revillo, Hormonautas

F.R.C.: ¿Dónde encuentras más material narrativo: en los viajes, en las aulas o en un laboratorio?

P.M.R.: En los viajes, definitivamente. Desde el momento en que salgo por la puerta de casa para iniciar un viaje me convierto en un ser más permeable, como si los límites de mi capacidad de percepción se ampliasen, como si emitiera un tipo diferente de ondas cerebrales o se abriera un compartimento de mi cerebro capaz de alojar muchas más experiencias y estímulos que durante la vida rutinaria que se despliega entre viaje y viaje. Creo que cuando viajamos nos despojamos de la costra de la responsabilidad y de la identidad asumida por los demás y podemos jugar a ser otros, a ser más creativos. Nos narramos el viaje mientras lo vivimos, y después lo podemos revivir si nos animamos a convertirlo en un relato o una crónica.

Del material que me aportan las aulas no soy tan consciente, precisamente porque pertenece al ámbito de la rutina y la responsabilidad. Pero cuando me fuerzo a reflexionar sobre las experiencias vividas con los alumnos, como tuve ocasión de hacer mientras escribía con Jordi de Manuel el libro “100 situacions extraordinàries a l’aula” constato que hay muchísimo material narrativo ahí.

F.R.C.: Hormonautas es un libro muy bien pensado y muy bien escrito. ¿Cómo fue el proceso de corrección? ¿Sueles corregir mientras estás en pleno proceso de escritura o prefieres dejar esta tarea –atractiva para unos, ingratas para otros– cuando el libro ya está conceptualmente terminado?

P.M.R.: Como los cuentos fueron escritos durante un periodo muy largo, tuve tiempo de ir corrigiendo durante el proceso de escritura de los relatos. Cuando armé el libro, y antes de entregarlo a la editorial, solicité una mirada externa a dos compañeros del mundo de los microrrelatos: Asun Gárate y Rafa Heredero, que hicieron un trabajo muy concienzudo y consiguieron ver mucho más de lo que yo hubiera podido ver por mucho que lo hubiese revisado.

F.R.C.: Escribiste con Jordi de Manuel 100 situacions extraordinàries a l’aula (Cossetània Edicions, 2014). ¿En qué lengua te sientes más cómoda, en castellano  o en catalán?

P.M.R.: Que haya participado en varios libros escritos en catalán no implica que sea totalmente bilingüe. En mi cabeza predomina el castellano. Fue mi lengua materna y más adelante por alguna razón lo elegí como primera lengua. Puedo hablar en catalán, pero podríamos decir que soy “castellano-pensante” y me expreso con mayor fluidez en esta lengua. No lo puedo ni lo pretendo evitar. Conozco a muchísima gente que tiene un bilingüismo totalmente equilibrado (mis hijas, por ejemplo) y me encantaría fuera mi caso, pero no es así. También hay mucha otras personas, como yo, en las que claramente predomina uno de los dos idiomas. La suerte es que en un entorno en el que conviven dos lenguas, como aquí, hay una gran naturalidad y diría que una especie de promiscuidad en cómo nos comunicamos cambiando de registro en función de a quién nos dirigimos, sin ni siquiera ser conscientes. Yo tengo la hipótesis de que los que vivimos inmersos entre dos lenguas tenemos más capacidad de empatía porque de alguna manera debemos estar siempre alertas a las necesidades y características de los demás. Eso a veces puede ser cansado, pero seguramente  constituye un excelente esgrima para la mente y la actitud. Me parece que lo importante en este asunto es que la lengua sea un medio para la comunicación, no un fin.

F.R.C.: Cada día hay más personas que escriben cuentos, pero ¿hay lectores para este género? Amplío la pregunta: ¿hay lectores para la literatura, en general?

P.M.R.: No tengo suficiente conocimiento para contestarte a esta pregunta. Lo siento.

M.B.V.: Y, para terminar, es costumbre en Narrativa Breve que los entrevistados recomienden un cuento o un poema a nuestros lectores. Esperamos tu recomendación.

Pues,  ya que estamos hablando de abordar temas científicos desde la literatura,  recomendaría la lectura de los poemas de Wislawa Szimborska, por ejemplo uno titulado “Discurso en la oficina de objetos perdidos”.

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