Isabel Allende, corista durante un día

Nuestro colaborador Ernesto Bustos Garrido nos ofrece esta curiosa reliquia, un reportaje de Isabel Allende, contando cómo, por circunstancias de la vida, acudió cierto día de 1973 a la sala Bim Bam Bum para ofrecerse como corista. ¡Sí, como corista, habéis leído bien!

Como explica Ernesto en su artículo “El mundo de Isabel Allende y Eva Luna”,

“Ella era una joven periodista con formación universitaria, cuyas crónicas y reportajes destacaban por su audacia. Formaba parte de la plantilla de una revista semanal (Revista Paula) que tocaba temas de mujeres principalmente, con mensajes directos y explícitos hacia los hombres y su inveterado machismo. Isabel tuvo allí su mejor escuela. Un día la directora de la publicación la mandó a enterarse de la vida secreta de las bailarinas de teatro y cabaret. Isabel se hizo pasar junto a una amiga como postulantes a corista, y en la primera audición debió quitarse la ropa. Reconoce que se llenó de vergüenza, no por mostrar su delicado y armonioso cuerpo, sino porque ese día ella andaba con calzones de lana”.

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Cuento de Antonio Skármeta: El ciclista de San Cristóbal

Cuento de Antonio Skármeta

“…y abatime tanto, tanto

que fui tan alto, tan alto,

que le di a la caza alcance…”

San Juan de La Cruz

 

Además era el día de mi cumpleaños. Desde el balcón de la Alameda vi cruzar parsimoniosamente el cielo ese Sputnik ruso del que hablaron tanto los periódicos y no tomé ni así tanto porque al día siguiente era la primera prueba de ascensión de la temporada y mi madre estaba enferma en una pieza que no sería más grande que un closet. No me quedaba más que pedalear en el vacío con la nuca contra las baldosas para que la carne se me endureciera firmeza y pudiera patear mañana los pedales con ese estilo mío al que le dedicaron un artículo en “Estadio”. Mientras mamá levitaba por la fiebre, comencé a pasearme por los pasillos consumiendo de a migaja los queques que me habla regalado la tía Margarita, apartando acuciosamente los trozos de fruta confitada con la punta de la lengua y escupiéndolos por un costado que era una inmundicia. Mi viejo salía cada cierto tiempo a probar el ponche, pero se demoraba cada vez cinco minutos en revolverlo, y suspiraba, y después le metía picotones con los dedos a las presas de duraznos que flotaban como náufragos en la mezcla de blanco barato, y pisco, y orange, y panimávida.

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Cuento corto de Stephen Crane: El fallo del sabio

 

Cuento de Stephen Crane,

Un pordiosero se arrastraba entre lamentos por las calles de una ciudad. Un hombre se acercó, le ofreció un poco de pan y dijo:

—Te doy esta hogaza debido a las palabras de Dios.

Otro se acercó, le ofreció un poco de pan y dijo:

—Toma esta hogaza; te la doy porque estás hambriento.

Los habitantes de aquella ciudad competían por ver quién era el hombre más piadoso, y el caso de los regalos al pordiosero suscitó una disputa. La gente se apiñaba y discutía con fervor. Finalmente, recurrieron al pordiosero, pero este hizo una humilde reverencia al suelo, impropia de alguien de su clase, y respondió:

—Lo más curioso es que las hogazas de pan eran del mismo tamaño. ¿Cómo puedo decidir yo cuál de los dos hombres me dio su pan de forma más misericordiosa?

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Cuento de Elvio E. Gandolfo: Vivir en la salina

Cuento de Elvio E. Gandolfo

En 1999 la editorial Alfaguara hizo una encuesta entre escritores y críticos para que eligieran cuál era, en su opinión, el mejor cuento argentino del siglo XX. El cuento Esa mujer“, de Rodolfo Walsh, fue el más votado, superando a Borges y Cortázar, que no se quedaron muy atrás. “El Aleph”, de Borges, por ejemplo, quedó en segunda posición. Y este cuento de Elvio E. Gandolfo: Vivir en la salina, quedó en la decimocuarta posición. Es un cuento que las duras condiciones de trabajo que retrata me recuerda a los cuentos de Baldomero Lillo en los que retrata la mala vida de los mineros chilenos. Un ejemplo: “La compuerta número 12“.

No os perdáis el cuento de Gandolfo: os va a gustar.

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Microrrelato de Froylán Turcios: La mejor limosna

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Comparto con vosotros un microrrelato del hondureño Froylán Turcios (1874-1943), un hombre de letras en toda la extensión del término (poeta, narrador, editor, antólogo, periodista…). Se le considera uno de los intelectuales más importantes de Honduras de principios del pasado siglo. Su libro más famoso es El vampiro (1910), una novela modernista que narra la relación amorosa entre dos primos: Rogerio y Luz.

La pieza que os presentol, “La mejor limosna” es dura tanto en su presentación como en su resolución. No en vano, la violencia es característica en muchos de sus cuentos. Y hasta aquí puedo leer…

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Rubén Darío, cien años de su muerte

 

Rubén Darío,

Felix Rubén García Sarmiento es el verdadero nombre del poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916). Es el fundador del modernismo y su influencia aún corre por las venas de la literatura de habla hispana en todo el mundo. Este año se cumple el primer centenario de su fallecimiento. Habrá ceremonias y discursos por doquier. Narrativa Breve entrega este hermoso texto como homenaje a su talento y señorío en las letras.

Ernesto Bustos Garrido

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Cuento de Alina Gadea Valdez: La casa muerta

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Cuento de Alina Gadea Valdez: La casa muerta

En ese tiempo me interesaban las casas que habían muerto porque, a diferencia de las personas, uno las podía revivir. Eso es lo que buscaba una mañana brumosa frente al mar de Miraflores. Una casa para resucitar. Una casa donde hubiera habido vida a raudales que se hubiese ido extinguiendo poco a poco hasta quedar reducida a telas de araña y a fantasmas.

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Microrrelato de Oliverio Girondo: Nocturno

Microrrelato, Oliverio Girondo, Nocturno
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Microrrelato de Oliverio Girondo: Nocturno

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.

Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.

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