Ojos de perro azul, un cuento de García Márquez

Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez. Encendí un cigarrillo. Tragué el humo áspero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibrándolo sobre una de las patas posteriores. Después de eso la vi ahí, como había estado todas las noches, parada junto al velador, mirándome. Durante breves minutos estuvimos haciendo nada más que eso: mirarnos. Yo mirándola desde el asiento, haciendo equilibrio en una de sus patas posteriores. Ella de pie, con una mano larga y quieta sobre el velador, mirándome. Le veía los párpados iluminados como todas las noches. Fue entonces cuando recordé lo de siempre, cuando le dije: «Ojos de perro azul». Ella me dijo, sin retirar la mano del velador: «Eso. Ya no lo olvidaremos nunca». Salió de la órbita suspirando: «Ojos de perro azul. He escrito eso por todas partes».

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Cuento de amor: La princesa y el plebeyo

Cuento de amor: La princesa y el plebeyo

Una bella princesa buscaba consorte. Aristócratas y adinerados señores llegaron de todas partes para ofrecer maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos y tronos. Entre los candidatos estaba un joven plebeyo que no tenía más riquezas que amor y perseverancia.

Cuando le llegó el momento de presentarse, dijo: “Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor… Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa es mi dote”.

Cuento de amor de Emilia Pardo Bazán: Sí, señor

Cuento de amor de Emilia Pardo Bazán: Sí, señor

Lo que voy a contar no lo he inventado. Si lo hubiese inventado alguien, si no fuese la exacta verdad, digo que bien inventado estaría; pero también me corresponde declarar que lo he oído referir… Lo cual disminuye muchísimo el mérito de este relato y obliga a suponer que mi fantasía no es tan fértil y brillante como se ha solido suponer en momentos de benevolencia.

¿Eres tímido, oh tú, que me lees? Porque la timidez es uno de los martirios ridículos; nos pone en berlina, nos amarra a banco duro. La timidez es un dogal a la garganta, una piedra al pescuezo, una camisa de plomo sobre los hombros, una cadena a las muñecas, unos grillos a los pies… Y el puro género de timidez no es el que procede de modestia, de recelo por insuficiencia de facultades. Hay otro más terrible: la timidez por exceso de emoción; la timidez del enamorado ante su amada, del fanático ante su ídolo.

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Dos historias cortas de miedo de Arthur Machen

Dos historias cortas de miedo de Arthur Machen

Hablar de cuentos de terror es hablar forzosamente de Edgar Allan Poe, de H.P. Lovecraft, de Stephen King, de algunas historias de Guy de Maupassant… Y también, claro, de Arthur Machen, un escritor no tan conocido para el lector medio, pero muy alabado entre los lectores avezados del relato corto de miedo.

Machen, galés de nacimiento (1863-1947), es un clásico de la literatura de terror, y su novela corta El gran Dios Pan (1894), denostada y denunciada como un libro decante cuando se publicó, ha influido en numerosos autores, entre ellos el citado Stephen King. Trabajó como actor ambulante antes de consagrarse como escritor, traductor y crítico literario.

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Cuento sureño de Eudora Welty: Clytie

“La narrativa de Eudora Welty está marcada por el uso de elementos extraños en escenarios cotidianos, frecuentes, incluso burdos. Sin embargo, la utilización de acciones o personajes que se oponen a ese contexto de normalidad, permite que el desarrollo de la historia adquiera un ritmo rápido, en contraposición a la idea de lo habitual, y (re)construye el imaginario del lector, en lo que respecta a  situarse frente a la vida de las personas comunes; apuntala así, un juego de traslación simbólica sencilla desde lo estático, hacia lo dinámico en situaciones diarias, usuales.

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Entrevista a Jorge Casesmeiro Roger

 Entrevista a Jorge Casesmeiro Roger

LAS ENTREVISTAS DE NARRATIVA BREVE

Jorge Casesmeiro Roger

Jugando entre cultura (Ediciones del Orto, 2.º edic. corregida 2015)

 Por Francisco Rodríguez Criado

Los niños suelen hacer lo que ven, no lo que se les dice que hagan. Si no leemos, no podemos contagiar el entusiasmo, la gozada de una buena lectura. Cuando la lectura está presente y viva en una casa, hace hogar, participa de la mesa, de la conversación. Y los hijos se dan cuenta de que leer configura el pensamiento, que dilata el ancho de conciencia. Si encima hay libros de papel, estos ocupan un espacio y además de ser: están, lo que no es poca cosa. De todas formas, si a uno esto de leer le interesa lo justo, dejemos entonces que lean con otros. Facilitemos a nuestros hijos el acceso a experiencias y modelos que les estimulen a leer y a pensar entre lecturas. Un padre no puede ser ejemplar en todo. Pero puede ofrecer a sus hijos oportunidades que compensen sus carencias.

J. C.R.

 

Jorge Casesmeiro Roger (Madrid, 1974) es licenciado en Pedagogía y Periodismo, condición que le permite asesorar en temas educativos a medios de comunicación y organizaciones. Pero es su libro, Jugando entre cultura, la excusa para  mantener con él esta entrevista.

Jugando entre cultura es, como reza la solapa del libro, “una memoria de paternidad tan conmovedora como divertida”. Casesmeiro Roger narra en él las vivencias que mantuvo con su hija durante los tres primeros años de esta. Unas vivencias en las que el padre colabora para que su pequeña incursione en el mundo de la cultura. Como bien escribe en la introducción: “[…] durante los tres primeros años de su vida descubrí que, entre pañales y peluches, también podía compartir con ella mi imaginario, desde un catálogo de Klimt hasta los Conciertos de Brandeburgo de Bach”.

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‘El escritor de la familia’, un relato corto de Doctorow

Aquí tenéis un nuevo chute de literatura norteamericana, en este caso un cuento breve de E.L. Doctorow, “uno de los más grandes novelistas estadounidenses“, en opinión de Barack Obama y de su legión de lectores.

Ragtime y Billy Bathgate son dos de sus mejores novelas. De la primera hizo Milos Forman una muy buena película en 1985, que seguramente habéis visto.

El cuento que os ofrezco se titula “El escritor de la familia”, una narración de ámbito familiar que escarba en las desavenencias entre dos ramas de una familia.

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Una historia corta de Roberto Bolaño: Otro cuento ruso

una historia corta de Roberto Bolaño

Para Anselmo Sanjuán

En cierta ocasión, después de discutir con un amigo acerca de la identidad peregrina del arte, Amalfitano le refirió una historia que a él le contaron en Barcelona. La historia versaba sobre un sorche de la División Azul española que combatió en la Segunda Guerra Mundial, en el frente ruso, más concretamente en el Grupo de Ejércitos Norte, en una zona cercana a Novgorod.

El sorche era un sevillano bajito, delgado como un palillo y de ojos azules que por esas cosas de la vida (no era un Dionisio Ridruejo ni siquiera un Tomás Salvador, y cuando había que saludar a la romana saludaba, pero tampoco era propiamente un fascista o un falangista) fue a parar a Rusia. Allí, sin que sepa quién empezó, alguien le dijo sorche ven para acá o sorche haz esto o lo otro y al sevillano se le quedó en la cabeza la palabra sorche, pero en la parte oscura de la cabeza, y en ese lugar tan grande y desolador con el paso del tiempo y los sustos diarios se transformó en la palabra chantre. No sé cómo ocurrió, supongamos que se activó un mecanismo infantil, un recuerdo feliz que esperaba su oportunidad para volver.

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3 historias cortas de Rafael Midence Ávila

3 historias cortas de Rafael Midence Ávila

Después de que centenares de lágrimas le laceraran las mejillas, tomó un objeto de debajo de su cama. Lentamente acercó la pequeña pistola calibre 22 a su sien. Se situó frente a la ventana que daba a la calle Los poetas muertos. El pianista al que un dictador fascista (de apellido italiano) le mandó a cortar las manos vendía globos en el parque de Los Truenos, donde, un viejo y desdentado perro callejero luchaba por devorar un hueso putrefacto