Parecidos literarios razonables: Ricardo Piglia y Juan José Saer

Un comerciante de muebles que acababa de comprar un sillón de segunda mano descubrió una vez que en un hueco del respaldo una de sus antiguas propietarias había ocultado su diario íntimo. Por alguna razón –muerte, olvido, fuga precipitada, embargo– el diario había quedado ahí, y el comerciante, experto en construcción de muebles, lo había encontrado por casualidad al palpar el respaldo para probar su solidez.

Cuento breve recomendado: “El guardagujas”, de Juan José Arreola

Arreola es uno de esos «raros» con que México tiene el privilegio de engrosar sus listas literarias. Nacido en 1918 en Zapotlan, se distingue, a juicio del que escribe, principalmente por el espíritu lúdico de que dota su narrativa. Los continuos juegos de humor, de absurdo, de jerga indígena, de piruetas que el autor iberoamericano lleva a cabo, lo confirman como un hiperactivo de la escritura. En su libro Confabulario definitivo, que tiene edición en Cátedra, se muestra todo su talento, y siendo más específico, en uno de los cuentos, el de «El guardagujas», se concentran todas sus cualidades para dar el fruto de una narrativa de lo más peculiar. Así pues, centrémonos en este cuento para intentar componer una idea aproximada de lo que es su literatura.

McDermott, entre la vida y la muerte

Así que McDermott, en la línea del Pedro Páramo de Juan Rulfo, le hizo creer al mundo, incluida su abnegada novia, que había muerto, concretamente en un viaje en barco que realizó en 2005. El mar, intransigente ante la mentira, no devolvió su cuerpo a la orilla. Pero como la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, han encontrado finalmente su cadáver tomándose unos mojitos en ese lugar paradisíaco donde los muertos en bancarrota llevan vidas ociosas.

Cuento breve recomendado (240): “El componedor de cuentos”, de Mariano Silva y Aceves

Las mejores narraciones de Silva y Aceves, por lo general, tienden a sugerir el carácter algo irreal, absurdo, casi fantástico de sus personajes aunque hay también cuentos cuya temática violenta hace pensar en los que escribiría más tarde Juan Rulfo. Sus textos son el resultado de un agudo sentido de observación a menudo matizado por un fino espíritu irónico o humorístico. La brevedad, la pulcritud estilística, la sutileza irónica, la presencia de lo absurdo son algunos de los elementos que hacen de Silva y Aceves no sólo uno de los cuentistas más destacados de su generación sino un insospechado precursor de Arreola y Monterroso

Serge I. Zaytzeff

“El hombre que ríe”, de Salinger (un cuento dentro de otro)

Todas las tardes, cuando oscurecía lo suficiente como para que el equipo perdedor tuviera una excusa para justificar sus malas jugadas, los comanches nos refugiábamos egoístamente en el talento del jefe para contar cuentos. A esa hora formábamos, generalmente, un grupo acalorado e irritable, y nos peleábamos en el autobús –a puñetazos o gritos estridentes

La técnica literaria de Pío Baroja

“Apenas si se puede contar el libro de Pío Baroja; no es una novela, sino el resumen de una vida, una colección de memorias. El autor describe un gran número de incidentes y un gran número de personajes; se comprende de una manera visible que se esfuerza por ser verídico, profundamente verdadero, a la manera de un escritor inglés, o ruso; pero esa realidad no la encuentra jamás más que en la pobreza cotidiana, y entonces se ve cuán lejos está del realismo inglés o ruso…”.

Así nació ‘Cien años de soledad’

´Ella siguió de pie todo el tiempo, sin moverse, hasta cuando los pies se le adormecieron y comenzaron a dolerle las rodillas. Después, cuando el sacerdote descendió del púlpito, el coronel se puso de pie y la niña no sintió más el adormecimiento ni los dolores, no porque se hubiera movido de su sitio, sino porque cuando el sacerdote dejó de hablar y su padre se puso de pie, la niña creyó que la misa había concluido. En las misas siguientes, Remedios ya sabía, sin haberlo preguntado, que durante el sermón debía sentarse en el escaño que le quedaba enfrente, pero sin llevar la almohadilla.