Diana Quer: la desaparición perfecta

Recuerdo que siendo muy niño me impactó escuchar por primera vez la expresión “el crimen perfecto”. Una precoz inquietud lingüística me hizo reflexionar sobre la contradicción de que algo tan cruel como un asesinato fuera no solo bueno, sino el súmmum (o sumun, como recomienda la RAE) de lo bueno, esto es: perfecto. Entonces estaba lejos de comprender que el mundo es en sí una contradicción (cuanto más vivimos, por ejemplo, más cerca estamos de la muerte) y que no merece la pena concederle demasiada importancia a nada que resulte a primera vista discordante.

Asumidas ya las reglas del juego, durante un tiempo me entretuve sopesando no los aspectos filológicos del lado oscuro del ser humano y sus consecuencias, sino los conceptuales: ¿existía el crimen perfecto, como defendían algunos, o era imposible, como especulaban otros? ¿Pero por qué no iba a existir el crimen perfecto –me preguntaba yo– cuando son tantas las personas asesinadas al día en el planeta sin que sus autores materiales o intelectuales paguen por ello? Lo que los partidarios del no defendían –y defienden– es que los eficaces investigadores cuentan con tantos medios –tecnológicos y humanos– como para desbaratar cualquier crimen, por muy bien planificado que esté.

Sigue leyendo

narrativa_newsletterp