Cuento breve recomendado: “Kraus”, de Primo Levi

Primo Levi
Escritor Primo Levi. Fuente de la imagen en Internet

En Si esto es un hombre Primo Levi narra su internamiento en Monowitz, un campo de trabajo dependiente del de Auschwitz, a comienzos de 1944, sin embargo, el autor italiano no ahonda en la masacre, no escarba en las tumbas de los asesinados, no se recrea en los sufrimientos de los presos de los campos de exterminio nazis. Prefiere tratar de profundizar en el hecho, quizá, más inhumano de todo el proceso: cómo un hombre puede arrebatar a otro todo indicio de humanidad, toda muestra de civilización. Pronto comprende que aquello no es sino una ruleta rusa, una suerte de juego cruel en el que puede morir cualquiera, un microcosmos de miseria, de horror, de injusticia y de maldad. Las descripciones de los trabajos que son obligados a llevar a cabo los presos, de los castigos a los que se los somete, de las condiciones de vida que mantienen, son tan espeluznantes que sorprende verlas narradas de una manera tan expositiva, casi tan desapasionada. Levi, como hemos dicho, no se recrea en los detalles sórdidos o macabros, sino que describe con pulcritud ese proceso que, poco a poco, aunque con extraordinaria rapidez y eficacia, priva a los seres humanos de su condición de hombres para convertirles en esclavos.

(Fuente: solodelibros)

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El mundo perdido de Isaac Bashevis Singer

El mundo perdido de Isaac Bashevis Singer
Escritor Isaac Bashevis Singer. 

 

EL MUNDO PERDIDO DE ISAAC BASHEVIS SINGER

Francisco Rodríguez Criado [1]

(Artículo escrito y publicado en la revista de literatura judía Raíces en 2004)

 

Con motivo del centenario del nacimiento de Isaac Bashevis [2] Singer (1904-1991), al que llevo estudiando desde hace años, me permito reflexionar sobre lo poco que se habla de él en los ambientes culturales de nuestro país. Su índice de popularidad es tan bajo que son escasos los lectores que frecuentan hoy su obra, desconocida para muchos. Los editores, con honrosas excepciones, dejaron hace ya tiempo de reimprimir los libros de este prolífico autor [3]. (Ni el propio Singer tenía contabilizados cuántos libros había escrito; se calcula que no deben de andar muy lejos del centenar).

Fue en las estanterías de una librería de viejo donde di una tarde con La casa de Jampol, una segunda edición de 1978 de la desaparecida editorial Noguer. Lo compré cautivado por su sugerente portada, el fondo verde con el título sobreimpreso en letra violeta, en el que se podía verse a dos judíos ortodoxos leyendo los libros sagrados. En un ejercicio de promoción aparecía bajo el título una confesión entrecomillada de Henry Miller: “Si tuviese hoy que volver a empezar a escribir, tomaría como modelo a Singer”. Quizá fuese la alabanza del autor de los Trópicos lo que me animó a comprar no sólo ese libro sino todos los que allí había suyos, a saber: Shosha, La familia Moskat, El mago de Lublin y Krochmalna nº10 [4]. De esta forma tan azarosa, y a un precio módico, se me abrieron las puertas a uno de los escritores más importantes e injustamente olvidados del pasado siglo.

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