La industria de la lana favoreció la difusión del castellano

Fuente de la imagen: Noticias rurales



Estoy leyendo El porvenir del español (Taurus, 2005), un ensayo en el que su autor, el lingüista Juan Ramón Lodares (1959-2005), analiza la historia de nuestra lengua antes de aventurar algunas hipótesis sobre lo que puede de ser ella en el futuro.

Transcribo un breve fragmento en el que Lodares nos explica que el castellano estaba respaldado, en la Edad Media, por la industria de la lana.


“La extensión por el mundo de dominios lingüísticos amplios no ha sido producto del zar ni el desorden. El azar ha supuesto solo una parte. Lo demás es fruto de circunstancias de tipo económico, militar, demográfico, político -e incluso de decisiones de gente con nombre y apellidos- especialmente afortunadas, quiero decir, orientadas a que se formaran dominios lingüísticos. Los hablantes del castellano, por ejemplo, constituyeron en la Edad Media, y desde muy pronto, el grupo de lengua materna más grande de todos los existentes en la península Ibérica y quizá en toda Europa; era un grupo respaldado por una poderosa industria basada en la lana -una especie de petróleo medieval-, que multiplicó sus influencias comerciales y políticas a través del Atlántico justo cuando se arruinaban las tradicionalmente establecidas a través del Cantábrico o el Mediterráneo, rutas donde el castellano no hubiera tenido tanta fortuna. Dicho grupo pudo ejercer durante tiempo, en términos culturales, lo que lo politólogos llaman “poder blando”, o sea, influencia y atractivo sobre quienes no hablando su lengua la consideraban imprescindible para integrarse en tan interesante red económica. De ahí que el castellano pasara a ser español”.


Juan Ramón Lodares, El porvenir del español (Taurus, 2005), página 9, 10.

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