Opiniones de un corrector de estilo (40): El diccionario es nuestro amigo

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Biblioteca de la Abadía de S. Gallen, Suiza. Fuente de la imagen en Internet

Opiniones de un corrector de estilo (40): El diccionario es nuestro amigo

A finales del pasado año publiqué en el blog un cuento de Eduardo Galeano, “El pequeño rey zaparrastroso”, y una amiga que lo leyó no tardó en ponerse en contacto conmigo para alertarme de la errata.

–¿Qué errata? –le pregunté.

–¿Es que no la ves?

–No, por eso te lo pregunto.

–¡Pero si es muy evidente!

–Pues sigo sin verla.

Como mi amiga era incapaz de sacarme de dudas (su incredulidad por mi falta de perspicacia y la inminencia de las Navidades la tenían completamente paralizada, tanto que la conversación no avanzaba), acabé por preguntarle si se refería al adjetivo “zaparrastroso”.

“¡Claro!”, me dijo, satisfecha por fin de que yo hubiera salido de las tinieblas. Pero yo que me he pasado toda la vida entre tinieblas, paradójicamente ahora resplandecía con la luz de la verdad. Antes de publicar el cuento de Galeano me había asegurado de que “zaparrastroso” existía (la palabra que conocía, como le ocurría a mi amiga, era “zarrapastroso”, no “zaparrastroso”). Pero, “zaparrastroso”, como Teruel, existe. Y sé que existe porque antes de publicar el post me había tomado la molestia de localizar el cuento de Galeano, “El pequeño rey zaparrastroso”, que viene incluido en la antología Vagamundo y otros relatos (Siglo XXI de España Editores, 1998). Además, para salir definitivamente de dudas había consultado el DRAE, que acoge el adjetivo en cuestión:

zaparrastroso, sa.

1. adj. coloq. Harapiento, zarrapastroso. U. t. c. s.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Entonces, ¿qué pasa con “zarrapastroso”? Tranquilos, porque también viene en el DRAE.

zarrapastroso, sa.

1. adj. coloq. Desaseado, andrajoso, desaliñado y roto. U. t. c. s.

2. adj. Dicho de una persona: despreciable. U. m. c. s. f.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

En fin, valga este ejemplo para destacar la importancia del diccionario (a ser posible, de los diccionarios, en plural), en nuestras vidas (en las vidas de aquellos a quienes nos interesa el lenguaje, quiero decir). Como corrector de estilo y profesor de talleres literarios he tenido que consultar ese gran amigo que es el diccionario para salir de dudas, pues aunque corregir es de sabios, no equivocarse en ciertos temas implica aún mayor sabiduría, o al menos grandes dosis de cautela.

Recuerda: no seas zaparrastroso ni zarrapastroso y ten un diccionario siempre a mano.

IR A LA SECCIÓN “OPINIONES DE UN CORRECTOR DE ESTILO” 

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