Opiniones de un corrector de estilo (42): El abuso de las coletillas

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Joven leyendo un libro. Fuente de la imagen en internet

Opiniones de un corrector de estilo (42): El uso de las coletillas

Hemos llegado a tal grado de contaminación lingüística que es casi imposible escuchar una entrevista en la radio en la que el entrevistado de turno (un deportista, pongamos) pronuncie dos frases sin echar mano de la muletilla la verdad es que. Los más lolailos ya dicen la verdá que para ahorrarse la letra d y la tercera persona del singular del verbo ser. (Si es cuestión de economía del lenguaje, ¿por qué no omiten las cuatro palabras, que no aportan nada y aburren mucho?). Y eso que por suerte empieza a desvanecerse poco a poco la moda del ¿Vale? de confirmación que muchos hispanohablantes introducen compulsivamente en sus frases para constatar que su interlocutor no es idiota y que logra procesar la información que se le está dando.

El objetivo de estas líneas no es sacar a relucir los pocos recursos que el español tiene en el uso del castellano, sino la poderosa capacidad de mimetismo de nuestra sociedad. Si usamos compulsivamente giros verbales que resultan cansinos y vacuos, es porque las personas de nuestro entorno hacen lo mismo: expresarse compulsivamente de manera cansina y vacua. Puestos a imitar, parece que siempre imitamos lo malo. Por eso los futbolistas tienden a reproducir el discurso dubitativo y monótono de Julen Guerrero (¿dónde quedó?) y no el de Jorge Valdano, a quien muchos tachan de pedante precisamente por la elegancia y delicadeza con la que mima nuestra lengua, que es también la suya.

No usar la coletilla la verdad es que más allá de lo estrictamente necesario demuestra cierta impermeabilidad a coloquialismos cansinos y un alivio para los oídos.


Francisco Rodríguez Criado

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