Curiosidad literaria: Estatuas de escritores

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Estatua de Chéjov en Toms, Siberia
Curiosa estatua del gran escritor ruso Anton Chejov, en Tomsk, Siberia

Y ahora partimos hacia Rusia, donde llegaremos a la ciudad de Tomsk. Allí podremos contemplar la grotesca estatua erigida al escritor Antón Chéjov, cuyas anotaciones en su diario hacían referencia a los habitantes de esta ciudad, a quienes puso de “borrachos” e “idiotas”. De hecho, en la base de la estatua del escultor se puede leer: “Chéjov en Tomsk, visto por los ojos de un borracho tirado en la cuneta, y que nunca leyó Kashtanka”.

María Carvajal

ESTATUAS DE ESCRITORES

María Carvajal

Muchos escritores desearían haber conocido en persona a sus autores favoritos, aquellos a quienes admiran, a quienes han intentado imitar y quienes han supuesto una gran influencia en el desarrollo de su estilo literario. También es este un deseo que, suponemos, anhelan los más fervientes lectores. Pero, como es lógico, uno solo puede conocer personalmente (y siempre que se den las circunstancias) a sus coetáneos/contemporáneos. En cuanto a los que ya nos dejaron, está claro que nos tendremos que conformar con leerlos, estudiarlos y, por qué no, hacernos una foto con las muchas estatuas que hay repartidas por el mundo, aquellas que nos recuerdan que un día esos dioses de la literatura fueron personas de carne y hueso. Queridos lectores, viajemos, pues, en busca de esas estatuas.

Para no ir muy lejos, comenzaremos nuestra aventura en Málaga. Allí podremos tomar el sol sentados en el mismo banco donde, desde 2005, se encuentra Hans Christian Andersen y su patito feo. La estatua, realizada por José María Córdoba, fue un encargo de la Casa Real Danesa para conmemorar la visita del escritor a esta ciudad eminentemente alabada en su obra Viaje por  España.

En línea recta aunque más al norte, justamente en Valladolid, podemos sentarnos en un banco de la Plaza de Poniente junto a la estatua de la escritora Rosa Chacel, que aparece representada con actitud muy natural, con un libro y una chaqueta colocados sobre el banco y llevando una rosa en su regazo. La estatua, esculpida en bronce, permanece allí desde 1996.

De bronce es también la escultura de Ramón María del Valle Inclán erigida en el madrileño Paseo de Recoletos. Esta estatua fue esculpida por Francisco Toledo Sánchez en 1972. Es costumbre cada 27 de marzo (Día Internacional del Teatro) celebrar a sus pies un acto de imposición de la bufanda blanca para reivindicar la supervivencia del teatro español y el compromiso y apoyo por parte de las autoridades, con el fin de afianzar la sostenibilidad y la calidad del sector.

Antes de cruzar el charco, haremos parada en Portugal, donde podemos observar la escultura en bronce de Fernando Pessoa, que en 1988 se ubicó en el barrio lisboeta de Chiado, junto a la puerta del café “A Brasileira”, donde el autor fue un habitual de las tertulias literarias que allí se celebraban.

Y ahora sí, sobrevolemos el Atlántico y vayamos a Mérida (Venezuela), al Paseo de La Lectura, situado en la Avenida las Américas. Allí se encuentra, como celebración al 450 cumpleaños de la fundación de la ciudad, las estatuas del autor local Tulio Febres Cordero y del colombiano Gabriel García Márquez. Don Tulio, situado a la izquierda, lee un fragmento de su conocido relato “Las cinco águilas blancas”. García Márquez, con gesto desenfadado, comparte con el autor merideño un fragmento de su célebre novela Cien años de soledad. Una estatua de hierro forjado que muestra dos generaciones sentadas sobre el mismo banco, charlando y creando un ambiente ameno y fraternal.

De sobra es conocida la adicción de Ernest Hemingway al alcohol. Si viajamos a La Habana (Cuba), podremos visitar el bar preferido del autor, “Floridita”, donde era cliente habitual. Hemingway pasó largas temporadas en la isla y concretamente en esa ciudad, donde los lugareños le recuerdan con gran respeto. En el mítico local, que abrió en 1817 con el nombre de “La piña de plata”, se ha colocado recientemente una estatua a tamaño natural del escritor. Es de bronce y representa a Hemingway apoyado en la barra del bar, una postura que solía adoptar ante un daiquiri, su cocktail favorito, que se hace con ron, limón, marrasquino y azúcar.

Desde la isla caribeña, tomamos un vuelo para volver al viejo continente. Esta vez, con destino a Dublín, para visitar la estatua de Oscar Wilde. Esta estatua colorista se encuentra en Merrion Square, y muestra al escritor en una pose informal, tumbado sobre una roca y dirigiendo su mirada a la casa donde nació. La escultura es ofensivamente conocida como “the fag of the crag” o “the queer of the leer”, aludiendo a la homosexualidad de Wilde.

Y ahora partimos hacia Rusia, donde llegaremos a la ciudad de Tomsk. Allí podremos contemplar la grotesca estatua erigida al escritor Antón Chéjov, cuyas anotaciones en su diario hacían referencia a los habitantes de esta ciudad, a quienes puso de “borrachos” e “idiotas”. De hecho, en la base de la estatua del escultor se puede leer: “Chéjov en Tomsk, visto por los ojos de un borracho tirado en la cuneta, y que nunca leyó Kashtanka”.

Para terminar nuestro viaje por el mundo a través de las estatuas de escritores, iremos a Budapest. Allí se encuentra la llamada estatua del “escritor desconocido” o “escritor fantasma”, que representa al autor  húngaro Anonymus, uno de los primeros cronistas de la historia de Hungría, hacia el siglo XII. La estatua es de bronce. Fue esculpida por Miklós Ligeti en 1903 y está situada frente al Castillo de Vajdahunyad. La escultura muestra al escritor con ropas monacales, con la cara casi tapada por la capucha de su túnica, aludiendo al concepto de anonimato. Aparece en estado relajado, como si se dejara caer sobre el asiento y con una pluma en la mano. En la base de la estatua hay una inscripción donde se puede leer: «ANONYMUS = GLORIOSISSIMI BELÆ REGIS NOTARIUS» (Anonymus = el notario más glorioso del rey Béla). Cuenta la leyenda que si uno toca la pluma que porta en su mano derecha tendrá suerte en sus estudios y en sus creaciones literarias. Así, debido al desgaste, la pluma luce un color más brillante.

Queridos lectores, estas son solo algunas de las estatuas que podemos encontrar en los distintos países del mundo. Pero hay muchas más. ¿No os dan ganas de viajar?

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