Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia (25): Nacido de hombre y mujer

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Escritor Richard Matheson
Richard Matheson. Fuente de la imagen

El profesor de Lengua y Literatura Española Miguel Díez R. ha seleccionado para esta sección el cuento “Nacido de hombre y mujer”, del escritor estadounidense Richard B. Matheson (1926-). Gracias a la publicación de esta historia en Magazine of Fantasy and Science Fiction, Matheson se hizo famoso. Tenía entonces solo veinticuatro años. Desde entonces ha influido en escritores como Ray Bradbury o Stephen King.

Para mejor comprensión del cuento, Miguel Díez incluye unos comentarios sobre ”Nacido de hombre y mujer” y sobre su autor, que pueden leerse al final.

NACIDO DE HOMBRE Y MUJER

Richard B. MATHESON (Estados Unidos, 1926-2013)

 

X – Este día cuando había luz madre me llamó náusea. Me das náuseas, dijo. Vi la ira en sus ojos. Me pregunto qué es una náusea.

Este día caía agua desde arriba. La oí por todas partes. La vi. Miré al suelo de la parte trasera desde la ventanita: chupaba el agua igual que labios sedientos. Bebió demasiado y se puso enfermo y todo marrón y blando. No me gustó.

Madre es bonita lo sé. En mi sitio cama con paredes frías alrededor tengo un papel que estaba detrás del horno. Encima dice Estrellas de la Pantalla. En las imágenes veo caras como padre y madre. Padre dice que son bonitas. Lo dijo una vez.

Y madre también. Madre tan bonita y yo bastante decente. Mírate dijo él y no tenía el rostro agradable. Le toqué el brazo y respondí está bien padre. Se estremeció y se apartó hasta donde yo no llegaba. Hoy madre me ha soltado un poco de la cadena para que pudiera mirar por la ventanita. Así es como he visto caer el agua de arriba.

XX – Este día arriba estaba dorado. Cuando lo miraba los ojos me dolían, ya lo sé. Luego miro al sótano está rojo.

Creo que esto era iglesia. Dejan el arriba. La gran máquina se los traga y se va rodando y desaparece. En la parte de atrás va la madre pequeña. Es mucho más menuda que yo. Yo soy grande. Es un secreto pero he arrancado la cadena de la pared. Puedo mirar por la ventanita todo lo que quiera.

En este día cuando se puso oscuro había comido mi comida y unos bichos. Oigo risas arriba. Me gusta saber por qué hay risas. Cojo la cadena de la pared y me envuelvo con ella. Voy hacia la escalera haciendo ruidos. Cuando camino sobre ella cruje. Las piernas me resbalan porque no camino por la escalera. Mis pies se pegan a la madera.

Subí y abrí una puerta. Era un lugar blanco. Blanco como las joyas blancas que llegan de arriba algunas veces. Entré y me quedé quieto. Oigo un poco más de risa. Camino hacia el sonido y miro a la gente. Más gente de la que yo pensaba existía. Pensé que debería reírme con ellos.

Madre salió y empujó la puerta. Me dio y me hizo daño. Caí de espaldas sobre el suelo pulido y la cadena hizo ruido. Grité. Madre silbó por dentro y se puso la mano en la boca. Sus ojos se hicieron grandes.

Me miró. Oí a padre. Qué se había caído decía. Ella respondió que una plancha. Ven ayúdame a recogerla dijo. Él vino y dijo vamos tanto pesa eso que necesitas ayuda. Me vio y se enfadó mucho. La ira llenó sus ojos. Me pegó. Unas pocas de las gotas procedentes de mi brazo cayeron en el suelo. No resultaba nada agradable. Hacía muy feo. Verde a mis pies.

Padre me dijo que fuera al sótano. Tuve que ir. Ahora la luz me daba un poco los ojos. En el sótano no pasa igual.

Padre me ató los brazos y las piernas. Me puso en mi cama. Arriba oigo risas mientras que yo estoy callado mirando una araña negra que baja hacia mí. Me pareció oír que padre decía algo. Ohdios dijo. Y sólo tiene ocho años.

XXX – Este día padre volvió a clavar la cadena antes de que hubiera luz arriba. Tengo que probar a sacarla de nuevo. Dijo que yo era malo por subir. Dijo que nunca debía hacerlo otra vez o me pegaría mucho. Eso duele.

Me duele. Duermo el día y apoyo mi cabeza en la pared fría. Pensé en el lugar blanco de arriba.

XXXX – Saqué la cadena de la pared. Madre estaba arriba. Oí pequeñas risas muy agudas. Miré por la ventana. Vi pequeña gente como la pequeña madre y pequeños padres también. Son bonitos.

Hacían un ruido muy agradable y saltaban. Sus piernas se movían aprisa. Son como padre y madre. Madre dice que toda la gente que está bien se parece a ellos.

Uno de los pequeños padres me vio. Señaló hacia la ventana. Me solté y resbalé pared abajo hacia lo oscuro. Me enrosqué para que no vieran. Oí hablar junto a la ventana y pies corriendo. Una puerta sonó arriba. Oí a la pequeña madre decir algo arriba. Oí pasos fuertes y corrí a mi sitio de la cama. Puse la cadena en la pared y me tendí de cara.

Oí bajar madre. Has estado en la ventana dijo. Oí la ira. Apártate de la ventana. Has vuelto a sacar la cadena.

Cogió el palo y me pegó con él. No lloré. No puedo hacer eso. Pero el llanto corrió por toda la cama. Ella lo vio y se apartó haciendo un ruido. Oh diosmío diosmío dijo ¿por qué me has hecho esto? Oí que el palo rebotaba en el suelo de piedra. Ella corrió arriba. Dormí durante el día.

XXXXX – Este día tuvo agua otra vez. Cuando madre estaba arriba oí a la pequeña bajar despacio los peldaños. Me escondí en la carbonera porque madre tendría ira si la pequeña madre me veía.

Tenía una cosa pequeña viva con ella. Caminaba sobre los brazos y tenía orejas puntiagudas. Ella le decía cosas.

Todo estaba bien excepto que la cosa viva me olió. Corrió por el carbón arriba y me miró desde allí. Los pelos se le erizaron. Hizo un ruido de enfado con la garganta. Yo bufé pero saltó sobre mí.

Yo no quería hacerle daño. Tuve miedo porque me mordía más fuerte que la rata. Me dolió y la pequeña madre gritó. Yo cogí a la cosa viva apretando mucho. Hizo sonidos que yo nunca había oído. Apreté hasta aplastarla toda. Se quedó llena de bultos y roja sobre el negro carbón.

Cuando madre llamó me escondí aquí. Tenía miedo del palo. Se fue. Me arrastré por encima del carbón con la cosa. La escondí bajo mi almohada y me eché encima. Pongo otra vez la cadena en la pared.

X –Esta es otra vez. Padre me ha encadenado bien fuerte. Me duele porque me pegó. Esta vez le quité el palo de las manos e hice un ruido. Se fue y llevaba el rostro blanco. Salió corriendo de donde duermo y cerró la puerta.

No estoy tan contento. Todo el día aquí es frío. La cadena sale despacio de la pared. Y estoy muy enfermo con padre y madre. Les enseñaré. Haré lo que hice esa vez.

Gritaré y me reiré muy fuerte. Correré por las paredes. Al final me colgaré abajo con todas mis piernas y reiré y les dejaré caer gotas verdes encima hasta que sientan no haber sido buenos conmigo.

Si intentan pegarme de nuevo les haré daño. Lo haré.

“Born of Man and Woman”, The Magazine of Fantasy & Science Fiction, 1950.

El gran libro del terror (The Dark Descent, 1987), selec. David G. Hartwell,

trad. Albert Solé, Barcelona, Martínez Roca, 1989, págs. 299-302.

 

Comentario

 

Richard Matheson es uno de los autores de ficción estadounidenses más importantes del siglo XX. Escritores de la talla de Ray Bradbury o Stephen King han reconocido haber sido influidos por él. Su obra literaria se caracteriza por la mezcla frecuente de los géneros de ciencia-ficción, horror y fantasía; y, además de docenas de relatos, ha escrito guiones de cine y televisión e importantes novelas, como Soy leyenda (I am Legend, 1954) o El hombre menguante (The shrinking man, 1956), ambas llevadas al cine.

“Born of Man and Woman” fue el primer cuento que escribió, cuando tenía 24 años, y que le hizo famoso inmediatamente. Publicado en Magazine of Fantasy and Science Fiction en 1950, fue uno de los relatos seleccionados en 1970 por los miembros de la asociación Science Fiction Writers of America en una lista de los mejores cuentos de dicho género de todos los tiempos y como tal apareció en The Science Fiction Hall of Fame, I, 1929-1964 (1970), famosa antología que recogía los veintiséis relatos más votados por los miembros de la citada asociación; y téngase en cuenta que, entre estos relatos, se encontraban algunos tan famosos como “A Martian Odyssey” (“Una odisea marciana”, 1934) de Stanley G. Weinbaum; “Nightfall” (“Anochecer”, 1941) de Isaac Asimov; “Mars Is Heaven” (“Marte es el cielo”, 1948) de Ray Bradbury -incluido posteriormente en el capítulo VI de Crónicas marcianas (1950) con el título de “The Third Expedition” (“La tercera expedición”)- y “Flowers for Algernon” (“Flores para Algernon”, 1959) de Daniel Keyes.

“Nacido de hombre y mujer” es un conciso, inquietante y oscuro relato de un niño de ocho años cuyos padres lo mantienen encadenado en el sótano. No existe una descripción física del protagonista, pero se dan algunos datos dispersos sobre su anormalidad o monstruosidad: tiene varias piernas, puede desplazarse por las paredes pues los pies se le pegan a ellas como si fueran ventosas, sus fluidos corporales son verdes, su fuerza es desproporcionada a su edad, etc.

El relato está contado en forma de diario en primera persona, desde el punto de vista, ingenuo y conmovedor, del niño y en un balbuciente lenguaje con curiosas expresiones: “El agua que cae desde arriba” es la lluvia; “el día arriba dorado” es que lucía el sol; “la gran máquina” es el automóvil; “las joyas blancas” son las bombillas; “la madre pequeña” es su hermanita, la “cosa pequeña viva” es el gato de su hermana, etc. El diario muestra el sufrimiento del protagonista por la total incomprensión del mundo en que vive, la soledad y la necesidad que siente de asomarse a “la ventanita” para contemplar la vida exterior o salir del oscuro y frío sótano en el que se encuentra encerrado y encadenado y subir a la casa (“el lugar blanco de arriba”), al hogar, con la familia y los amigos.

Los padres son los verdugos de su hijo. Sienten repugnancia, temor y vergüenza del pobre monstruo; no quieren que nadie sepa que existe, y lo maltratan cruelmente. Los diversos días del diario están encabezados con el signo inicial X que va aumentando progresivamente, pero, al terminar el XXXXX, hay una vuelta a X para introducir el primer enfrentamiento con el padre y el temor de éste que “salió corriendo”. El relato finaliza con ese recuerdo, para volver a la situación actual en la que se expone la llegada al límite de disgusto y desesperación del pequeño monstruo y la amenaza contundente de atacar a sus padres si lo golpearan otra vez: “Si intentan pegarme de nuevo les haré daño. Lo haré”. Y al horrorizado lector no le cabe la menor duda de que realizará sus amenazas; claro que esto sólo podrá suceder en el atemporal vacío postextual…

Como no es raro encontrar en algunos relatos de ciencia-ficción, también este posee un cierto afán de anticipación a la realidad tal y como la concebimos. Quizá podría ser que, alguna vez, aun conservando su inteligencia y capacidad de expresión, el hombre llegara a mutar de tal manera que avergonzara y horrorizara a sus propios padres. Pero no es preciso esperar a tiempos venideros. La ficción de Matheson no está tan alejada de la realidad actual como podría parecer a primera vista. Con frecuencia oímos noticias de padres que, durante muchos años, han mantenido a sus hijos ocultos y encadenados, horrorizados por su deformidad física o por su alienación mental o psíquica. Pero cada vez es más frecuente que los hijos maten a sus padres por creerse que han sido maltratados por ellos, sea verdad o no.

Miguel Díez R.

 

 

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