Augusto Monterroso y las moscas

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monterroso y las moscas
Augusto Monterroso. Fuente de la imagen en Internet

El décimo aniversario de la muerte del escritor guatemalteco Augusto Monterroso ha provocado, como no podría ser de otra manera, una cascada de artículos sobre su obra y su figura. El periodista y ensayista Gianfranco Brevetto es autor de un artículo, publicado recientemente en AgoraVox, titulado “Augusto Monterroso. El amor, la muerte y las moscas”. Me he tomado la molestia de traducir al castellano el texto, que está en italiano -como ya habréis notado por el título.

Aquí podéis leer el artículo original sobre Monterroso.

EL AMOR, LA MUERTE Y LAS MOSCAS

Gianfranco Brevetto

Conocer y leer la obra de Augusto Monterroso en italiano es una suerte al alcance de pocos. Pero quien ha tenido este privilegio se ha sentido ampliamente recompensado por los esfuerzos hechos para hacerse con la edición en la lengua materna de sus escritos. Y, sin embargo, no se puede decir que este escritor guatemalteco, fallecido en 2003, no haya tenido relación con nuestra literatura.

El mismo Calvino, atento seguidor de la literatura latinoamericana, le dedicó uno de sus últimos escritos. De Monterroso amaba su capacidad de convertir la forma literaria en epigramas. Esa brevedad y síntesis que Calvino ha destacado como antídotos contra la sobreabundancia de textos en estos tiempos. Algo que le hizo apreciar particularmente a Monterroso fue sin duda el granítico y sintético texto del dinosaurio:

”Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Dinosaurio, pero también águilas, ovejas y por último pero no menos importante, moscas.

Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, ese sentimiento, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres“.

La mosca es elevada a uno de los temas mayores de la literatura, junto al amor y a la muerte. Un modo para estos autores de denunciar el idiotismo del mundo intelectual. Monterroso aquí nos confiesa estar interesado en el primer tema, un tema banal y marginal. Pero no demasiado.

Echando un vistazo a su obra, la síntesis no parece ceder nunca la brevedad y las palabras evocan un significado que, en la minuciosidad de muchos autores, parece caer en la complacencia de la descripción demasiado analítica. Monterroso parece esculpir más que escribir. Sin embargo, su escritura ha sido, y sigue siendo, lo que se ha llamado “una brevedad en constante expansión”.

Para Maria Teresa Marzilla, Monterroso reafirma, incluso en el plano teórico, el dinamismo infinito de su narrativa, abierta a nuevas y múltiples posibilidades, que el lector podrá inventar o descubrir. Cada sentido es aquí voluntariamente provisional, cada signo puede ser perdido y recuperado en otro contexto.

Lo que les sucede a los animales, hombres y cosas de estas historias no es muy importante: lo importante es la posibilidad de jugar con sus mismos papeles, de cambiarlos, de darles la vuelta o rechazarlos.

Gianfranco Brevetto, AgoraVoz, 2013
Traducción al castellano: Francisco Rodríguez Criado

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