plumas estilográficas

Cuento breve de Victoria Pelayo Rapado: Tres maneras de morir

Victoria Pelayo Rapado
Victoria Pelayo Rapado

TRES MANERAS DE MORIR

(cuento)

Victoria Pelayo Rapado

Un intenso dolor, en forma de latigazo que me recorre la espalda, me despierta, y antes de abrir los ojos, no sé por qué, intuyo que es de noche y que no distinguiré nada. Temo abrirlos y no ver lo que tengo delante. Tampoco sé dónde estoy. La mano derecha está atrapada con algo que me impide moverla, y la otra mano, aunque parece estar bien, no tiene fuerza. Antes de abrir los ojos, sigo demorando ese momento, intento pasar la mano libre por encima de mi cuerpo y tirar del brazo derecho para liberarlo de donde quiera que esté, pero es imposible, solo alcanzo a rozarme la camisa. El dolor que me recorre la espalda termina por espabilarme del todo y me  preparo para abrir los ojos. Al hacerlo, y como me temía, la oscuridad es total, parpadeo varias veces para asegurarme de que tengo los ojos abiertos y que la negrura es real. A lo lejos se oye una especie de clip clap, como gotas metálicas, cesa unos instantes y vuelve a oírse de nuevo, clip clap. De momento no reconozco el sonido y me concentro en la vista. Habrán pasado unos minutos, creo, cuando una especie de destello comienza a vislumbrarse delante de mí, mejor dicho, encima de mí, porque hasta ahora no he sido consciente de que estoy echado, donde quiera que sea, sobre una superficie dura, rugosa e irregular. Ahora veo el destello con claridad, no tengo dudas, es algo metálico, liso, redondeado y brillante. Clip, clap. Ahora ha sonado más cerca y el intervalo con el segundo clip clap es más corto. Comienzo a distinguir algo más, como una sombra grande, redonda. Clip, clap. Antes de poder reconocer ese segundo objeto, otro ruido llama mi atención. Un siseo que se acerca, cada vez más. Clip, clap. Está muy cerca y se detiene junto a mis pies. Siento mucho movimiento ahí abajo y, de pronto, recuerdo que estamos en otoño y que antes del accidente miraba distraído el camino cubierto de hojas, que algo tira con fuerza de mis zapatos, se está librando una especie de batalla por quitármelos y no entiendo cómo resulta tan difícil. Clip, clap. El ruido de las hojas, el siseo, se ha intensificado hasta que por fin, y después de un brusco tirón, cesa. Clip, clap. Se aleja. Un picor nuevo me quema los pies, no es dolor pero se le parece, ¡Cómo me aliviaría poder frotármelos, masajearlos!, pero mi inmovilidad me ata como una soga. Al picor le sucede una sensación húmeda y caliente a la vez, muy caliente, y un olor conocido llega a mi nariz. ¡Es sangre! Me sorprendo con mi  propia voz y me aterra el descubrimiento que acabo de hacer: una alimaña del bosque me ha mordido, al parecer, la pierna o el pie, no estoy seguro, excepto el tirón no he sentido nada y ahora la sangre, caliente, me empapa. No eran mis zapatos lo que quería llevarse. Las lágrimas me inundan los ojos, resbalan por el rostro y se pierden. Clip, clap. Ahora recuerdo la carretera, las curvas, lo bonito que encontré el campo después de tanta lluvia, y mi distracción. Ahora entiendo, de golpe, el dolor que me recorre de arriba abajo, la inmovilidad de mi cuerpo y la insensibilidad en mis piernas. He tenido un accidente y estoy atrapado bajo el coche y, si alguien no me encuentra pronto, moriré desangrado si antes no sufro un nuevo ataque de otro animal, del mismo quizá, estimulado por presa tan fácil como dócil. Clip, clap. El pesimismo me invade de una forma tan aterradora como real. Nadie me va a encontrar. Clip, clap. La carretera en esta época del año permanece solitaria, nadie, tal vez algún caminante transite por ella durante el día, jamás por la noche, y para cuando sea de día, la sangre que, caliente, sigue brotando, se habrá llevado mi vida por el agujero de la pierna. Clip, clap. Un nuevo olor, más fuerte que la sangre, inunda mis sentidos. Parece que ahora lo único que me funciona es el olfato, y un intenso olor a gasolina me hace reconocer de repente el clip, clap que, como agónica cadencia, me acompaña. Lágrimas, esta vez de felicidad, me inundan de nuevo. No moriré desangrado ni devorado. Sé que en cualquier momento se provocará la explosión y solo espero que sea pronto. Clip, clap, clip, clap.

Leer “Singer”, otro cuento de Victoria Pelayo Rapado


Leer entrevista con Victoria Pelayo

narrativa_newsletterp

Artículos relacionados

Deja un comentario

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.