La corrupción

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Hundimiento del crucero Costa Concordia. Fuente de la imagen

Hay personas que no saben apañárselas sin la enfermedad. La hemodiálisis, la quimioterapia y los corticoides son diablos con cuernos, pero al mismo tiempo se encargan de recordarnos que no estamos muertos. Lo difícil –lo diré ya– no es vivir en la enfermedad sino en la salud, porque la primera nos obliga a la aventura del combate, mientras que la segunda nos hace bajar la guardia y nos roba el enemigo que toda persona decente necesita para ser feliz.

LA CORRUPCIÓN

Francisco Rodríguez Criado

Después de toda una vida con reúma, a mi santa abuela la hospitalizaron con urgencia cierto día en que el dolor, a saber por qué, desapareció de repente. El sufrimiento era para la abuela como su segunda piel, y cuando los dolores se esfumaron su afligida existencia se fue con ellos.

Hay personas que no saben apañárselas sin la enfermedad. La hemodiálisis, la quimioterapia y los corticoides son diablos con cuernos, pero al mismo tiempo se encargan de recordarnos que no estamos muertos. Lo difícil –lo diré ya– no es vivir en la enfermedad sino en la salud, porque la primera nos obliga a la aventura del combate, mientras que la segunda nos hace bajar la guardia y nos roba el enemigo que toda persona decente necesita para ser feliz.

Muchos no estarán de acuerdo conmigo, porque hasta las palabras más sabias –y las mías lo son– tienen detractores. No estarán de acuerdo, por ejemplo, esa legión de españoles indignados que pide a gritos una reforma estructural que libere a este país de la corrupción imperante. Pero nos guste o no, el virus de la corrupción es seña de nuestra identidad, tanto como los jamones, los toros o las porras en el café. Si nos hurtaran ese luminoso faro que constituyen los Bárcena, Urdangarin o los Correa de turno, acabaríamos arrastrados en plena noche contra los acantilados de la complacencia, como le ocurrió a aquel crucero de placer, el Costa Concordia, que comandaba el infortunado capitán Schettino.

Un país tan díscolo y desunido como este necesita un reúma constante contra el que luchar todos a una. Debemos evitar que nos mate, como a la pobre abuela, un brote de salud.

(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 14 de febrero de 2013).

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