Correr a la pata coja

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Xabi y Xavi. Fuente de la imagen

CORRER A LA PATA COJA

Francisco Rodríguez Criado

Orgullosos de ser españoles después de sufrir durante décadas la censura que les impedía la exaltación patriótica, los aficionados han tomado las calles, bandera en mano, para celebrar el nuevo éxito de la selección española. Lo que se celebra de manera tan hiperbólica es haber nacido en un país que en pleno desastre político y económico ha dado a luz a los mejores futbolistas de toda su Historia. En el atribulado subconsciente nacional estamos mezclando primas de riesgo y recortes con goles a lo Panenka, que ya es chulería. España se ha convertido en un país que corre más y mejor que sus rivales en la cancha, pero que una vez fuera de ella vuelve a colocarse la pierna ortopédica. Corremos tan rápido para olvidar que desde hace cinco años, como le ocurría a Rambo, no sentimos las piernas.

Cuanto peor es nuestra situación económica, mayores han de ser nuestros éxitos deportivos. El fútbol se ha convertido en forzoso opio del pueblo que fumamos cada dos años entre densas humaredas. Ganar otra Eurocopa nos ha permitido volver a correr a toda velocidad tras un burdo espejismo sin movernos del sillón.

La efímera alegría de tantos hogares españoles se sustenta en un mecanismo de defensa que ha sido siempre el gran aliado de la supervivencia: olvidar lo que no nos interesa y traer al primer plano mental lo que nos alegra la vida.

Pero la memoria es frágil, no tonta. Cuando el fulgor de los éxitos se calme, tendremos que reconocer –aunque sea inconscientemente– que mientras los Xavis y Xabis de turno avanzan con buen paso hacia la inmortalidad, los demás seguimos corriendo hacia atrás y a la pata coja.

(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles,3 de julio de 2012).

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