Opiniones de un corrector de estilo: El uso compulsivo de las coletillas

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Librería Gran Splendid en Buenos Aires
Librería Grand Splendid en Buenos Aires. Fuente de la imagen en Internet

Opiniones de un corrector de estilo (41): El uso compulsivo de las coletillas

Pese a mis carencias oratorias –que vienen a ser parecidas a las de cualquier ciudadano de a pie–, hoy me atrevo a alertar en esta sección en contra de ciertas tendencias cansinas que escucho y leo en el día a día. Y eso que por suerte empieza a desvanecerse poco a poco la moda del ¿Vale? de confirmación que muchos hispanohablantes introducen compulsivamente en sus frases para constatar que su interlocutor no es idiota y que logra procesar la información que se le está dando.

Pero si hay un tic oral que me pone nervioso es el de la verdad es que, una coletilla (según el DRAE: “añadido breve que se suma a lo escrito o hablado”) que en los últimos tiempos se emplea en la lengua española (en su modalidad oral y por contaminación también en la escrita) con la misma frecuencia con que se utiliza el ajo o la cebolla en la cocina mediterránea. Es decir: casi siempre y para casi todo.

Resulta difícil escuchar una entrevista en la radio o en la televisión en la que el entrevistado de turno no comience su discurso encadenando esas cuatro palabras que, bien mirado, no significan nada.

La verdad es que hemos jugado un buen partido.

La verdad es que estoy muy contento con este premio.

La verdad es que el presidente ha estado ambiguo.

Intuyo que la verdad es que se ha convertido en una pócima milagrosa psicológica que le ayuda al hablante a liberar ciertas dosis de ansiedad. Su uso ha alcanzado de lleno también a algunos de mis amigos, incapaces de mantener una conversación si no introducen la pócima en cada frase. El resultado es que la inicial intención confesional de este giro lingüístico ha acabado por banalizarse, perdiendo así su razón de ser. Esa es la triste verdad.

 

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