Velocidad y salud

Don Juan Carlos progresa rápidamente en su recuperación y camina el doble”, reza un titular de la prensa. Me hago una idea de lo que pretende transmitir el periodista, aunque convendría no confundir la rapidez con la buena salud. ¿De qué le sirve a nuestro monarca caminar el doble, si el mal fario se ha cebado con él y dentro de dos meses debe desandar el camino para entrar por enésima vez en el quirófano?

Otro tanto ocurre con el flamante fichaje del Real Madrid, Gareth Bale, posiblemente el futbolista más rápido del planeta, tanto que ostenta registros de velocidad similares (a la baja) a los de Usain Bolt. Pero la velocidad de Bale por ahora solo ha ayudado a que un Real Madrid enfermo de apatía acelere su declive. No por culpa de Bale, aunque sí con su participación, el club blanco se aleja más rápidamente del primer puesto de la Liga.

La DGT se empeña, año tras año, en explicarnos que vamos más rápido de lo deseable. Lo importante, al parecer, no es la velocidad sino llegar a nuestro destino, sea cual fuere.

Quien se toma a pecho esta máxima es don Mariano, ese lobo de mar gallego que tripula a duras penas un barco semihundido al que llaman España. Los últimos datos económicos indican que llevamos buen camino para salir del naufragio aunque a velocidad de crucero. Avistamos tierra a lo lejos, pero a este paso de tortuga no van a quedar suministros para alimentar a una tripulación tan numerosa como desnutrida.

Ahora que divisamos la meta deseada, solo falta meter el turbo. Si la velocidad, como decía arriba, no es siempre sinónimo de recuperación de la buena salud, la parálisis no lo es nunca.

(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 2 de octubre de 2014).

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