Cuento breve recomendado: «Ulises», de Ángel Olgoso

Ángel Olgoso, cuento
Escritor Ángel Olgoso. Fuente de la imagen

No estoy seguro de haber escrito microrrelatos. Me parece que fondo y forma son inseparables, y que la brevedad no es un valor por sí mismo Siempre he buscado la máxima expresividad con el menor número de palabras, pero sacrificándolo todo a las exigencias de cada relato, puesto que la extensión viene dada por las necesidades del propio texto. Cada uno nace con su propio color, tono y envergadura: unas veces ocupan una línea y otras treinta páginas, pero procuro que sean milimétricos y quintaesenciados, que cada palabra tenga peso específico, que por supuesto posean sustancia narrativa, que desborden la pagina y dejen en el lector una huella imborrable. Quizá el microrrelato no sea sino una variante más del cuento, una evolución hacia una forma límite y experimental en la que su rasgo más visible -la brevedad- potencia sus otras características.

Angel Olgoso

ULISES

(cuento)

Ángel Olgoso (España, 1961)

Yo, el paciente y sagaz Ulises, famoso por su lanza, urdidor de engaños, nunca abandoné Troya. Por nada del mundo hubiese regresado a Ítaca. Mis hombres hicieron causa común y ayudamos a reconstruir las anchas calles y las dobles murallas hasta que aquella ciudad arrasada, nuevamente populosa y próspera, volvió a dominar la entrada del Helesponto. Y en las largas noches imaginábamos viajes en una cóncava nave, hazañas, peligros, naufragios, seres fabulosos, pruebas de lealtad, sangrientas venganzas que la Aurora de rosáceos dedos dispersaba después. Cuando el bardo ciego de Quíos, un tal Homero, cantó aquellas aventuras con el énfasis adecuado, en hexámetros dáctilos, persuadió al mundo de la supuesta veracidad de nuestros cuentos. Su versión, por así decirlo, es hoy sobradamente conocida. Pero las cosas no sucedieron de tal modo. Remiso a volver junto a mi familia, sin nostalgia alguna tras tantos años de asedio, me entregué a las dulzuras de las troyanas de níveos brazos, ustedes entienden, y mi descendencia actual supera a la del rey Príamo. Con seguridad tildarán mi proceder de cobarde, deshonesto e inhumano: no conocen a Penélope.

La máquina de languidecer, Madrid, Páginas de espuma, 2009, pág. 24.

[Véase de este mismo autor , LAS PLÉYADES, EL PROYECTO, ÁRBOLES AL PIE DE LA CAMA y LA MUJER TRANSPARENTE]

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