Triunfo de la tristeza

Guacamayo. Fuente de la imagen
Guacamayo. Fuente de la imagen

TRIUNFO DE LA TRISTEZA

Francisco Rodríguez Criado

Hemos sabido que años atrás los más distinguidos representantes de la selva celebraron un pleno para debatir el preocupante asunto de los tres tristes tigres, cada vez más desacreditados por su negativa a participar en tareas al servicio de la comunidad. Al parecer, los tres tristes tigres se negaban a desempeñar cualquier actividad que no fuera dormir y abatir moscas con la cola. Ensimismados y poco habladores, pasaban las horas tumbados, apiñados entre sí, a la sombra de un frondoso árbol. Nadie, ni siquiera la chismosa jirafa, sabía de ellos más allá de que eran tres y que siempre estaban tristes, algo imperdonable en una sociedad tan vitalista como es la de la selva.

Según las actas notariales de aquella reunión, eran numerosas las propuestas que unos y otros animales tenían pensado formular aquel día para mejorar el espíritu cívico de los citados felinos, pero ante las insalvables dificultades que encontraron los ponentes a la hora de pronunciar las temibles palabras “tres”, “tristes” y “tigres” (por lo que se ve, desconocían sus nombres de pila), palabras en las que se trastabillaban una y otra vez con las malditas erres, decidieron cerrar en falso la reunión a los diez minutos de su inicio. El chimpancé, que oficiaba como presidente, aseguró que se celebraría un nuevo pleno antes de que empezara la época de las lluvias (decía que así podrían aprovechar la ocasión para tomar clases con el guacamayo, experto en dicción), pero según tenemos entendido esa promesa nunca llegaría a cumplirse por problemas de agenda.

Todo hace pensar pues que aquellos tres tigres siguieron con sus vidas sencillas y que afortunadamente para su naturaleza congénita nunca dejaron de estar tristes.

SECCIÓN DE MICRORRELATOS

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