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Los críticos, enanos subidos a hombros de un gigante

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Este es un fragmento de La Cultura. Todo lo que hay que saber, de Dietrich Schwanitz, un libro divulgativo que pretende abarcar todos los ámbitos de la cultura. En estas líneas, Schwanitz nos explica el origen de los suplementos culturales, y después de recomendarnos algunos de ellos (en alemán y en inglés) les da un tirón de orejas a los críticos que no están debidamente formados.
El suplemento cultural de los periódicos
Todo periódico que se precie tiene una sección dedicada a la cultura, el denominado suplemento cultural. Éste fue inventado por el abad Geoffroy para el Journal des Débats alrededor de 1800, y en su origen estaba dedicado exclusivamente a la crítica teatral. Entre tanto, se ha llenado de todo tipo de cosas relacionadas con los medios de comunicación de masas, el arte, la literatura, la música y la ciencia: recensiones, ensayos, informes sobre exposiciones de arte, congresos científicos, conciertos, estrenos cinematográficos, críticas televisivas, etcétera. Su tono no era académico, sino ensayístico y ameno.
 
Quien se interese por el mundo de los libros, por la literatura y la ciencia, debería elegir un diario o un semanario que tenga un buen suplemento cultural. En el ámbito de lengua alemana, los periódicos dotados de los mejores son el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el Süddeutsche Zeitung y el Neue Zürcher Zeitung. Recientemente, Die Welt trae un buen suplemento literario los sabados, y el Franfurter Allgemeine Zeitung publica un suplemento científico los miércoles. El semanario más difundido en Alemania, Die Zeit, cuenta con un ambicioso suplemento cultural, con un suplemento literario y una sección dedicada a la recensión de libros: en él se encontrará lo que se considera políticamente correcto.
 
Quien pueda leer inglés sin dificultad y busque reseñas originales e informativas, debería leer la New York Review of Books. Sus recensiones tienen una forma especialmente lograda: en sus artículos, los autores de las reseñas se ocupan de varios libros dedicados a un mismo tema; su comparación sitúa el tema común en el centro de la discusión, de modo que los artículos especializados y las recensiones se complementan maravillosamente
 
En cualquier caso, conviene informarse regularmente sobre las nuevas publicaciones y sobre todo lo relacionado con el panorama literario y artístico. No obstante, no se ha de tener una fe ciega en los suplementos de periódico. Sus artículos responden a determinadas condiciones del panorama cultural, que es necesario conocer para ser capaz de valorarlos correctamente. He aquí algunos consejos para enfrentarse a los distintos tipos de artículos.
 
Recensiones de publicaciones científicas: toda crítica presupone que el crítico conoce mejor que el propio autor el tema del libro del que se ocupa; de no ser así, ¿cómo podría criticarlo? Pero, en realidad, esto no siempre ocurre o, mejor dicho, no ocurre casi nunca. Naturalmente, el autor de la recensión oculta al lector su desconocimiento del tema, pues de lo contrario su autoridad resultaría simplemente dañada; y para no despertar ninguna sospecha, a través de su feroz crítica introduce una distancia entre la ineptitud del autor y su propia superioridad, tarea en la que la magnitud de su empeño suele estar en proporción inversa con la de su ignorancia. Por eso, es conveniente saber que muchos críticos son enanos subidos a hombros de gigantes, y cuanta mayor es su pequeñez, tanto más intentan confundir al lector en vez de proporcionarle información. En este caso, no se ocupan del contenido del libro, sino que dan por supuesto su conocimiento. Establecen comparaciones con las obras desconocdas (“en lo que respecta al rigor, no puede compararse con el Viaje al ayer de P.O. Abele, una obra mucho más clara”), abundan en complejísimas alusiones destinadas a supuestos iniciados en la materia (“recuerda mucho a aquella inolvidable controversia…”), en dogmáticas etiquetas (“sin duda, un delirio deconstruccionista”) y en referencias cuyo propósito es desmoralizar al lector y tacharlo de ignorante (“así pues, es mejor que nos atengamos a nuestro acreditado Gustav Württemberger”). La finalidad de todo esto esta parafernalia no es procurar al lector una descripción objetiva de la obra reseñada, sino ocultar la ignorancia del autor de la reseña.



La Cultura. Todo lo que hay que saber, de Dietrich Schwanitz, traducción de Vicente Gómez Ibáñez. Punto de Lectura, 2006.

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