Sherwood Anderson bajo la lupa de Harold Bloom



El controvertido crítico literario Harold Bloom, adicto a los cánones, dedica este breve capítulo de Cuentos y cuentistas. El canon del cuento (Páginas de Espuma, 2009) a la figura del escritor Sherwood Anderson, quien fuera el maestro y promotor de William Faulkner cuando este estaba al inicio de su carrera. Bueno, a decir verdad, Bloom se centra casi específicamente en el cuento de Anderson que más le gusta, “Muerte en el bosque”, publicado en 1933.

“Desde el punto de vista histórico, Sherwood Anderson ha sido una figura importante para el desarrollo del cuento americano durante las décadas de 1920 y 1930. Influido por el naturalismo de Theodore Dreiser y por la prosa experimental de Gertrude Stein, Anderson desarrolló un arte narrativo lo suficientemente personal como para convertirse en una decisiva y temprana influencia para Ernest Hewingway y William Faulkner, aunque ambos, más bien ingratamente, acabarían satirizándole.

 

Sherwood Anderson
SHERWOOD ANDERSON (1876-1941)

Los obsesivos personajes grotescos de Anderson, cada uno de ellos atrapado en su propia perspectiva, son, por lo general, los protagonistas de sus historias de mayor éxito. Pero el cuento de Anderson que más me gusta, “Muerte en el bosque”, trata de un personaje que ha sido una víctima toda su vida y con tan escasa conciencia de ello que no puede ser considerado grotesco. “Muerte en el bosque”, relato tardío publicado en 1933, narra la triste historia de Ma Marvin, una mujer pobre y sola de la que se han aprovechado toda la vida. Anderson ni le rinde homenaje ni se compadece de ella, pero la transforma en su conjurador poema en prosa: “Algo tan completo tiene su propia belleza”. El narrador, claramente un sustituto de Anderson, experimenta su propia transformación en un artista a la vez que se inicia su despertar sexual con la contemplación del cuerpo congelado de la anciana, de un extraño aspecto blanco y adorable como si hubiera vuelto a ser una niña.

Al releer “Muerte en el bosque”, después de haberme enfrentado a él (y haberlo enseñado en mis clases) por vez primera hace medio siglo, he sentido que me impresionaba y estremecía. Al centrarse en la visión que el narrador ofrece de la muerte de Ma Marvin, Anderson reduce su muerte a sus consecuencias estéticas que sirven de material para la historia. El narrador se aprovecha de la anciana tanto como los humanos y los animales se han aprovechado siempre de ella. Uno espera hallar algo de ironía en ese conciencia de la culpabilidad del artista en “Muerte en el bosque”, pero no la hay. Esa ausencia indica la pureza de Anderson como cuentista, y también sus limitaciones”.

Harold Bloom

Harold Bloom, Cuentos y cuentistas. El canon del cuento, Páginas de Espuma, Madrid, 2009).

Traducción: Tomás Cuadrado

Edición: Francisco Javier Jiménez Rubio



 

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