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El Diario Down: Mi padre y la tecnología

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Antiguo Mercado de la Cebada (Madrid). Fuente de la imagen

El Diario Down: Mi padre y la tecnología

Miembro de una familia de felices y sufridos comerciantes, mi padre enfocó siempre su profesión de un modo calvinista. “Trabajo, trabajo y trabajo”, ese era su lema (que aderezaba con su pasión por el fútbol). Puede decirse de él, sin posibilidad de error, que es un hombre hecho a sí mismo. En los años 40 del pasado siglo empezó a vender pescado con mi abuelo José en el mercado de Cáceres, oficio al que nunca renunció. Tenía doce años cuando se puso el mandil y comenzó a vivir de lo que rendía su trabajo (algo que tantas veces nos ha repetido a sus descendientes, sobre todo a su díscolo hijo…). Su objetivo en la vida, ser el mejor vendedor, lo cumplió con creces. O al menos ha sido el mejor vendedor que he conocido.

Lo recuerdo ahora, como tantas veces lo vi cuando yo era niño, pletórico en aquella minúscula pescadería (que él convertía a los ojos de las clientas en un inmenso campo de fútbol), pesando en las balanzas de reloj sardinas, merluzas y piezas de bacalao, y anotando los importes de las ventas en papel de estraza, uno de los iconos de mi infancia. Nunca le gustó la contabilidad (en eso he salido a él) y mucho menos la tecnología: pese a que la prosperidad económica le acompañó siempre (llegó a tener un camión Pegaso, el equivalente a tener hoy un Porsche), llevó el negocio a la vieja usanza, echando mano, como digo, de la calculadora de antaño: lápiz, papel de estraza y algo de esfuerzo mental.

Para lo bueno y para lo malo, mi padre nunca ha sido amigo de la tecnología. No sabe lo que es Internet, no sabe lo que es Facebook, ni Twitter, ni What´s Up (aceptado ya por nuestros académicos como wasap). No sabe lo que significan palabros como wifi, blog o pendrive. Sí sabe –para desesperación del resto de la familia– qué es el teléfono móvil: un artefacto inventado por el Maligno que suena cuando no debe y no suena cuando debe, un engendro lleno de teclas incomprensibles, tan incomprensibles como los jeroglíficos egipcios antes de que Jean-François Champollion se diera de bruces con la piedra de Rosetta.

Mi padre, en fin, lo desconoce todo sobre la tecnología (y ahora que lo pienso, también sobre el síndrome de Down). Pero no por eso deja de ser humano, e incluso me atrevería a decir que esa carencia lo hace aún más humano. El otro día, por ejemplo, tuvo el detalle de darle repetidos besos –instinto natural– al teléfono móvil cuando mis hermanas le presentaron en foto a su nieto (al que, por cierto, está a punto de conocer en persona). No sé qué pensaría unos días después cuando, siguiendo las indicaciones de mis hermanas, miró a la cámara del Ipad y dijo muy ceremonioso, casi con lágrimas en los ojos:

–Un beso para mi nieto Francisco.

(Eso es lo que yo llamo economía del lenguaje: con seis palabras consiguió expresar lo mismo que otros intentamos hacer en un inabarcable diario).

Mi desmemoriado padre nada sabe de tecnología y nuestro precioso bebé, tampoco. Pero cuando queremos que Francisco III sonría, no tenemos más que ponerle el vídeo de su abuelo, Francisco I, ese hombre que un día fue un brazo de mar saludable y locuaz. Ese hombre incombustible que se hizo a sí mismo en los tiempos del papel de estraza, cuando el mundo era un juguete en sus manos de orgulloso pescadero y Bill Gates, Steve Jobs y Mark Zuckerberg aún no habían nacido.

…..

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo. (Información sobre sus libros).

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EL DIARIO DOWN

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francisco rodriguezFrancisco Rodríguez Criado: escritor, corrector de estilo, profesor de talleres literarios y creador del blog Narrativa Breve. Ha publicado novelas, libros de relatos, obras de teatro y ensayos novelados. Sus minificciones han sido incluidas en algunas de las mejores antologías de relatos y microrrelatos españolas: El cuarto género narrativo. Antología del microrrelato español (1906-2011). Ed. Irene Andrés-Suárez (Cátedra, Madrid, 2012),Velas al viento. Ed. Fernando Valls (Los cuadernos del vigía, Granada, 2010), La quinta dimensión (Universidad de Extremadura, Mérida, 2009), Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Ed. Fernando Valls (Páginas de Espuma, Madrid, 2008), Histerias breves (El problema de Yorick, Albacete, 2006), Relatos relámpago (ERE, Mérida, 2006), etcétera. Es autor de El Diario Down, donde narra en primera persona sus experiencias como padre de un bebé con el Síndrome de Down. 

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7 comentarios en “El Diario Down: Mi padre y la tecnología

  1. Cada vez me gusta más el diario de Dawn, y cada vez me llega más al corazón, me hace sonreír, llorar y disfrutar, siempre se disruta cuando se lee algo bin escrito que te llega al alma y oca tu sensibilidad.

    Gracias al escritor por este regalo.

    • Estimado Francisco: Felicidades, algo atrasadas, por el nacimiento de su hijo. Lo he “conocido” a usted, a través del Portal Down21, y estoy encantada de haberlo hecho, de verdad. Me gusta mucho leer las cosas que usted escribe en los diversos apartados de este sitio web. Tengo una hermana con síndrome de Down de 51 años, que vive conmigo, y tiene una categoría humana extraordinaria. Espero seguir leyéndolo. Un abrazo muy fuerte, muchos besos a su rubito y a la madre del rubito y hasta otro momento.

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