plumas estilográficas

Escritores y artistas ocultos

 

Este reportaje de Rafa Vidella, que rescato del olvido, fue publicado en la versión digital de 20 minutosEn él se abordan las figuras de escritores y artistas que viven o tratan de vivir en el anonimato.

 


RAFA VIDELLA. 08.03.2010 – 07.17 h

“En estos días de Facebook, Flickr y formas de sobreexposición variadas, resulta marciano leer de artistas encapuchados o escritores ocultos tras un seudónimo. Pero existen: no sólo nos rodean seres que matarían por aparecer en los medios, sino también genios que persiguen todo lo contrario.

El rey de la calle

A principios de los noventa, las paredes de Bristol empezaron a llenarse de irónicas pintadas que iban más allá de los clásicos grafitis. Ratas anarquistas, policías cacheados por niñas, antidisturbios con ramos de flores… Tras esa realidad invertida, se supo, se escondía un tal Banksy.

Angelina Jolie pagó una fortuna por una de las obras de Bansky

Hoy, Banksy es uno de los artistas más populares del mundo. Angelina Jolie pagó una fortuna por una de sus obras, sus pinturas decoraron el muro de Cisjordania o el Eurotúnel y su primera película, Exit Through the Gift Shop, se recibió con expectación en Berlín.

Pronto nació la obsesión por desvelar su identidad real. En 2007, los periódicos abrieron con la foto de un tipo arrodillado junto a un muro con un bote de pintura en la mano: se suponía que era él. Y empezó a darse por hecho que su nombre era Robin Banks, nacido en 1973 ó 1974 en Bristol. Eso sí, ni sus presuntos padres ni Banksy lo confirmaron.

“El anonimato es sexy”

La historia de Burial ofrece bastantes similitudes. “Siempre me gustó el misterio”, afirmaba el enigmático músico en 2006, cuando su primer álbum fue recibido con entusiasmo. “El anonimato asusta, pero también es sexy. Justo lo contrario de lo que buscan los demás músicos”.

Su negativa a ser fotografiado y actuar en directo dispararon su fama, más que sus intrigantes melodías y minimalistas y sutiles ritmos. Pero en agosto de 2008, y también atosigado por los medios, Burial decidió sacar a la luz su verdadero nombre: William Bevan. Adiós al misterio y, por desgracia, también a los LP: su segundo y, hasta ahora, último disco de larga duración, Untrue, se publicó en 2007.

El de Burial no es el primer caso en el que música electrónica y anonimato van de la mano. Underground Resistance reunió a artistas alérgicos a la fama que, de aparecer en público, lo hacían tras pañuelos o pasamontañas (aunque al final uno de ellos, Jeff Mills, terminó siendo uno de los más famosos DJ del mundo). Misteriosos hábitos compartidos por Drexciya, Cybotron o Daft Punk (los franceses Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo, siempre vistos tras sus psicotrónicos cascos).

Letra incógnita

Aún más que la música, la literatura ha sido terreno fértil para creadores sin cara. De J. D. Salinger fueron tan legendarios El guardian entre el centeno como su terror a los focos. De Thomas Pynchon apenas hay fotos: cuando ganó el National Book Award con El arco iris de gravedad, mandó a un payaso a recoger el premio. Pero el novelista más misterioso de los últimos años fue J. T. LeRoy.

Las aventuras de un niño obligado a prostituirse siempre serían más interesantes que las de una vulgar treintañera.

Allá por 1999, Jeremiah Terminator LeRoy se convirtió en el chico de moda de las letras estadounidenses. Lo fue por su primera novela, Sarah, pero sobre todo por su biografía: víctima de abusos infantiles, empezó a prostituirse a los 12 años, a drogarse sin mesura (se infectó con el VIH a los 16) y a ser amigo de Wynona Rider, Madonna o Courtney Love a los 21. Un extraño y sensible chico de atiplada voz, escondido tras unas gafas oscuras y siempre acompañado por Laura Albert, la mujer que le rescató del infierno.

Una farsa. La borrosa cara de LeRoy era la de Savannah Knopp. Knopp era la cuñada de Albert. Y Albert, quien escribía las novelas. Hasta Gus Van Sant, con quien LeRoy había colaborado en Elephant, fue engañado. “Las aventuras de un niño obligado a prostituirse por su madre”, se justificó Albert, “siempre serían más interesantes que las de una vulgar treintañera como yo”.

De quien se desconoce todo es de Chimo, que firmó la novela Lila dice. La leyenda afirma que en 1995 un abogado entregó al presidente de una editorial francesa dos cuadernos escritos a mano y llenos de faltas de ortografía. Se publicaron, y hasta tuvieron su versión cinematográfica.

Tampoco se sabe mucho del autor de Amberville (2008), que causó sensación en la Feria del Libro de Fráncfort. La novela se publicó firmada por Tim Davys, seudónimo de un (o una) novelista sueco. También sueco es Lars Kepler, el autor de El hipnotista. Primera entrega de una serie de ocho novelas en la senda de Millennium, Kepler tiene una ventaja sobre el fallecido Stieg Larsson: tener cuatro manos. Las del matrimonio formado por Alexandra Coelho y Alexander Ahndoril, sus auténticos autores.

Un mes de fantasía en BCN

Ya no podrá ser esta vez: los que quieran conocer la obra de Alex Diamond tendrán que esperar a mejor ocasión porque la exposición Demon Circus, que pudo verse desde el 4 de febrero en la galería barcelonesa Iguapop, concluyó el pasado sábado.

Se supone que Diamond es un hombre nacido en Hamburgo que responde en su web a las preguntas de sus seguidores. Diamond ha hecho de sí mismo su obra: oculto tras pelucas y velos, muestra sus dos dedos corazón en actitud desafiante. Pura ficción, pura fantasía. Su obra, eso sí, paseó por Barcelona”.

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