Entrevista a Inma Luna

 

 

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Escritora Inma Luna. Imagen cedida por la autora.

LAS ENTREVISTAS DE NARRATIVA BREVE

Inma Luna

(Una entrevista de María Carvajal)

 

María Carvajal: Quien conoce a Inma Luna puede pensar que es una vividora, en el sentido más estricto y benévolo de la palabra: Escribes, viajas, observas, aprendes, enseñas… ¿Son las vivencias para ti un punto de inspiración o eres de las que se aleja de las historias que escribe para preservar así tu intimidad?

Inma Luna: Creo que estamos hechos de nuestras experiencias, así que con toda probabilidad, lo que escribimos tiene mucho que ver con lo que vivimos. Sin embargo, no hago las cosas con ese objetivo. Me gusta vivir, disfrutar con las cosas, absorberlas con todos los sentidos. Luego, a la hora de escribir no me propongo alejarme de lo íntimo, no me molesta compartirme, aunque tampoco es ese mi fin. Las historias que invento, los personajes de los cuentos o de las novelas, me ayudan a entender muchas cosas, me divierte explorar sus puntos de vista. Algunos tienen que ver con personas reales que he conocido en algún momento, pero la mayoría se componen de partes de todos nosotros.

M.C.: En tu bibliografía podemos encontrar géneros como el relato, la novela o la poesía. ¿Con cuál de ellos te sientes más cómoda?

I.L.: Ninguno me hace sentir cómoda en realidad. Diría que todos me producen cierto desasosiego. Lo que sí aprecio es que me permiten expresarme con lenguajes muy distintos y, por eso, sirven para contar cosas diferentes. La poesía me acerca a una visión trascendente de las cosas, me ayuda a interpretar, a comprender en cierto modo. El relato es quizá el género que más me divierte, es abarcable y deja contar muchas cosas. La experiencia con la novela ha sido más dura, me ha exigido más esfuerzo, pero me sirvió para desarrollar una idea que sólo podía ser contada a través de una historia más larga, que pudiera dar cuenta de todo un proceso.

M.C.: Inma, si bien antes compaginabas tu trabajo como periodista con tu faceta de escritora, en los últimos años te has dedicado de lleno a cultivar esa parte más creativa. Esto ha derivado en una etapa muy productiva con un notable número de publicaciones. ¿De cuál de todas tus obras te sientes especialmente satisfecha?

I.L.: El hecho de que me despidieran de mi trabajo me hizo pasar momentos difíciles, de miedo, de falta de confianza, de tristeza… Luego, pensé que no podía perder el tiempo y, como sigo sin encontrar trabajo, me dedico fundamentalmente a escribir porque es lo que sé hacer. La literatura no llega a producirme satisfacción, no puedo decir que me sienta “satisfecha” cuando termino un libro. Tengo más bien una sensación de incredulidad, de desprendimiento, muchas veces me parece que lo que escribo no depende de mí. Tal vez con la novela sí descansé al ponerle el punto final porque el trabajo fue más complicado y no estaba segura de que pudiese concluirlo. Me perdí muchas veces y estuve a punto de abandonarla, pero al final quizá sí experimenté el placer de haber contado lo que realmente quería contar.

M.C.: En tu novela Mi vida con Potlach se dan situaciones muy creíbles y mundanas que recreas con maestría utilizando un lenguaje muy sencillo. Además, ahondas en la caracterización emocional de los personajes hasta crear una especie de fascinación hacia ellos. ¿Es esa una de las claves de la novela para atrapar al lector?

I.L.: No tengo ni idea. Mi intención no ha sido atrapar a nadie. Los personajes también me han fascinado a mí, los he llegado a sentir muy cercanos, hasta tal punto que me da pena no saber qué estará siendo ahora de sus vidas, les echo de menos de verdad. Mi manera de escribir es muy intuitiva, no hago planes, no tengo esquemas ni capítulos pensados, no sé cómo van a terminar las historias, así que dependo en gran medida de lo que los personajes quieran hacer con sus vidas. Ellos me llevan, yo siempre voy por detrás.

M.C.: Cuéntanos algo sobre tu último poemario, Cosas extrañas que sin embargo ocurren.

I.L.: Este poemario lo escribí en una época personalmente muy difícil, fue cuando me echaron del trabajo y también coincidió con la grave enfermedad de mi padre y, luego, con su muerte. Cuando lo estás pasando tan mal, el cerebro reacciona de una manera curiosa y recuerdo esos meses como si los hubiese vivido sumergida en un extraño sueño. No percibes las cosas de la misma manera, todo parece distorsionado. En ese tiempo me replanteé muchas cosas, pero no lo hice de manera consciente. La poesía me ayudó a aprovechar esa alteración de la realidad porque tiene precisamente esa capacidad exploratoria. Tuve la suerte, además, de que la editorial Cangrejo Pistolero quisiera publicar este libro en su colección de poesía ilustrada. Angelino Carracedo, con sus propuestas visuales, ha aumentado esa sensación surrealista y onírica del libro. 

M.C.: Tus poemarios tienen un corte intimista, visceral, femenino. ¿Crees en el concepto “literatura de mujer”?  

I.L.: Creo tanto en el concepto de “literatura de mujer” como en el de “cocina de mujer”, “pintura de mujer” o “arquitectura de mujer”. Quiero decir, escribo como mujer porque soy una mujer. No hay intencionalidad en esto y mucho menos ocultación. No quiero tener que defender ese concepto; el único problema que veo es el hecho de que lo masculino se identifique con lo universal, mientras que lo femenino se reduzca y se considere que es de interés exclusivo de las mujeres. Me importa lo que nos pasa a las mujeres porque las mujeres estamos en la vida y tenemos cosas que decir, pero no es un universo cerrado, todo lo contrario.

M.C.: Quien busque información en la red sobre tus actividades creativas encontrará que eres una artista multidisciplinar. No solo eres escritora; también impartes talleres literarios, has sido guionista y codirectora de un cortometraje (La vida en común, premio nacional de guiones “La noche del cazador” 2008), has montado exposiciones de tus fotografías, incluso realizas dibujos y collages. ¿Cómo surge el hecho de explorar nuevas artes? ¿Tienes la necesidad de buscar otras formas de expresión para plasmar aquello que sientes?

I.L.: Todo es complementario. Me gusta mucho aprender, me meto en muchos charcos. Es muy excitante acercarte a lo desconocido y ver que también desde ahí se pueden contar cosas. Además, tengo la suerte de encontrarme con gente que me ayuda en este acercamiento. Aprendo tanto en las clases que recibo como en las que imparto. Me doy cuenta, además, de que todo son vías de comunicación, de que, en el fondo, son maneras de desmenuzar la realidad y compartirla.

M.C.: ¿Crees en los blogs y las redes sociales como puntos de promoción?

I.L.: No sé si de promoción, pero, desde luego sí de conexión. Salvo rarísimas excepciones, mi experiencia en las redes sociales ha sido siempre fantástica. Me he encontrado con personas muy generosas y, a través de las redes, han surgido proyectos realmente interesantes.

M.C.: Asistir a una de tus lecturas es un placer para los sentidos. ¿Eres consciente de la sensación que produce para los demás escucharte recitar?

I.L.: ¡Ay!, ¿un placer para los sentidos? Bueno, muchas gracias. No sé si es para tanto. La verdad es que disfruto mucho recitando, es el momento de mayor vínculo, cuando el poema se sale del libro y se convierte en una experiencia muy cercana entre quien lee y quien escucha. Yo lo disfruto y me emociona. Agradezco infinitamente esa posibilidad, sentirme escuchada, compartida, es una suerte y un privilegio.

M.C.: Y hablando de recitales, ¿eres de las que saca a pasear sus poemas o huyes de la vida literaria y prefieres que cada uno te lea en la intimidad de su casa?

I.L.: Generalmente voy adonde me llaman. No persigo estar en todas partes, no es una cuestión de la que me preocupe. Lo paso bien recitando, pero no creo que esa sea ni muchos menos la esencia de la poesía.

Inma Luna nos recomienda el cuento “Amor”, de Clarice Lispector, y el poema “Los amorosos”, de Jaime Sabines.

 

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Inma Luna (Madrid, 1966) es periodista y antropóloga. En la actualidad imparte talleres de Creación Literaria, lleva a cabo asesorías en literatura y correcciones. Ha publicado en poesía Cosas extrañas que sin embargo ocurren (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2013), Existir no es otra cosa que estar fuera (L.U.P.I., 2012), No estoy limpia (Baile del Sol, 2011) El círculo de Newton (Baile del Sol, 2007), De ronda en ronda, antología itinerante de poetas españoles en México (Ediciones del Ermitaño –México- y Baile del Sol –Tenerife-, 2007); Nada para cenar (LFC Ediciones, 2006) y ha participado en numerosas antologías y revistas poéticas.

En narrativa ha publicado la novela Mi vida con Potlach (Baile del Sol, 2013) y el libro de relatos relatos Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero (Baile del Sol, tres ediciones). Ha participado también en varias antologías.

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Otros proyectos que ha llevado a cabo: guionista y codirectora del cortometraje La vida en común, premio nacional de guiones “La noche del cazador” 2008; Autora de la exposición de fotografías y palabras “Palestina y Nicaragua, crónicas afectivas”, expuesta en varias salas de Madrid y en Tenerife 2007; Autora de los poemas para la exposición “Sueños”, realizada en colaboración con el fotógrafo Rafa Martín, expuesta en Madrid, 2006.

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