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Triunfo del petróleo

Camión Pegaso
Camión Pegaso. Fuente de la imagen

TRIUNFO DEL PETRÓLEO

Francisco Rodríguez Criado

Cuando yo era niño se tenía la certeza de que quedaba petróleo para los veinticinco años siguientes. Eso decían los especialistas: veinticinco años, siempre esa cifra, ni un año más ni uno menos. Así que el mundo, tal como lo conocíamos, estaba condenado a sufrir una importante transformación por culpa de la fungibilidad del ansiado combustible, ese tirano oleaginoso que alimentaba el motor de nuestras vidas con fecha de caducidad y que amenazaba con condenar a la humanidad a la intemperie y, de rebote, dejar parado el camión Pegaso de mi padre, un mamotreto ruidoso y lento que, pese a todo, simbolizaba el progreso familiar.

Aquellos cinco lustros pasaron –como todo– y el petróleo ahí sigue, indemne, lejos de su extinción. No solo no se ha extinguido, como vaticinaban los expertos, sino que continúa brotando como setas en lugares donde no se le esperaba. La reciente noticia de la aparición de petróleo entre Marruecos y Fuerteventura deja al menos dos cosas al descubierto: por una parte, que no se ha conseguido un combustible menos tóxico y más funcional que lo destrone, y por otra, el exceso de expertos que hemos de sufrir en el día a día.

El planeta Tierra es un enigma para sus abnegados habitantes. Sabemos de él que es más o menos redondo y que cuando se enfada por culpa de nuestra irresponsabilidad responde con tsunamis, terremotos, ciclones y huracanes. Y así están las cosas: mientras el planeta se expresa en un lenguaje cruel y antirretórico, sus habitantes, seducidos por los vendedores de humo, seguimos jugando a encumbrar a presuntos expertos en 1001 materias que se equivocan casi siempre.

 

(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 12 de marzo de 2014).

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