Microteoría del microrrelato

 

microteoría del microrrelato
Adolfo Bioy Casares. Fuente de la imagen

En este artículo, Yolanda González Mesa “microrreflexiona” (el palabro es mío) sobre el género del microrrelato.

Nota: el texto está tomado de su blog Tinta al sol


 

MICROTEORÍA DEL MICRORRELATO

Yolanda González Mesa

De un tiempo a esta parte, los microrrelatos se han puesto de moda. En realidad no son un fenómeno nuevo, ya que es un formato que se ha cultivado a lo largo de toda la historia de la Literatura desde la Edad Media, y que vivió un momento de esplendor en los años 50, 60 y 70 del siglo XX, de la mano de Bioy Casares, Borges o Cortázar entre otros.

El resurgimiento de los microrrelatos tiene mucho que ver con el tipo de vida que llevamos, acelerado y de estilo zapping, pasando de una actividad a otra sin parar. Muchas veces no tenemos tiempo, energía o capacidad de concentración para leer algo más largo. Empezamos a leer una novela y, para cuando la retomamos, hemos olvidado lo leído y tenemos que retroceder. En cambio un microrrelato te cuenta una historia en apenas unos segundos, por lo que es además ideal para nuevos soportes que en principio no están pensados para leer como los móviles, con lo que nos pueden servir para rellenar los pequeños tiempos muertos en desplazamientos en transporte público, salas de espera, etc.

Además, como ya comentaba en otro artículo, la lectura de microrrelatos vía móvil puede servir para fomentar la lectura entre los jóvenes.

El microrrelato recibe muchos nombres, minicuento, hiperbreve, minificción, etc., y tampoco hay unanimidad de criterio en cuanto a su extensión. Hay quien llama microrrelato a textos de un par de páginas y quien considera que no deben exceder de una línea. Personalmente opino que todo lo que supere la media página de extensión, deja de ser microrrelato y pasa a ser relato corto.

También hay quien considera que un microrrelato debe tener planteamiento, nudo y desenlace, y estoy de acuerdo, pero sólo en parte, ya que lo que no creo es que estos deban plasmarse por escrito. La magia de un microrrelato reside en el hecho de que buena parte de la historia toma forma en la mente del lector, y por tanto ahí es donde se presentan esas tres partes clásicas. Un ejemplo de ello es este cuento de @cruciforme (Santiago Eximeno).

En el parque, rodeado de niños. Todavía no he decidido cuál me llevaré.

En realidad no está contando ninguna acción, pero estas dos frases suscitan en la mente del lector un sin fin de posibilidades mucho más aterradoras que cualquier narración.

Este microrrelato también es una buena muestra de otro de los rasgos que caracterizan este tipo de cuentos; el final sorprendente. Ya sea mediante el humor, el horror, el error o los dobles sentidos, que dan lugar a giros inesperados y finales abiertos, que admiten diversas interpretaciones. Por esa razón también, uno de los géneros que más se cultiva entre los microrrelatistas es el de terror, aunque en realidad admite cualquier género, como el cuento romántico “Amor periódico” de Raúl Sánchez Quiles en Hiperbreves:

 

Las mismas calles te ven siempre pasar desde hace treinta años, los mismos comercios, la misma gasolinera y la misma dependienta en el mismo quiosco junto al trabajo. Cada día te ha entregado tu diario con una sonrisa y cada día, desde que teníais veintipocos años, un hormigueo de placer te ha recorrido la espalda en ese preciso y precioso momento. Te gusta y nunca se lo has dicho a nadie. Tu secreto sólo lo saben los 8.317 periódicos que compraste por amor y nunca leíste.

 

Otro elemento clave con el que se juega en el microrrelato es el título, que a veces da el verdadero significado del relato o supone un contrapunto que lo realza. He tomado como ejemplo un relato de Fernando Remitente de su blog Teoría del mínimo relato:

 

(Este microrrelato ha sido suprimido por razones de seguridad.)

 

D.G.P.

 

Por último, muchos denostan este formato acusándolo de no ser tal, sino simples juegos de palabras ingeniosos, y aunque es cierto que mucha gente llama microrrelato a lo que no pasa de ser una greguería, siempre que un conjunto de palabras cuente una historia estamos ante un relato, independientemente de su extensión.

 

SECCIÓN DE MICRORRELATOS


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