Cuento breve recomendado: Nada (Apólogo árabe)

El apólogo es un tipo de cuento, una narración de carácter didáctico-moralizante, en la que con frecuencia se personifican seres abstractos. Hay que señalar, además dos notas características: el diálogo como su principal constituyente formal y sus antiguos orígenes: las culturas orientales hindú y persa, y las semíticas, arábiga y hebraica. Con un mínimo de narración, se presenta una anécdota de la que se excluyen las descripciones a favor del diálogo, buscando siempre la lección moral, sintetizada frecuentemente en una enseñanza final o moraleja; aunque, en muchos casos, no es necesaria hacerla explícita porque se evidencia en la propia historia.

Miguel Díez R.

NADA, apólogo árabe

Un individuo miserable y andrajoso, que se parecía mucho a un mendigo, entró un día en el palacio del califa de Bagdad en ausencia de este y se sentó sin vacilar en el trono vacio.

Los guardias, adivinando algo insólito y tal vez sobrenatural, no se atrevieron a echarlo a la calle. Llamaron al chambelán, que acudió ense­guida y le preguntó al hombre de los harapos:

-¿Sabes que estás ocupando el trono del califa de los abasíes, que es el emir de los creyentes?

-Sí, lo sé.

-¿Y sabes quién es el califa?

-Lo sé y yo estoy por encima de él.

El chambelán reflexiono un instante. Después, alzando el tono, le dijo:

-¿Has perdido la razón a causa de tu pobreza? ¿Es que no sabes que por encima del califa no está más que el profeta Mahoma?

-Lo sé -dijo el harapiento.

-¿Y sabes quién es el Profeta?

-Lo sé y yo estoy por encima de él.

Los guardias parecían escandalizados. Blandían sus armas para des­ cargarlas sobre el intruso, que se mostraba muy tranquilo y seguro de sí mismo.

El chambelán los detuvo con un gesto y formuló una última pregunta:

-¿No sabes que por encima del profeta Mahoma solo esta Dios?

-Lo sé -respondió el mendigo.

-¿Y no sabes quién es Dios?

-Lo sé y yo estoy por encima de él.

-¿Por encima de Dios? ¿Sabes lo que estás diciendo? ¡Por encima de Dios no hay nada!

-Lo sé -dijo el hombre de los harapos sin moverse del trono-.

Y precisamente yo soy esa nada.

Jean-Claude Carrière, El segundo círculo de los mentirosos: Cuentos filosóficos del mundo entero (CONTEMPORANEA), Barcelona, Lumen, 2008, pág. 55

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