Dos microrrelatos de José Rincón

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Mensaje en una botella. Fuente de la imagen
LA CENTINELA

El día de la celebración de mi trigésimo cumpleaños tomé la decisión más importante de mi vida: me encerré en la biblioteca con baño de mi casa, le di las llaves a Virginia, mi mujer, y le dije que me dejase la comida y la ropa delante de la trampilla con barrotes de la puerta, y que no me molestase nadie. Desde hace algún tiempo, le suplico que me abra, que quiero volver con ella, que el amor entre las páginas de un libro no es suficiente. Mientras tanto, ella ríe y me recuerda que tres mil volúmenes eran todo lo que yo necesitaba para vivir.

LA BOTELLA

Todas las tardes, después de que Rosa desapareciera en el mar sin dejar rastro, cuando la marea alcanzaba su mayor altura, yo lanzaba la botella al agua y, a la mañana siguiente, la devolvían las olas con algún mensaje. Por eso me vine a vivir junto a la playa y estoy atento a todo lo que trae la corriente: postales mojadas, cartas de amor antiguas, poemas escritos a mano, y a los mensajes, cada vez más acuciantes, de la botella.

 

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