Entrevistas en la mochila: Emilio Gavilanes

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Emilio Gavilanes, Gloria Díez, entrevista
Emilio Gavilanes. Fotografía de Gloria Díez

ENTREVISTAS EN LA MOCHILA, por Gloria Díez

¿Tiene un minuto..? Me parece que llevo unas preguntas en la mochila.

Hoy con Emilio Gavilanes

Madrid, Plaza de Ramales, cafetería “Los Austrias”. Las 18:30. Verano madrileño. Luz, una luz intensa que se cuela en la penumbra del café. Emilio Gavilanes viste una camisa cuyos colores recuerdan a aquellos bastones de caramelo surcados por rayas multicolores. Emilio ha escrito una Breve Enciclopedia de la Infancia con la que ha ganado el XVI Premio Tiflos de Novela. El escritor observa. Observa a quien le observa. Contesta a las preguntas, pero se diría que, tal vez, prefiriese preguntar él.

Abran el libro, esa Breve enciclopedia. No van a arrepentirse. Este tipo es muy bueno escribiendo. Se encontrarán una serie de entradas ordenadas alfabéticamente: amigos, anatomía, ancestral. Y en cada una de ellas, un microrrelato o algo similar, son piezas de un puzle que, al armarse, les llevará a comprender una historia, una hermosa historia.

 

-Este libro antes de ser breve enciclopedia ¿fue una narración convencional? Dicho de otra forma: ¿La enciclopedia es un artificio literario?

-No, el libro nace así. No hay una novela anterior que he ido troceando para convertirla en una enciclopedia. Eso sí, el original era mucho más voluminoso y no escribí las entradas en el mismo orden en que parecen.  Esto tiene que ver con la lectura que se puede hacer del libro; lo mejor es leerlo de principio a fin, porque tiene unas leves líneas argumentales, pero una vez que se conoce la historia, se puede leer desordenadamente…

-¿Cómo Rayuela?

-No tanto, pero bueno, se podría hacer algo…

Se podría hacer algo. En el interior del café, el sol dibuja sombras geométricas en la cara de Gavilanes. Hago una foto extraña. Tiene algo de máscara.

-¿Nació en Madrid?

-Si

-¿Barrio?

-Canillejas. Se nota un poco en el libro, si se conocen los alrededores de Madrid se localiza más o menos.

-Podrían ser varios.

-Por eso no se dice el nombre del barrio, porque podría ser cualquiera, podría ser Carabanchel, incluso, pero en éste, está el aeropuerto muy cerca, eso es una pista.

Que nadie se equivoque, este es un libro sobre la memoria, sobre la magia de la memoria. En el frontispicio del volumen destaca una frase de G.K. Chesterton: “La memoria nos permite no tanto volver a vivir muchos momentos como vivirlos realmente”

-Hablemos de fútbol. ¿Le gusta?

-Sí. Me gustaba mucho jugar, verlo… no me gusta tanto, pero me gusta y eso se nota mucho en mi libro.

-Era algo así como la épica de los niños del barrio.

-Era la distracción más “seria” que teníamos.  Era donde teníamos ocasión de mostrar nuestras cualidades, nuestro valor. Sí, para mí tenía algo de épico.

Edhasa, Emilio Gavilanes, biografía de la infancia
Breve enciclopedia de la infancia, de Emilio Gavilanes (Edhasa, 2014)

-¿Puedo preguntar por un futbolista que ha desparecido hace poco, Di Stefano?

-Bueno, yo nunca le vi jugar, he visto imágenes suyas y parece que hay unanimidad: todo el mundo dice que era un monstruo. A mí el jugador que más me ha gustado de toda la historia, y a ese sí le he visto, ha sido Cruyff. Y  el ídolo de Cruyff era Di Stefano.

-A pesar de lo que dice en la contraportada: “La infancia es el territorio donde todo ser humano fue feliz, el lugar al que quisiera volver”, usted no nos presenta una infancia especialmente alegre.

-No se trataba de idealizar nada, ni de reflejar una infancia feliz, tampoco quería cargar la tinta en el lado desdichado o negro de la historia, no, quería reflejar cómo era todo, a veces  cómico, a veces, cutre, a veces dramático, pero tampoco demasiado dramático… de todo había.

-¿Tuvo una infancia como la del libro?

-Se parecen un poco, hay un tono que se puede trasladar de una a otra,  pero la inmensa mayoría de las historias son inventadas.

-Tampoco es una infancia especialmente “mágica”, lo que sí hay es asombro, quizá la magia la ponen los ojos de los niños al acercarse al mundo.

– A mí me parece que hay una cierta mirada poética, pero todo es perfectamente creíble, todo ha podido pasar.

– Hay historias dramáticas, por ejemplo las que cuentan los vagabundos. Pero los niños las aceptan con una extraña naturalidad.

-Con toda naturalidad, pero es que hay veces que los niños no entienden lo que está pasando. El caso más llamativo es uno en el que hay una niña que está muy enferma y el niño que narra pretende convencer a su madre de que la cosa no es tan dramática. Es horrorosa, pero él no la entiende. Hago varias veces eso, que el narrador cuente una historia que no está entendiendo realmente, la está entendiendo el lector.

-Muchas entradas están trabajadas con la técnica del microrrelato.

-Sí, y hay muchos haikus.

La muerte planea sobre el libro como esa sombra de nube que usted tan bien describe en una de las entradas, la titulada “Pátina”. Cito: “A veces la sombra de una nube te alcanzaba en el Campo (…) Parecía que estaba a punto de brotar del suelo algo misterioso, como cuando en el mar un gran pez se acerca a la superficie y el agua se oscurece”

-Sí, la muerte está presente continuamente en el libro, pero los niños tampoco entienden lo que es la muerte.

-Se diría que otorga algo así como prestigio, da importancia, es la cercanía del misterio.

-Entienden la parte social y sí, hay como una envidia del que ha estado en contacto con la muerte. Existe esa fascinación. Una vez que atropellan a un chico, por ejemplo, se quedan mirando el zapato que ha quedado en la carretera. En la infancia, la muerte, aunque no la entendieses, era como un imán, como un halo que te estaba atrayendo continuamente.

-Se acerca usted a la infancia desde la “a” “amigos” a la “z” de “zafarrancho”. Y en “amigos” nos presenta, así, como de pasada, al narrador: “Todos los demás, Gúi, Ángel, yo mismo, éramos del montón. Gente sin relieve que hacía bulto. Mera tropa.” Y ya no vuelve a dar más pistas. El narrador está ahí.

-Sí, el protagonista del libro es del montón, y aunque haya un “yo” que está contando, realmente es un “nosotros”, el protagonista es un grupo de chicos y para esconderlo dentro del grupo lo mejor es hacer un narrador sin relieve, sin especial relieve, si fuese un líder, sería más difícil, porque tendrías que hacer ver que él está por encima en todo momento, ahí, entre la masa, en cambio, tiene una posición cómoda.

-¿El libro le ayudó a recuperar la infancia, o a recrearla o a revivirla? ¿A recapitular?

-Yo creo que es al revés, yo revivo continuamente la infancia y el libro es una consecuencia de esa revisión,  de ese volver.  Además, es un volver casi involuntario, las cosas las tengo ahí, en la cabeza,  esa época, no sé por qué, vuelve una y otra vez.

-Es muy peligroso dejar atrás del todo el niño que fuimos, porque ahí reside una buena parte de la creatividad.

-Sí, todo está en la infancia, todos los grandes descubrimientos se hacen en la infancia.

-Tiene usted oficio, mucho oficio. Y talento. No es un halago, es una constatación. Y en su currículo hay un par de premios literarios. ¿Cree usted en ellos?

-Bueno… depende de los premios. Los premios más comerciales, sí es verdad que están muy desprestigiados, porque casi son encargos.

-A veces, sus niños son poetas o sabios. Cito, sin salir de la primera entrada, “Amigos”: “El Gordo era una mezcla de cómico de poeta y de tarado. Las gotas de lluvia se sienten muy valientes mientras flotan y atraviesan el espacio, solas, como paracaidistas. Pero en cuanto llegan al suelo, les entra el miedo y se buscan unas a otras y se agrupan en los charcos. Después de que él hablaba, no sabías qué decir”.

– Sí, es cierto hay mucha reflexión, que he intentado disfrazar y acomodar para hacerla creíble.

-Y metáforas, salpicadas por aquí y por allá, que dejan ver al poeta, al escritor de haikus.

-Es el único tipo de poesía que escribo.

-¿Solo haikus?

– Si, porque… no soy poeta.

-¿Qué? ¿Escribe haikus y no es poeta?

-Es que el haiku está en el límite, porque, por una parte, no es poesía y por otra, es lo más íntimo de la poesía, el núcleo de la poesía… Pero la expresión directa de los sentimientos queda fuera del haiku y ahí es donde yo no sé entrar.

-Su biografía, como la de muchos escritores, va recorriendo oficios, describiendo meandros. Leo, “aficionado a la arqueología”, “conserje”… ¿Y ahora donde acampa?

-Yo estudié filología, soy licenciado en filología románica y ahora trabajo como lexicógrafo en el Diccionario de la Real Academia.

-Dice usted en “Negocio”, página 167: “Tenía una inteligencia grande, pero descompuesta”. Una definición muy aguda.

-Eso es muy frecuente, ¿no? Hay gente que tiene una gran inteligencia pero está como desordenada. A mí, de todos modos, me parece que la inteligencia no es un gran valor. Es una buena herramienta, pero, como valor…Yo estoy de acuerdo con un diálogo que aparece en el libro, cuando el narrador le pregunta a su madre: ¿Qué es mejor, ser fuerte o ser listo? Y ella le contesta: Lo mejor es ser bueno.

-Si lo mejor es ser “bueno”, ¿qué es lo mejor para un escritor, el oficio o el talento?

-No sé si hay talento, a mí me parece que lo fundamental es la suerte.

-¿Cómo es eso?

-Sí, porque lo importante es escribir, escribir y escribir, pero si no hay una chispa que no está en ti, que es algo como que “cae”… A veces, hay momentos de una lucidez excepcional, en los que te sientes capaz de escribir lo que sea, pero yo siento que “eso” me viene de fuera, y eso es lo fundamental.

-Y a “eso” le llama suerte.

-Sí, porque tú no haces nada.

Pues suena a la denostada inspiración.

-La inspiración sí, lo que pasa es que está tan desprestigiada. Pero, por mucho que escribas, aunque está muy de moda decir que lo fundamental es la transpiración, como no haya inspiración, como no haya ese chispazo, por mucha transpiración que haya…

-Sí, por mucha transpiración… Eso me lleva a la última pregunta. ¿Cuál es el siguiente libro?

-Bueno, el siguiente se va a publicar en Ediciones de La Discreta, se titula Historia secreta del mundo. Después voy a seguir con una colección de microrrelatos, con personajes muy urbanos y luego, con una colección de textos de ambientación rural, también textos cortos, pero que tienen una unidad, porque todos los libros me salen así, textos cortos independientes que sumados forman algo más que la simple acumulación.

Pues eso, lleno de proyectos.

 

Link recomendado: 

Breve enciclopedia de la infancia, de Emilio Gavilanes, por Victoria Mera, en Grandes Libros

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Emilio GavilanesEmilio Gavilanes, Madrid 1959, ha publicado tres novelas: La primera aventura (1991), El bosque perdido (2001) y Una gota de ámbar (2007); tres libros de relatos: La tabla del dos, que recibió el premio de relatos NH en 2003, El río (2005) y El reino de la nada  (2011) y dos colecciones de haikus: Salta del agua un pez (2011) y El gran silencio (2013).

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