La relación personal entre Tolstói y Dostoievski

 

León Tolstoi (1828-1910)
 
He aquí dos de los más grandes escritores rusos de todos los tiempos: León Tolstoi y Fédor Dostoievski. Fueron contemporáneos, se admiraban y se enviaban mensajes de admiración. Y sin embargo no se conocieron nunca. ¿Por qué? Según escribe Aimée Dostoievski, hija del autor de Crimen y castigo, por miedo. ¿Miedo, a qué? A discutir. Y es que Tolstói y Dostoievski, más allá de la admiración mutua que se profesaban, tenían ideas sobre Rusia y sobre el mundo en general bastantes diferentes. 
Reproduzco el inicio del capítulo que Aimée Dostoievski dedica a la relación entre estos dos colosos de las letras en la biografía que dedicó a su padre.

 

“Completamente distintas fueron sus relaciones con León Tolstoi. [La autora se refiere a las relaciones entre su padre y Turgueniev, siempre tirantes]. Estos dos grandes escritores rusos se profesaban mutuamente verdadera simpatía y admiración. Tenían un amigo común: el filósofo Nikolái Stráhov, que vivía en San Peterburgo en invierno y que, en verano, yendo a pasar unos meses con su compañero el escritor Danilevski, se detenía en Moscú o en Jasnaia Poliana [nombre de una finca de Tolstoi] para ver a Tolstoi. Mi padre quería mucho a Stráhov y concedía gran importancia a sus críticas. Tolstoi le quería también, y sostenía correspondencia con él. “Acabo de releer Memoria de la casa de los muertos“, le escribía; “¡qué magnífico libro! Cuando vea usted a Dostoyevski, dígale que me encanta”. Stráhov fue a enseñar la carta a mi padre, y le dio mucho gusto. Más adelante, cuando aparecía alguna novela de Tolstoi, Dostoyevski decía, a su vez, a Stráhov: “Escriba usted a Tolstoi que estoy encantado de su nueva novela”. Los dos grandes escritores se transmitían los cumplidos por medio de Stráhov y sus cumplidos eran sinceros. Tolstoi admiraba las obras de Dostoyevski, tanto como mi padre admiraba las suyas. Y, con todo, nunca se vieron, ni expresaron jamás el deseo de conocerse. ¿Por qué? Me parece que tenían miedo de pelearse en su primera entrevista. Cada uno admiraba sinceramente al otro, pero sus ideas eran completamente opuestas”.

 
Aimée Dostoyevski, Vida de Dostoyevski por su hija, El buey mudo, Madrid, 2011, páginas 241, 242

 

 

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