“El sueño de la niña resucitada”, por Natalia Litvinova

 

Natalia Litvinova, el sueño de la niña resucitada
Cuerpos textualizados.
Natalia Litvinova y Javier Galarza

EL SUEÑO DE LA NIÑA RESUCITADA

Natalia Litvinova

(fragmento extraído de la obra epistolar Cuerpos textualizados)

 

Cuando hace calor los poros de la piel se agrandan. Podés verlo en el espejo. Creo que las cosas también se dilatan. No tienen una única forma. Las plantas se estiran en busca de agua, y cuando ya no pueden más, se secan. Ayer leí tanto los poemas de Zinaida Gippius que creí haber desgastado la posibilidad de soñar. Me acosté, cerré los ojos varias veces, y nada. Sólo un cansancio narcotizante. Un mareo que me lanzaba cada vez más lejos y la lejanía irreversible no era dormir. Pero lo logré y tuve un sueño extraño. Salí de mi casa, típica de los pueblos rusos, cerré la kalitka, (el nombre ruso para los portones), me desvié, elegí una calle de tierra y entré al patio donde una familia festejaba. Me senté en un banco con ellos, frente a una mesa de madera larga y precaria. La naturaleza estaba cerca: un viñedo colgante rozaba nuestras cabezas. Un niño se acercó y me habló. Irradiaba una sabiduría tranquila, jugamos, la familia nos miraba, feliz con mi integración. Pero el niño resultó ser una niña que había vuelto de la muerte. Yo era su maestra. Esperaban mi llegada desde hacía tiempo. Sabían que algún día atravesaría aquel portón. Era ocho de agosto.

Jung dice que no podemos permitirnos ser ingenuos al tratar los sueños. Se originan en un espíritu que no es totalmente humano sino más bien una bocanada de naturaleza. En mi sueño la caminata, el encuentro con esa familia y con la niña iluminada, duraba apenas un par de horas. Luego emprendía mi regreso, me recibía mi madre, la casa estaba distinta, las paredes pintadas y con dibujos hechos a mano: pequeñas figuras, damas danzarinas con vestidos como flores, faldas de pétalos, dibujos blancos sobre paredes blancas. Para mi familia, mi ausencia duró años, retorné el ocho de agosto. Mi madre me recibió diciendo que era mi Día Santo. La miré perpleja porque en realidad mi Día es el ocho de septiembre. Hoy recordé este fragmento de Boris Pasternak: Desear conscientemente dormir equivale a insomnio. La conciencia es un veneno, un medio de autoconvencimiento, para el sujeto que la aplica a sí mismo. Ahora pienso, pienso, pienso: ¿qué duerme en nosotros? ¿Qué bestia alojamos? ¿Cuándo dormimos se despierta eso que descansa en nosotros mientras estamos atentos a la luz?

Texto extraído de Cuerpos textualizados (Letra viva, 2014)


 

cuento, natalia livanova
Natalia Livanova

Natalia Litvinova nació en Bielorrusia, en septiembre de 1986. Actualmente reside en Argentina. Es poeta y traductora de poetas rusos. Publicó: Esteparia (Ediciones del Dock, 2010), reeditado en el año 2013 en España, Uruguay y en Córdoba; Balbuceo de la noche (plaquette, Melón editora, 2012); Grieta (Gog y Magog ediciones, 2012; Ediciones Espiral, 2014, Costa Rica); Rocío animal (antología, La Pulga Renga, 2013); Todo ajeno (2013) publicado en Argentina (Melón Editora) y en España (Vaso roto), y Cuerpos textualizados (Letra viva, 2014) escrito en coautoría con Javier Galarza. Compiló y tradujo El ruido de la existencia (Editorial Leviatán, 2013) de los poetas rusos Vladislav Jodasevich y Serguéi Esénin, y El espejo equivocado (Melón editora, 2013) de Cherubina de Gabriak. Dirige la sección dedicada a las letras argentinas de la Revista Ombligo.

Blog de traducciones de poetas rusos 

 

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