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Entrevista a Alonso Guerrero

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Alonso Guerrero. Imagen cedida por el autor

LAS ENTREVISTAS DE NARRATIVA BREVE

Alonso Guerrero

Un día sin comienzo (De la Luna Libros, 2014)

Por Francisco Rodríguez Criado

 

Alonso Guerrero (Mérida, 1962) compagina su labor como profesor de Lengua con la escritura creativa. Ha publicado libros de narraciones breves como Fin del milenio en Madrid (Mérida, De la Luna, 1999) y De la indigencia a la literatura (Del Oeste Ediciones, 2004), y las novelas Los años imaginarios (1987), Los ladrones de libros (1991), El durmiente (1998), El hombre abreviado (1998), El edén de los autómatas (2004), Doce semanas del siglo XX (2007) o Un palco sobre la nada (2012).

Es uno de los autores de referencias de De la Luna Libros, editorial emeritense en la que acaba de publicar su última novela, Un día sin comienzo, “una crónica que va en busca de las personas” fallecidas en los atentados del 11 de marzo de 2004, día fatídico en el que –retomo la contraportada del libro “nada hizo pensar que ese día fuera a ser un día sin comienzo”.


Hoy hablamos con Alonso Guerrero para charlar sobre Un día sin comienzo y sobre otros temas relacionados con la literatura.

Francisco Rodríguez Criado: El 11 de marzo de 2004 es uno de los días más tristes de la Historia reciente de España, si no el que más. El país entero se solidarizó con las víctimas y sus familiares, pero ciertamente parece, diez años después, que el trasfondo político y sociológico haya arrinconado a la tragedia humana, tanto que seguramente muchos sin relación con las víctimas no podrían citar un solo nombre de las 191 personas que perdieron la vida aquel día. ¿En qué momento decidió que debía escribir sobre el lado más humano de este suceso?

Alonso Guerrero: Es una idea que me ha rondado la cabeza desde el momento en que los atentados ocurrieron. Pese a ello, encontrar la perspectiva para hablar de algo así es difícil. Hay que dejar pasar el tiempo, verlo todo como si pudiera formar parte de un simple argumento.

 

F.R.C.: Un día sin comienzo narra de manera fragmentaria los últimos momentos de la vida de algunos de los pasajeros que viajaban en el fatídico tren. ¿Cuánto hay de ficción y cuánto de documentación en las semblanzas de estas personas (o personajes)?

A.G.: La documentación consiste en una simple recopilación de detalles que en su momento las familias divulgaron en los periódicos. Yo no conocía a esas personas, las he conocido a través de esos detalles, que considero muy importantes. Por tanto, mi acercamiento a ellas es emotivo y fragmentario. A todas les han puesto la máscara de víctimas. Con este libro he pretendido quitarles esa máscara, mostrar, aunque sea a través de la ficción, una semblanza de lo que eran antes y, por tanto, después del atentado.

 

F.R.C.: Javier Cercas (escritor extremeño, como usted) publicó en 2009 Anatomía de un instante, un ensayo en el que retrataba otro momento difícil de nuestra Historia: el golpe de estado del 23F. Cercas ha contado que en un principio su intención era escribir una novela pero que le acabó saliendo un ensayo. Y él mismo nos informa de que Don Delillo fracasó en su intento de escribir una novela sobre el 11–S. Usted no fracasó como Delillo y al contrario que Cercas, que optó por el ensayo, ha elegido la ficción para dar voz a las víctimas de los atentados del 11-M. No obstante, Un día sin comienzo no es una novela al uso articulada mediante una presentación, un desenlace y un nudo, sino más bien una novela de personajes, de interioridades, de momentos. Usted no cuenta una historia sino decenas de historias abortadas por un atentado de terribles consecuencias. ¿Es más difícil, más arduo, escribir ficción sobre personas de carne y hueso cuyas muertes reales nos encogieron el corazón que sobre personajes que son solo fruto de la imaginación?

A.G.: Es mucho más difícil, por la sencilla razón de que no eran personajes ficticios. Con muchísimo respeto, he puesto a funcionar la ficción para hablar de personas que, en efecto, eran de carne y hueso. Sin embargo, pienso que la ficción es lo único capaz de completarlas, de darle una profundidad ante los ojos del lector que, en este caso, comparte mucho con ellas.

F.R.C.: Sintetizando mucho, podría decirse que Un día sin comienzo es una novela que humaniza el recuerdo de las personas que fallecieron en los atentados del 11 M. Pero creo que sería sintetizar demasiado. Yo añadiría que Un día sin comienzo desliza, a partir de la percha del 11 M, una idea filosófica y perturbadora: la imposibilidad de hacer realidad nuestros sueños, al menos los grandes sueños.

Pondré algunos ejemplos literales:

Ocurre con los años: casi nada de lo que se inicia se concluye (página 20).

No sabía de nadie que hubiese cumplido aquello con lo que soñaba, y ella pensaba que la causa se debía a que sobre la superficie del lago en que se fraguan los sueños eran arrojados demasiados deseos (p. 23).

Simplemente era un hombre sin suerte, un hombre que vivía de no superar una prueba tras otra. Se refugiaba en sueños que no podían encofrarse con hormigón. (p. 28)

Además, el libro arranca con una cita de Albert Camus sobre la imposibilidad de conocer el sentido de este mundo. ¿No cree usted que de algún modo Un día sin comienzo es un libro nihilista?

A.G.: Creo que la vida, en general, es nihilista. Las razones son tanto personales como colectivas. En el hombre contemporáneo se está produciendo una metamorfosis hacia el nihilismo, igual que en las estrellas lejanas un corrimiento hacia el rojo. Cada vez permitimos que nos deshumanicen más. La relación con nuestra felicidad es cada vez más nebulosa. 

 

Alonso Guerrero, novela, Un día sin comienzo, De la Luna Libros
Un día sin comienzo, de Alonso Guerrero (De la Luna Libros, 2014)

F.R.C.: Año 2014 en España: paro, corrupción, terrorismo, racismo, nacionalismos separatistas, violencia contra la mujer… Levánteme la moral, si puede, y dígame por favor que España sigue siendo un buen país donde vivir…

A.G.: España es, actualmente, el mejor país donde practicar la indiferencia.

F.R.C.: Usted es extremeño, pero vive en la provincia de Madrid. ¿Cree que hoy día es necesario –como tal vez ocurría en el pasado– abandonar una región pequeña como Extremadura para trasladarse a la gran ciudad cuando uno desea hacer carrera literaria?

A.G.: Madrid y literatura son absolutamente contradictorios. Por otra parte, el poder que ha adquirido la tecnología para conectar el mundo hace posible culminar una carrera literaria, aquí o en Trujillanos, con sólo escribir una obra lo bastante mala para entretener a esos millones de personas que se entretienen con cualquier cosa.

F.R.C.: Algunos profesores con los que hablo no retratan un panorama demasiado halagüeño de la enseñanza en general y de las asignaturas de Literatura y de Lengua en particular. Es habitual que en sus quejas al alumnado usen términos como “desidia” o “desinterés”. Usted que es profesor de Lengua: ¿merece la pena haber estudiado carreras como magisterio o filología? Y ahora cambiaré el tiempo verbal: ¿merece la pena –en presente– estudiar carreras de Humanidades hoy día?

A.G.: Estoy convencido de que ahora es cuando más merece la pena. Llegamos a una era en que lo más beneficioso será estudiar disciplinas inútiles. Sin duda, estas disciplinas son los mejores lugares en que refugiarse. Pronto, las secciones de personal de las multinacionales necesitarán gente que sepa diferenciar a las personas de los robots. El filólogo, el historiador tendrán ahí su oportunidad.

F.R.C.: Para concluir esta entrevista, ¿podría recomendarles a nuestros lectores un cuento o un poema?

A.G.: Un cuento: “La playa de Falesá”, de Stevenson.

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