Opiniones de un corrector de estilo: 11 recetas para escribir correctamente la coma

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11 recetas para escribir correctamente la coma
Mujer leyendo, de José Luis Cisneros. Fuente de la imagen

No es lo mismo el lenguaje oral que el lenguaje escrito

En el uso que le demos a la coma nos jugamos gran parte de nuestro prestigio como escritores (o al menos como redactores): si la colocamos bien, tendremos ganado mucho en la redacción de un texto; en caso contrario, el caos está garantizado. El asunto está en saber cuándo debemos escribir la coma y cuándo hay que omitirla. Sencillo, ¿verdad?

Pues no tanto, porque –entre otras chinas en el zapato– saber que la coma sirve para indicar una pausa breve es una buena pista pero no una solución definitiva: en la lengua oral no respetamos ciertas pausas que en la lengua escrita han de estar forzosamente señaladas con la coma.

¿Os acordáis de esas películas americanas en las que el sargento instructor de turno obliga a los sufridos soldados a cuadrarse ante él y espetar con mayúscula sumisión: “¡Señor, sí, señor!”? Pues esos pobres soldados no pierden el tiempo haciendo una pausa (ellos dicen, o más bien, gritan: ¡Señor sí señor!); y, sin embargo, al reproducir sus palabras en el lenguaje escrito hemos de echar mano de la coma (dos, en este caso).

“Escribo demasiadas comas”

Algunas personas creen que escriben demasiadas comas y otras, todo lo contrario. Pero no se trata de puntuar mucho o poco, sino de hacerlo correctamente. Vaya por delante que el castellano es una lengua que se presta a la escritura al por mayor de la coma: la mayoría de las frases, exceptuando quizá las de estructura simple, llevan alguna coma. En nuestro idioma la coma es como la sal en la comida: casi imprescindible.

En esta lección vamos a ver algunos modelos de oraciones en los que la coma es necesaria (en un post futuro veremos algunos ejemplos de cuándo no conviene escribirla).

Empecemos con una frase sencilla:

Juan peló una manzana.

Esta frase está articulada en una única unidad sintáctica. Tenemos un sujeto (Juan) y un predicado, compuesto por un verbo con función de núcleo (peló) y un complemento directo (una manzana).
Nos ahorramos, pues, la coma. Pero habrá que complicarse un poco más la vida, ¿no? (Antes muertos que sencillos):

Juan peló una manzana madura.
Juan peló una manzana porque empezaba a tener hambre.
Juan peló una manzana que había robado en el huerto de su tío.

En estos tres casos seguimos leyendo una única unidad sintáctica. Pronunciamos estas frases sin tomar aire, sin hacer esa pausa breve de la que hablábamos antes. Las pronunciamos como esos timoratos soldados americanos ante el sargento cafre de turno: ¡Señor sí señor!

Pero cuando empezamos a introducir otros elementos en el enunciado, claramente diferenciables, la coma hace acto de presencia.

He aquí algunas funciones de la coma. Podréis notar que la pausa marcada por ella es (más o menos) evidente.

La coma sirve:

1 Para separar los vocativos del resto de los elementos de la oración

Un vocativo (del verbo latino vocare: llamar) es la palabra que usamos para interpelar a alguien. Esa persona a la que nos dirigimos es nuestro interlocutor: lo llamamos, nos dirigimos a él. Si el vocativo va al comienzo de la frase, lleva la coma a continuación; y si también le precede texto, lleva otra coma delante.

Rosa, abre el frigorífico.
¿Sabes, Mario, que Juan peló una manzana?
Le prometo, profesor, que voy a estudiar mucho a partir de ahora.

En el primer ejemplo, Rosa es el vocativo (a quien interpelamos), no el sujeto. Por tanto, no es que Rosa esté abriendo el frigorífico: le estamos pidiendo que lo haga.

 

2 Para separar los elementos de un listado con palabras similares

Juan peló una manzana, un melocotón, un albaricoque, una pera…

En el colegio aprendimos el listado de los reyes godos: Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodorico, Turismundo, Alarico II…

 

3 Para indicar la ausencia de un verbo que está implícito en la oración, unas veces porque ha sido citado previamente y otras, porque el verbo elidido es obvio

Juan peló una manzana; yo, una pera. [Juan peló una manzana, yo pelé una pera].
Extremadura, tierra de conquistadores. [Extremadura es tierra de conquistadores].

4 Para separar adverbios o locuciones adverbiales (secuencia de dos o más palabras que funcionan como un adverbio) del resto de la oración, si comienzan la frase

De vez en cuando, Juan pela una manzana.
Probablemente, mi padre viajará a Moscú.

5 Para indicarnos en las oraciones condicionales que hay una anteposición, esto es, la oración subordinada rompe el orden natural de la frase y se antepone a la principal

Si Juan pela una manzana, yo perderé la apuesta.

Si la oración se articula mediante el orden natural (primero la oración principal y después la subordinada), no se escribe la coma:

Yo perderé la apuesta si Juan Pela una manzana.

 

6 Para insertar incisos en la oración que suspenden temporalmente el discurso y nos aportan una información extra. Son relativamente fáciles de identificar: si los elimináramos (y con ellos las dos comas que los delimitan), la oración seguiría teniendo sentido

Juan, de puro aburrimiento, pela una manzana. [Juan pela una manzana].
Andrés, el primo de Marta, es abogado. [Andrés es abogado].

 

7 Para separar conectores (esto es, a saber, en primer lugar, por último, por el contrario, no obstante…). Si estos conectores van al principio de la oración, llevan una coma después. Si van en medio, llevan coma antes y después (como ocurría con los vocativos)

Por último, Juan pela una manzana.
Mario hizo lo peor que cabría imaginar, esto es, cortar su relación con Silvia.

8 Para aislar expresiones u oraciones sintácticamente independientes del discurso principal del enunciado

De repente, ¡hay que ser caradura!, se fue al baño para evitar pagar la cuenta.

Estas expresiones podrían ir también entre paréntesis o rayas (guiones largos) con función de paréntesis.

De repente (¡hay que ser caradura!), se fue al baño para no pagar la cuenta.
De repente –¡hay que ser caradura!–, se fue al baño para no pagar la cuenta.

Si optas por los paréntesis o por las rayas, recuerda dos cosas: 1) Los signos de puntuación (punto, punto y coma o dos puntos) se escriben después del paréntesis de cierre, no antes del de apertura. En caso de usar rayas, debes escribir la coma después de la segunda raya. 2) El contenido enmarcado por los paréntesis tiene su propia puntuación.

 

9 Para señalar las interjecciones o locuciones interjectivas

¡Bah, eso no hay quien se lo crea!

 

10 Para articular oraciones coordinadas adversativas introducidas por pero, mas, aunque, sino (que)

Juan peló una manzana, pero no recuerdo si me ofreció compartirla.
Aunque estaba cansado, decidió tomarse otra copa con los amigos.

 

11 Para enfatizar complementos circunstanciales de cierta extensión al comienzo de la frase. Cuanto más largo es el complemento, más justificado se hace el uso de la coma

En el instante en que Mario salía de casa, Juan estaba pelando una manzana.
Ayer Juan peló una manzana.

En esta última frase es preferible no poner la coma porque el complemento circunstancial está compuesto por pocas palabras, una en concreto: ayer. Pero en un complemento circunstancial más largo, sobre todo a principio de frase, como decía, habría que poner la coma:

El día en que mataron a John Kennedy en Dallas, mi prima Ana estaba de vacaciones en París.

[Mi prima estaba de vacaciones en París el día en que mataron a John Kennedy en Dallas].

 

¡Y eso es todo, amigos! (“Amigos”, recordad, es el vocativo)

El uso de la coma está prescrito en muchas otras ocasiones, pero me parece que once recetas son un buen punto de partida para comenzar a despejar ciertas brumas en la selva de la puntuación.

Os aconsejo familiarizaros con las partes sintácticas de la oración. Cuando la frase no es estructuralmente muy básica, cabe suponer que la coma aparecerá antes o después.

Francisco Rodríguez Criado es escritor, corrector de estilo y editor de blogs de literatura y corrección lingüística.

Si te gustó este texto, visita el blog Corrección y Estilo, donde encontrarás muchos posts similares.


 

francisco rodriguezFrancisco Rodríguez Criado: escritor, corrector de estilo, profesor de talleres literarios y creador del blog Narrativa Breve. Ha publicado novelas, libros de relatos, obras de teatro y ensayos novelados. Sus minificciones han sido incluidas en algunas de las mejores antologías de relatos y microrrelatos españolas: El cuarto género narrativo. Antología del microrrelato español (1906-2011). Ed. Irene Andrés-Suárez (Cátedra, Madrid, 2012),Velas al viento. Ed. Fernando Valls (Los cuadernos del vigía, Granada, 2010), La quinta dimensión (Universidad de Extremadura, Mérida, 2009), Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Ed. Fernando Valls (Páginas de Espuma, Madrid, 2008), Histerias breves (El problema de Yorick, Albacete, 2006), Relatos relámpago (ERE, Mérida, 2006), etcétera. Es autor de El Diario Down, donde narra en primera persona sus experiencias como padre de un bebé con el Síndrome de Down. 

 

 

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