
Poema de Allen Ginsberg: Canción
El peso de este mundo es el amor. Debajo de la carga de la soledad, debajo de la carga de la insatisfacción el peso, el peso que cargamos es amor. ¿Quién podría negarlo? Toca al cuerpo en los sueños, crea milagros en el pensamiento, en la imaginación padece hasta que logra concretarse en otro cuerpo –y mira desde el corazón ardiente en su pureza– porque la carga de la vida es el amor; sin embargo llevamos la carga con fatiga, por eso es que debemos descansar finalmente en brazos del amor, descansar en los brazos del amor. Sin amor no hay descanso, no se duerme sin sueños de amor– Y aunque estés loco, obsesionado con ángeles o máquinas, el deseo final es el amor. –Nunca es amargo, y no sabe negarse, no sabe contenerse aunque lo nieguen es demasiado el peso. –Y da sin esperar a cambio nada, así como la idea nos es dada en soledad en toda la excelencia de su exceso. Los cuerpos tibios brillan juntos en lo oscuro, la mano busca el centro de la carne, la piel tiembla feliz y el alma llega alegre al ojo– Sí, sí, esto es lo que quería, es lo que siempre quise, volver al cuerpo en que nací.
