María Esteban-Collantes, según Azorín

[vc_row][vc_column][vc_column_text]

Azorín
Azorín

Un rol de la época de las cavernas

Ha pasado mucha agua sobre las piedras de los lechos de los ríos desde que Azorín hiciera este bosquejo de María, una mujer joven que vivía cerca de la localidad de Zalvídar, en España. Hoy tenemos mujeres en todos los ámbitos del saber, la cultura, la política, las finanzas, y la ciencia. Tenemos varias primer ministro, varias presidentas de la República, Premios Nobel de Medicina, Física, Química, Letras y Arte en general. Las mujeres a pesar del atraso en ciertas latitudes del mundo, están presentes hoy en los puestos de mayor responsabilidad en universidades, empresas, organismos internacionales, grupos de poder y también en las trincheras que luchan por la igualdad y el progreso.

Azorín nunca imaginó que esa María de su relato experimentaría muy pronto una gran transformación, dejando atrás la cocina y la artesa, los pañales y la teta a los niños. Lo que él llevó al papel era el cuadro que por esos años existía en España y otras naciones de una profunda raigambre machista.

Este bosquejo suyo a través de María es solo una pequeña muestra del rol que la sociedad peninsular la asignaba a la mujer a comienzos de siglo XX. Menos mal que hoy nuestras madres, esposas, hijas y nietas tienen otro destino.

Ernesto Bustos Garrido

 

María

Azorín

Hablo de María Esteban-Collantes.

–María, ¿por qué tiene usted ese gestecillo de tristeza?

María calla, porque no sabe qué contestar.

–María, sonríe usted.

Y María sonríe. Y vosotros no podéis imaginaros la luz luminosa, sugestionadora, que estas sonrisas de mujeres instintivamente melancólicas tienen.

De las dos hermanas –Manolita y María–, Manolita es la vivaracha y María es la grave. A simple vista os percataréis de sus temperamentos respectivos. Manolita es fina, flexible, de líneas correctas; María está más llena y sus ademanes son más lentos. Cuando Manolita se sienta a tocar el piano y da una nota falsa, ella no se para, sino que sigue, sigue, saltando por encima de todo, loquilla, reidora; cuando María comete un lapsus, por ligero que sea, ella se detiene y torna hacia atrás, y no prosigue hasta que el error ha sido perfectamente subsanado.

María no charla a gritos, ni ríe en estrepitosas carcajadas, ni ama los atavíos llamativos. A las diez, cuando el salón está más animado, María da un beso al conde –su padre– y se sube a acostarse. Una hora después, cuando yo subo, veo una rayita de luz bajo la puerta. ¿Qué hace María? ¿Escribe? ¿Lee? ¿Qué libro lee María? ¿A quién escribe María? No os imaginéis que María lee un libro de versos sentimentales, ni que escribe una larga carta poética. María no es romántica. Hay mujeres que nacen para ser amantes, otras que nacen para monjas, otras que nacen para solteras impenitentes, otras que nacen para esposas. María Esteban-Collantes ha nacido para esposa.

Vosotros os casáis con María (no tendréis tanta dicha: es un supuesto); un día, a la semana de vuestra boda, o a las dos semanas, o al mes decís, parándoos ante ella un poco perplejos, rascándoos mientras tanto la cabeza;

–María, esta noche no vendré a casa….

Y María, sin mostrar pesadumbre, sin sonreír, con naturalismo, contesta:

–Bien.

Otro día, al cabo de poco, volvéis a decir, también confusos, también temerosos:

–María, mañana tendré que estar fuera durante todo el día.

Y María torna de decir, con la misma naturalidad encantadora:

–Bien.

Y pasa el tiempo; vosotros tenéis vuestros agobios domésticos; hay deudas que no se pueden pagar por el momento; existen atenciones, en cambio, cuya satisfacción es imposible demorar: Vosotros estáis mohínos, apesadumbrados. María nota vuestras angustias….

–María –le decís vosotros, nos hace falta comprar tal cosa y no tenemos ahora dinero…

Y entonces, María se levanta en silencio, abre un armario y os presenta una cajita repleta de billetes y de monedas que ella, poco a poco, día tras día, ha ido ahorrando.

Esta es María Esteban-Collantes.

 

 

 

Del libro Los Pueblos. Siluetas de Zaldívar. Madrid 1904-1905[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_message color=”alert-info” style=”rounded”]

Ernesto Bustos Garrido Ernesto Bustos Garrido (Santiago de Chile) es periodista de la Universidad de Chile, donde impartió    clases así como en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en la Universidad Diego Portales. Ha  trabajado en diversos medios informativos, fundamentalmente en La Tercera de la Hora. Fue editor y  propietario de las revistas Sólo Pesca y Cazar&Pescar.

 Amante de los viajes y de la escritura, admira a Pablo Neruda, Gabriela  Mistral, Nicanor Parra,  Vicente Huidobro, Francisco Coloane, Ernest Hemingway, Cervantes, Vicente Blasco Ibáñez, Pérez  Galdós, Ramiro Pinilla, Vargas Llosa, García Márquez, Jorge Luis Borges y Juan Rulfo.

[/vc_message][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_carousel posts_query=”size:4|order_by:date|order:ASC|tags:3614″ layout=”title,image,text” link_target=”_self” speed=”5000″ mode=”horizontal” slides_per_view=”4″ title=”Posts relacionados” thumb_size=”240×200″][/vc_column][/vc_row]

narrativa_newsletterp

Artículos relacionados

Deja un comentario

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.