Cuento de terror de Edgar Allan Poe: El gato negro

La noche de aquel mismo día en que cometí tan cruel acción me despertaron gritos de: “¡Incendio!”. Las cortinas de mi cama eran una llama viva y toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar de la conflagración mi mujer, un sirviente y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y desde ese momento tuve que resignarme a la desesperanza.