Cuento de Silvio Cavini Benedetti: La oruga

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                                                                                              Photo by Canariensis2

Una cuidadosa observación empírica demuestra que las incomprensiones generacionales existen también en el reino animal…

 

 

Hace ya algún tiempo, mientras estaba en el jardín, vi una oruga que trepaba por el tallo de una planta. Era un gusano muy feo, negro, peludo y con los ojos salientes. Cuando llegó a una hoja de su agrado, empezó a tejer un larguísimo hilo alrededor de sí misma; al final de esta operación quedó solo un capullo colgando de la hoja.

Al cabo de unas semanas vi que el capullo empezaba a sacudirse. Lentamente una espléndida mariposa emergió de la envoltura, se subió a la hoja y se estiró con evidente deleite, feliz de poderlo hacer después de haber pasado tanto tiempo encerrada en su minúscula celda.

La mariposa era verdaderamente hermosa y sus gloriosos colores resplandecían al sol. Las largas patas le daban un porte real. Espejándose en una gota de rocío empezó a arreglarse un poco: un pequeño retoque a una ceja, una sombra apenas de maquillaje, una gota de perfume bajo las alas y, mientras efectuaba estas operaciones, me dirigía una serie de preguntas como: “¿Los días son siempre tan hermosos?”, “¿Dónde están las flores mejores?”, “¿Conoces algún bar para singles?”

Usando una mariquita como taburete se puso las medias de seda y después, contemplándose en la gota de rocío, se colocó un magnífico sombrero. Por fin, con sensualidad extrema, acabó su tocado con un par de largos guantes.

Frente a tanto esplendor no pude contener un silbido de admiración, seguido por una profunda reverencia, que a su vez la mariposa me devolvió con elegancia, sujetando el sombrero para que no se desplazara. Después de todo esto, y mientras estaba ya lista a despegar el vuelo, otra oruga llegó a la hoja, también esta muy fea, negra, peluda y con los ojos salientes.

La mariposa miró con repulsión a la recién llegada y con la naricita torcida por el disgusto dijo: “Qué desgracia, esta juventud de hoy. ¿Por qué tendrán que arreglarse tan mal?”. Y con un movimiento altanero de la cabeza se levantó en vuelo.

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