Julio Cortázar y el boxeo

Julio Cortázar y el boxeo
Firpo saca del ring a Dempsey

Julio Cortázar y el boxeo

Por Ernesto Bustos Garrido

La noche de Mantequilla” se llama el cuento que identificó a Julio Cortázar como un escritor de grandes aficiones, entre las cuales figuraban el jazz, los gatos, las mujeres enigmáticas, la novela policial, la política y el boxeo. Incluso, cuando llegó de Argentina a París, hizo de comentarista y relator deportivo en esa especialidad. Su ídolo de siempre fue un boxeador argentino llamado Juan Yepes, pero también admiró a Mohamed Alí, a Nicolnno Locche, al “Mono” Gatica y a “Sugar” Ray Robinson. (No confundir con “Sugar” Ray Leonard).

A Cortázar le gustaba el boxeo porque era una contienda –decía él– de uno contra uno, de pleitear cara a cara un desafío. No le atraían mucho los deportes colectivos como el futbol, aunque siempre confesó que era hincha de Banfield, un equipo chico de Buenos Aires, pero con rico historial en los años cuarenta y cincuenta.

Sobre boxeo escribió algunos textos memorables, como por ejemplo una crónica sobre la mítica pelea entre Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo “El Toro de las Pampas”, celebrada en Estados Unidos el 14 de septiembre del año 1923. Fue en esa pelea en que Firpo, en el primer round, le metió un feroz gancho al campeón del mundo y lo mandó fuera del ring por diecisiete segundos, tiempo suficiente para ganar por nocaut. El árbitro, sin embargo, favoreció a Dempsey y retrasó el inicio de la cuenta para que el peleador norteamericano se recuperara del golpe y subiera nuevamente al ring. Cortázar la deja establecido muy claro en su crónica de ese combate, el que finalmente ganó Dempsey, en el segundo asalto, reteniendo el título mundial de la categoría máxima.

El cuento “La noche de Mantequilla” tiene dos historias, como señala Ricardo Piglia. Una, la descripción del combate, realizado en París en que Juan Carlos Monzón aniquila a boxeador cubano-mexicano apodado “Mantequilla”. El lugar elegido fue una carpa en la zona de Ville-de-Puteaux, en las afueras de París, con capacidad de doce mil espectadores. La otra historia es de carácter policial, acaso un guiño a las actividades del actor francés, Alain Delon, organizador del combate, a quien se le vinculaba, esos años, con la mafia del puerto de Marsella.

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