Los personajes de Cela

La Colmena, de Cela
Cela, como personaje de la película La Colmena, haciendo un gesto muy doctoral a los demás contertulios del Café de doña Rosa, entre ellos el actor Paco Raval

 

Por Ernesto Bustos Garrido (Corebo)

La Colmena (1951) es el nombre de la segunda novela más conocida de Camilo José Cela, el premio Nobel de Literatura de 1989, de quien este año se celebra el Centenario de su nacimiento (la más exitosa es La vida de Pascual Duarte). De la primera se filmó una película basada en esta obra. El mismo Cela intervino en la cinta como un parroquiano más del Café de doña Rosa. Allí se reúnen cada día los más variados personajes de un Madrid nuboso durante la dictadura de Franco, con libertades ahogadas, existencias vigiladas, delación, soplonaje, abuso policiaco, miedo, terror y nada de libertad. Otros ingredientes de este coctel agrio son la pobreza de los obreros, con una clase media aplastada, sin horizonte, y toda la sociedad española –excepto los seguidores de la dictadura franquista– sumida en la resignación, bajo los auspicios de la Iglesia Católica, con una jerarquía tonsurada ultraconservadora, soberbia, pero a la vez temerosa de perder los privilegios históricos y los que por añadidura le ha regalado el Caudillo.

En este clima se desarrolla la vida en dicho Café. Cada uno de los asistentes arrastra una historia de vida propia, más o menos rutinaria, y cuando no es el drama colectivo, son las bajezas, la necesidad, y la ausencia de esperanza de mejores días.


Cela refleja muy bien este cuadro existencial. Para eso se vale de la ironía, las impertinencias, y la observación de conductas y modos de comportamiento, colectivos e individuales. La ciudad toda es la obra gruesa de este drama, en tanto sus personajes aportan las florituras del argumento. Y Cela está allí, sentado en una mesa, en compañía de caballeros venidos a menos, soñadores, estafadores, y gandules, todos representando su papel en la tragicomedia, para ocultar lo que son y fingir lo que no son.

Como un pequeño homenaje al autor de más de 40 novelas y otros tantos ensayos, cuentos, artículos y libros de viaje, en el año de la centuria de su nacimiento, entregamos el perfil de algunos de los personajes que dan vida a La Colmena. Están construidos con sencillez, con simpleza; unos pocos trazos por aquí y por allá, y ya se mueven, gesticulan, respiran, piensan. Cela les pone y les quita la ropa cuando quiere, e incluso los maquilla cuando es necesario para que haya más identidad y queden en la memoria del lector. Ese es el mérito de un verdadero escritor que amaba la palabra por encima de todo; es el sello de este premio Nobel que no quiso dictar cátedra, sólo entregar un pálido reflejo de la oscura vida cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa de la realidad de aquella España después de la Guerra Civil.

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El paseo de doña Rosa

Doña Rosa va y viene entre las mesas del Café, tropezando a los clientes con su tremendo trasero.

Doña Rosa dice con frecuencia “leñe” y “nos ha merengado”.

Para Doña Rosa, el mundo es su Café, y alrededor de su Café.

Hay quien dice que a Doña Rosa le brillan los ojillos cuando viene la primavera y las muchachas empiezan a andar de manga corta.

Yo creo que todo eso son habladurías: doña Rosa no hubiera soltado jamás un buen amadeo de plata por nada de este mundo. Ni con primavera, ni sin ella.

A doña Rosa lo que le gusta es arrastrar sus arrobas, sin más ni más, por entre las mesas. Fuma tabaco de noventa, cuando está a solas, y bebe ojén, buenas copas de ojén, desde que se levanta hasta que se acuesta.

Después tose y sonríe.

Cuando está de buenas, se sienta en la cocina, en una banqueta baja, y lee novelas y folletines, cuanto más sangrientos mejor: todo alimenta. Entonces le gasta bromas a la gente y les cuenta el crimen de la calle Bordadores o el del expreso de Andalucía.

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Un rey del “sablazo”

Don Leonardo Meléndez debe seis mil duros a Segundo Segura, el limpia. El limpia, que es un grullo, que es igual que un grullo raquítico y entumecido, estuvo ahorrando durante un montón de años para después prestárselo todo a don Leonardo. Le está bien empleado lo que le pasa. Don Leonardo es un punto que vive del sable y de planear negocios que después nunca salen. A don Leonardo lo que más le gusta decir son dos cosas: palabritas en francés como por ejemplo madame, rue, cravate y también “nosotros los Meléndez”. Don Leonardo es un hombre culto, un hombre que denota saber muchas cosas. Juega siempre una partidita de damas y no bebe nunca más de un café con leche.

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Solamente mala suerte

A don Jaime Arce que tiene un gran aire, a pesar de todo, no hacen más que protestarle letras. En el Café parece que no, todo se sabe. Don Jaime pidió un crédito a un banco, se lo dieron y firmó letras. Después vino lo que se vino. Se metió en un negocio donde lo engañaron, se quedó  sin un real, le presentaron las letras al cobro y dijo que no podía pagarlas. Don Jaime Arce es lo más seguro un hombre honrado y de mala suerte, de mala pata en esto del dinero. Muy trabajador no es, ésa es la verdad, pero tampoco tuvo nada de suerte.

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La señora en las horas muertas

A una señora silenciosa que suele sentarse al fondo, conforme se sube a los billares, se le murió un hijo, aún no hace un mes. El joven se llamaba Paco y estaba preparándose para Correos. Al principio dijeron que le había dado una parálisis, pero después se vio que no, que lo que le dio fue meningitis. Duró poco, y además perdió el sentido enseguida. Se sabía ya todos los pueblos de León, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y parte de Valencia (Castellón y la mitad sobre poco más o menos de Alicante) fue una pena grande que se muriese. Su madre ha quedado sola, porque su otro hijo, el mayor, andaba por el mundo, no se sabía bien dónde. Por las tardes se iba al Café de doña Rosa, se sentaba al pie de la escalera y estaba en las horas muertas, cogiendo calor. Desde la muerte de su hijo, doña Rosa estaba muy cariñosa con ella. Hay personas a quienes les gusta estar atentas con los que van de luto.

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Los ahorrillos de don José

A don José Rodríguez de Madrid le tocó un premio de la pedrea en el último sorteo. Los amigos le dicen:

–Ha habido suertecilla, ¿eh?

Don José responde siempre lo mismo, parece que se lo tiene aprendido.

–¡Bah! Ocho cochinos durejos.

–No, hombre, no expliquen que no le vamos a pedir a usted nada.

Don José es escribiente de un juzgado y parece ser que tiene algunos ahorrillos. También que se casó con una mujer rica, una moza manchega que se murió pronto, dejándole todo a don José y que él se dio buena prisa en vender los cuatro viñedos y los dos olivares que había, porque aseguraba que los aires del campo le hacían mal a las vías respiratorias y que lo primero de todo era cuidarse.

Don José en el Café de doña Rosa pide siempre copita; él no es un cursi ni un pobretón de esos de café con leche. La dueña lo mira casi con simpatía por eso de la común afición al ojén.

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La carta de la señorita Elvira

Una señorita casi vieja llama al cerillero.

–¡Padilla!

–Ya voy, señorita Elvira!

–Un tritón.

La mujer rebusca en su bolso lleno de tiernas, deshonestas cartas antiguas, y pone treinta y cinco céntimos sobre la mesa.

–Gracias.

–A usted.

Enciende el cigarro y echa una larga bocanada de humo, con el mirar perdido. Al poco rato, la señorita vuelve a llamar.

–¡Padilla!

–¡Voy, señorita Elvira!

–¿Le has dado la carta a ese?

–Sí, señorita.

–Qué te dijo?

–Nada, no estaba en casa. Me dijo la criada que descuidase, que se la daría sin falta a la hora de la cena.

La señorita Elvira calla y sigue fumando.

Notas

1 Leñe es una interj. Se usa para expresar enfado, irritación o reproche: ¡Quédate quieto ya, leñe!

2 Nos ha merengao: madrileñismo por “nos ha fastidiado”.

3 Amadeo: Moneda de plata, con valor de cinco pesetas, acuñada en 1871 con la efigie de Don Amadeo de Saboya, rey de España entre 1870 y 1873.

4 Tabaco de noventa: Cajetilla de tabaco de picadura que valía noventa céntimos.

5 Ojén: pueblo de la provincia de Málaga que da nombre a un aguardiente dulce.

6 Se alude, sin precisión exacta, a crímenes famosos, como el cometido en el tren correo de Andalucía, en 1924.

7 Limpia es el cerillero llamado Segundo Segura.

8 Pedrea, conjunto de números premiados con una cantidad pequeña de dinero en la lotería nacional de España.

9 Tritón. Una marca de cigarrillos en España.


Ernesto Bustos GarridoErnesto Bustos Garrido (Santiago de Chile), periodista, se formó en la Universidad de Chile. Al egreso fue profesor en esa casa de estudios, Pontificia Universidad Católica de Chile y Universidad Diego Portales. Ha trabajado en diversos medios informativos, televisión y radio, funda-mentalmente en La Tercera de la Hora como jefe de Crónica y editor jefe de Deportes. Fue director de los diarios El Correo de Valdivia y El Austral de Temuco. En los sesenta y setenta fue Secretario de Prensa de la Presidencia de Eduardo Frei Montalva, asesor de comunicaciones de la Rectoría de la U. de Chile, y gerente de Relaciones Públicas de Ferrocarriles del Estado. En los ochenta fue editor y propietario de las revistas Sólo Pesca y Cazar&Pescar. Desde fines de los noventa intenta transformarse en escritor.


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