Asimov igual escribía sobre el antiguo Egipto que sobre la extinción de los dinosaurios; sobre robots y sobre George Washington. Su afán enciclopédico no conocía de fronteras. Para él, el conocimiento humano era uno e indivisible, sin compartimentos. Tamaña actitud, acompañada por una falta de modestia absolutamente asombrosa, casi impúdica, que llegaba a ser simpática, le granjeó algunas críticas feroces (David Pringle lo catalogó como el Agatha Christie de la ciencia ficción). Es cierto que sus libros de historia, por ejemplo, adolecen de un exceso de simplificación, lo contrario de los de divulgación científica, pero ello no empaña la nobleza del propósito original de poner a disposición de un público muy amplio una información básica.
Jacinto Antón, El País, 7-4-1992

Cuento corto de Isaac Asimov: Cómo ocurrió
Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ése que hace que las tribus se queden aleladas ante sus palabras.
–En el principio –dijo–, exactamente hace quince mil doscientos millones de años, hubo una gran explosión, y el universo…
–Pero yo había dejado de escribir.
–¿Hace quince mil doscientos millones de años? –pregunté, incrédulo.
–Exactamente –dijo–. Estoy inspirado.
–No pongo en duda tu inspiración –aseguré. (Era mejor que no lo hiciera. Él es tres años más joven que yo, pero jamás he intentado poner en duda su inspiración. Nadie más lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas.)–. Pero, ¿vas a contar la historia de la Creación a lo largo de un período de más de quince mil millones de años?
–Tengo que hacerlo. Ése es el tiempo que llevo. Lo tengo todo aquí dentro –dijo, palmeándose la frente–, y procede de la más alta autoridad.
Para entonces yo había dejado el estilo sobre la mesa.
–¿Sabes cuál es el precio del papiro? –dije.
–¿Qué?
(Puede que esté inspirado, pero he notado con frecuencia que su inspiración no incluye asuntos tan sórdidos como el precio del papiro.)
–Supongamos que describes un millón de años de acontecimientos en cada rollo de papiro. Eso significa que vas a tener que llenar quince mil rollos. Tendrás que hablar mucho para llenarlos, y sabes que empiezas a tartamudear al poco rato. Yo tendré que escribir lo bastante como para llenarlos, y los dedos se me acabarán cayendo. Además, aunque podamos comprar todo ese papiro, y tú tengas la voz y la fuerza suficientes., ¿quién va a copiarlo? Hemos de tener garantizados un centenar de ejemplares antes de poder publicarlo, y en esas condiciones, ¿cómo vamos a obtener derechos de autor?
Mi hermano pensó durante un rato. Luego dijo:
¿Crees que deberíamos acortarlo un poco?
–Mucho –puntualicé, si esperas llegar al gran público.
– ¿Qué te parecen cien años?
–¿Qué te parecen seis días?
–No puedes comprimir la Creación en solo seis días –dijo, horrorizado.
–Ese es todo el papiro de que dispongo –le aseguré–. Bien, ¿qué dices?
–Oh, está bien –concedió, y empezó a dictar de nuevo–. En el principio… ¿De veras han de ser solo seis días, Aaron?
–Seis días, Moisés –dije firmemente.
(1979)
Isaac Asimov, Science Fiction Adventure Magazine
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