Tres historias cortas de Rafael Escobar de Andreis

SIMBIOSIS

Aletargado después de comer, se tendió sobre el prado del jardín con la boca abierta, en su extrema quietud aparentaba dormir. Al poco tiempo filas de hormigas entraban y salían de su boca parecían realmente atareadas. Habría transcurrido media hora cuando se levantó, sacudió las últimas que aun merodeaban por sus labios y se alejó satisfecho. Había por fin perfeccionado una técnica para una adecuada higiene dental.

RECONOCIMIENTO

«Esto es lo que yo llamo un buen paciente; siguió mis consejos al pie de la letra. Seda dental después de cada comida y por la noche y cepillado riguroso con la misma frecuencia. Observen esa perfecta dentadura sin caries donde además no falta una sola pieza».

Esto decía el profesor a sus discípulos, señalándoles con regocijo la calavera que estaba sobre el escritorio.

Tres historias cortas

NAVIDAD EN FAMILIA

Se esperaba una gran fiesta, la brisa de diciembre así lo presagiaba. Era Navidad, fecha escogida por los familiares para visitar a sus viejitos en el ancianato.

Sofía combinaba sus labores de enfermera con las del engalanamiento del lugar. Distribuyó bombas multicolores, atravesó serpentinas y por último puso dos cremosas tortas sobre la mesa principal. Pero también acicalaba a los anfitriones: limpiaba unos mocos, apaciguaba unos pelos sobre una calva, enjugaba babas, colocaba pañales para evitar sorpresas incómodas y repartía pócimas para calmar persistentes espasmos de tos.

Algunos familiares llegaron tarde, como a veces sus mensualidades, pero terminaron por cumplir a pesar de las congestiones del último mes del año. Era el encuentro de padres con hijos, nietos y abuelos, sobrinos con tíos, hermanos y hasta alguna esposa o esposo con su antigua cónyuge.

A las cinco de la tarde cada anciano estaba rodeado por su grupo familiar, recién bañado, recién peinado y con traje limpio. Algunos ancianos solo balbuceaban, otros no oían, otros consentían en que les mantuvieran quieto el miembro que temblaba.

Doña Bárbara, la dueña del Hogar, rompió la monotonía:

-Sofía, llegó la hora de las tortas, recuerda que a la derecha está la de los abuelitos, por favor no te confundas, es la primera que se reparte para que los demás nos ayuden.

Los viejitos comieron con sus apetitos de pájaro y diez minutos después cayeron en un profundo sueño, demasiado profundo para ser natural.

-Ahora sí, Sofía, reparta la torta a los demás.

Mientras estos comían con avidez y los durmientes eran llevados a sus habitaciones, fueron llegando las notas de una música festiva.

Otras historias cortas


Rafael Escobar de Andreis, nacido en Santa Marta, Magdalena, Colombia, 1946. Vive en Cali desde hace más de treinta años. Médico anestesiólogo ya pensionado. Libros publicados: A la espera del alba Relatos,1995, Mirada de sombras, Poesía, 2001, Entre el mar y el olvido, Poesía, 2005 y Golpes bajos en los años altos, Relatos, 2012

Actualmente es codirector de la Revista de poesía Clave.

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