Un cuento de Carmen Martín Gaite sobre la Guerra Civil Española

Ernesto Bustos Garrido nos trae otro cuento escondido, en este caso de la escritora española Carmen Martín Gaite. El relato no tiene entidad propia, sino que está incluido en la novela Retahílas.

Sin embargo, aunque no estuviera pensado como un cuento, se lee como tal, o al menos como una nota memorialística con entidad de cuento.

Os lo dejo con el nombre que el propio Ernesto le ha puesto: “Con los maquis arriba del cerro”. La introducción a esta historia corta que “trata tangencialmente la guerra civil española” también es suya.

 

Un cuento escondido de Carmen Martín Maite: “Con los maquis arriba del cerro”

Carmen Martín Gaite es un nombre de culto en la narrativa española del siglo XX. Murió en Madrid en el año 2000. Su trabajo literario abarca desde mediados de los años 40 hasta bien avanzados los años 90. En una primera etapa cultivó una suerte de existencialismo femenino. De ese tiempo es su novela Entre visillos y también su libro Balneario. Más tarde, en los años 50 y 60, trabaja incansablemente en la búsqueda de un interlocutor; cree que debe ser a través del diálogo, y si no lo encontrara, se concede el derecho y la libertad de inventarlo. Finalmente, en la tercera etapa de su vida como escritora, se posiciona cerca del posmodernismo.

¿Se le podría acusar de veleta? Para nada, su búsqueda siempre fue auténtica y metódica, y su mérito fue adaptarse a los tiempos y los cambios que experimentaba la literatura española al final de la Guerra Civil y en los  años terribles en que Franco gobernó España con mano de hierro.cuento sobre la guerra civil española

En 1973, es decir en su etapa intermedia (ella perteneció a la Generación del 50), publicó su novela Retahílas, de la cual nos estamos ocupando ahora. Es una obra de variados matices con dos personajes principales: la tía Eulalia, que es nieta de doña Matilde, la marquesa de Allariz; y su sobrino Germán, que es hijo de un hermano suyo, también llamado Germán. Debido a los avatares de la vida los dos, junto a otros familiares, se dan cita en un mes de agosto en la casa paterna. El lugar es conocido como “El Pazo de Louredo”. Es una aldea gallega, cercana a Orense. El momento es cuando la bisabuela doña Matilde, marquesa de Allariz, agoniza. Su muerte es inminente, pero se ha hecho lenta. Delira y curiosamente no clama ni invoca a los santos, sino que está obsesionada con su baúl; quiere que le traigan su baúl y lo pongan arriba de su cama de moribunda. Allí adentro, está toda su vida, llena de recuerdos, viejas fotografías, cartas, y recuerdos de juventud. Esa noche, la última noche de su vida, en la habitación del lado, Eulalia, que tiene 45 años, y está separada hace más de diez, está reunida con su sobrino, Germán, que tiene 20 años y ha venido al pueblo desde la ciudad. Entre ellos se da una “sintonía” espontánea. Conversan sin temario ni plazo. Los envuelven los recuerdos. Esto es lo que les dará identidad y este ha sido el propósito de la autora; que sus personajes tengan identidad y se reconozcan.

Carmen Martin Gaite los deja hablar esa noche, porque de noche hay menos apuro y menos sobresaltos, menos interrupciones. Hay más tiempo para conversar y recordar; de eso se trata. Ella retrocede a su niñez y Germán intenta reconstruir los primeros años de su existencia vivida en ese villorrio (a los tres años abandonó el lugar). Les importa a ambos reconstruir la memoria; es esencial para continuar existiendo.

La novela, que fue éxito rotundo de ventas, consta de un preludio, un epílogo corto, escritos en tercera persona, y once “retahílas”, es decir, once peroratas o monsergas al decir de la autora. Seis corresponden a Eulalia y cinco a Germán. En la primera retahíla de Eulalia, en forma de monólogo, encontramos un cuento oculto que habla tangencialmente de la guerra civil, y cuya lectura nos permitirá acercarnos a la trama de la historia, que en muchos aspectos tiene que ver con la propia vida de Carmen Martin Gaite.

 

Nota: Retahílas se sitúa en una aldea gallega no identificada, aunque sabemos por la autora que es San Lorenzo de Prior, a cinco kilómetros de Orense, pueblo de la madre, y donde Marín Gaite pasaba los veranos hasta los 25 años, época en que se vendió la casa.

Por Ernesto Bustos Garrido

 

________________________________________

Con los maquis arriba en el cerro. Un cuento dentro de una novela de Carmen Martín Gaite (*)

Me acuerdo que en la guerra fui con ella a escondidas, varias tardes, a llevarles comida a unos rojos del pueblo que andaban escondidos por política, los maquis los llamaban, y yo no lo entendía porque eran el Basilio y el Gaspar, amigos de la infancia de mi madre; se los encontró un día ella por lo intrincado estando de paseo, ya cerca de las ruinas, salieron de repente, se hincaron de rodillas: “Ay, Teresa, por Dios, no digas a nadie de que estamos aquí, pero sube otro día y tráenos de comer, nos morimos de hambre”. Y a nadie se lo dijo, sólo a mí, ni la familia de ellos, ni nadie lo sabía en qué lugar paraban, pero a mí me lo dijo, me dijo “es un secreto” y sabía seguro que yo se lo guardaba.

un cuento de Carmen Martín Gaite
Escritora Carmen Martín Gaite

“A la niña la traigo para no venir sola, pero ella es como yo”, les explicó la primera tarde que fuimos, y a mí me había advertido por el monte arriba que tenían barba de mucho tiempo y la ropa rota y que por eso les llevábamos las mudas además de comida, que vivían en el hueco de una peña con bichos y que casi no los iba a conocer, que no tuviera miedo, pero sí, miedo iba a tener yo, una novela es lo que me parecía tener aquel secreto a medias con mamá y escaparnos las dos al monte en plena tarde y coger cosas de la despensa a espaldas de la abuela; llegábamos arriba con nuestros paquetes, merendábamos con los hombres aquellos del monte, nos  preguntaban un poco por mi padre y el tuyo que estaban en Barcelona, o creíamos eso por lo menos: ¿Sabes algo del marido y del niño?, y no, no sabíamos nada, pero me parece que lo preguntaban un poco por cumplir, que mi padre aquí en este pueblo nunca fue simpático a nadie, le llamaban el profesor; suspiraban: “Es que esto es una catástrofe, Teresa, una catástrofe”, y ella les daba noticia que yo no entendía de la marcha de la guerra, incluso alguna vez les subió periódicos, y cuando nos íbamos, nos besaban mucho y solían llorar; ni siquiera en el cine había visto llorar yo a hombres así con barba, tan hechos y derechos y soñaba con ellos, inventaba oraciones en la cama para que se salvaran, uno no se salvó, le pillaron de noche aquel invierno unos guardias civiles, merodeando el pueblo y se murió del tiro, ahí bajando a la fuente; Gaspar escapó a Francia me parece, y pasada la guerra su mujer nos mandaba aguardiente de yerbas por la Virgen de Agosto; la primera borrachera que me cogí en la vida fue con ese aguardiente la noche de Santiago, en una fiesta que hubo aquí en casa, fue también la primera vez que me besó un chico, el Genín, un sobrino del maestro, abajo en el parque, luego me daba siempre mucha vergüenza verle y el sabor del aguardiente de yerbas lo aborrecí para toda la vida.

 

(*) El título “Con los maquis arriba del cerro” es del compilador.

*** De Retahilas, de Carmen Martín Gaite. Ediciones Destino. Colección Destinolibro. Volumen 62. Páginas 25 y 26. Barcelona 1981

Microrrelato de Arturo Barea sobre la guerra civil española: En la sierra

narrativa_newsletterp

Artículos relacionados

Deja un comentario

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.